“El feminismo de Luz Estela. Menos modas y zancadas y mejor preparación

La Voz de Caldas: 1926-2019
Maria Cardenas Roa. Foto del album familiar

LA VOZ DE CALDAS publicó esta entrevista a la escritora tolimense María Irene Cárdenas Roa (Luz Stela) que había realizado el periodista Pablo Rodríguez Murillo del diario El Nuevo Tiempo. La reproducimos en su totalidad por algunas declaraciones de esta literata.

En busca de temas interesantes, no de noticias simples, fuimos a visitar a la señorita María Cárdenas Roa, la muy conocida escritora Luz Estela, a quien en más de una ocasión le ha sonreído la victoria en el campo de las letras.

Nos recibe con amable sonrisa la señorita Cárdenas; en sus ojos grandes, expresivos, circundados de ojeras, se lee la nobleza de su alma, la sinceridad de su corazón y la intensidad apasionada con que siente cuánto significa belleza, arte, armonía…

Sin preámbulos especiales iniciamos nuestra conversación.

Vengo en nombre de “El Nuevo Tiempo” y en el mío propio a hacerle una visita y a felicitarla por su último triunfo. Qué amables, usted y “El Nuevo Tiempo”. No tiene idea de cómo he estado de contenta. ¡Fue eso para mí tan inesperado! No tenía la menor esperanza de ganarme nada; tomé parte con el concurso únicamente por ser en memoria de Gutiérrez González. Quiero mucho a los antioqueños (y la fresca boca subraya con una sonrisa la frase gentil].

Supongo que ya usted habrá recibido la medalla de oro. No; ¿sabe? Me dicen que es debido a la demora del correo, por el mal estado del río… “Celos del Río”, ¿verdad? ¡Qué malo conmigo el Magdalena!

¿En qué época empezó a hacer usted sus primeras publicaciones literarias? Hace tres años, próximamente. Cuando salió la “Novela Semanal”, de Luis Enrique Osorio. Esa revista me público tres novelas cortas, que gustaron bastante: “Pétalos”, “La Llamarada” y “Sin el calor del nido”.

¿Cuál fue su primera producción que vio la luz pública? Un cuentecito que escribí para un periódico de aquí por galante insinuación de Roberto Torres Vargas.

¿Cuál ha sido su mayor anhelo en la literatura? Claro que triunfar. Traspasar los límites del terruño… Ser conocida “del otro lado del charco”. Que ambiciosa. ¿No?

¿Cuáles son los temas de su predilección? Los nacionales: creo que se describe mejor lo que se está viendo continuamente, y se cuenta con más facilidad lo que se siente. Cuando se trata de escribir un paisaje de tierra caliente, por ejemplo, lo ‘siento’ tan a lo vivo que escribo como si me dictaran; sin pensarlo, muy aprisa.

¿Qué periódicos han publicado sus escritos? !Oh! Todos han sido tan galantes conmigo, me han estimulado tan generosamente, que creo haber escrito en todos los de Bogotá, incluyendo revistas de la importancia de “Cromos“, “Santa Fe y Bogotá”, “Gráfico”, “Mundo al Día”, “Minerva”. Entre los periódicos, quizá “El Espectador” es el único que no me ha pedido colaboración. También en Medellín, Manizales, Pereira, el Huila, Popayán, han hecho a mis tonterías el honor de publicarlas.

¿Qué concepto tiene usted sobre los literarios del Tolima? Hay intelectuales muy buenos, pero (como dijo el doctor Noel Ramírez), son un poco perezosos (cosas del clima) O quizá modestos… ¡u orgullosos! ¡Si me da mucha pena escribir tanto, habiendo en nuestra tierra quienes lo hacen muchísimo mejor! Pero… ¿qué hago si escribir se ha hecho para mí una necesidad? Me encanta, y creo que cuando se quiere progresar, como es mi deseo, se debe publicar mucho y escribir más. Y digo esto, porque tampoco público siempre cuando escribo: hay páginas que sienten tan hondamente, que como que no nos resolvemos a darlas al público.

¿Cómo cree usted que deba ser hoy la educación de la mujer? Me pone usted en un aprieto, pidiéndome que opine en cuestión debatida. Sin embargo, le diré que creo deba ser un poco más amplia, sin tanto prejuicio tonto… (¿sabe que me asfixia el reducido espacio en que tenemos que movernos? Hay que enseñar a la mujer a pensar, a sentir noblemente; a abrirse camino en la vida, confiada en el propio valor y en la propia dignidad; que no sea la “muy señora de su casa” (que no sabe vestirse, ni saludar en un salón), ni la frívola muñequita de lujo, ni la beata hipócrita, amiga de chismorreos y enemiga de la honra ajena. Que se acostumbre a no depender en absoluto del hombre, a no ser para él la eterna carga; que pueda ganar, si es preciso, la propia subsistencia, sin humillaciones ni bajezas. Que sea una mujer de acción. Que sueñe menos, que no piense tanto en modas y fruslerías y trabaje más. Claro que no sin descanso, ni distracciones ¡Imposible! Pero si es tan fácil combinarlo todo armónicamente! Se pueden leer, escribir, seguir el movimiento intelectual no sólo del propio país, sino del extranjero; cultivar las bellas artes, bailar, hacer sport, ir al teatro… Todo esto se puede hacer sin dejar de ser ni buena cristiana, ni buena esposa, ni buena hija. ¡Distribuyendo el tiempo de una manera inteligente alcanza para todo…! Hasta para “!flirtear”!

Y de feminismo ¿qué nos dice? Creo haberle hablado ya del feminismo como yo lo entiendo, resumido en esta frase: ampliar a la mujer moderna el estrecho círculo “casero” en que encerraron a nuestras madres… ¿Hacer de la mujer únicamente una buena madre de familia y una buena ama de llaves? !No señor! Eso sí que no! Y ya estuvo dada mi opinión sobre el feminismo. En cuanto al otro feminismo, el que pide el derecho de votar,  y perora en  calles y plazas, y usa trajes masculinos, y camina a grandes zancadas, ese… “no está en mi libro”… Soy demasiado “mujer” para eso.

Y vamos, que no le charlo más porque me estoy pasando de sincera. ¿Que el retrato para el periódico? Sí señor, con mucho gusto, sacrificando “en aras de El Nuevo Tiempo” mi vanidad femenina, pues la fotografía no me favorece un tris.

Doña Luz se levanta y gentilmente me obsequia un diminuto retrato que a duras penas deja ver sus ojos agarenos y su boca sonriente. Lleno de agradecimiento me despido de la simpática escritora, llevando en el espíritu la impresión de alegría y sano optimismo que deja en él la charla con esta exquisita muchacha, plena de gracia y responsabilidad

Pablo Rodríguez Murillo”

Sábado, 21 de agosto de 1926. La Voz de Caldas

La escritora y el diario

Maria Cardenas Roa

María Irene Cárdenas Roa, conocida como Luz Stella, nació en Ibagué el 6 de septiembre de 1899 y murió allí mismo el 18 de octubre de 1969. Era hija del general Plácido Cárdenas que fue gobernador del Tolima. Su obra narrativa está compuesta por 27 cuentos publicados en periódicos y revistas y otros en los libros Rincón Infantil (1942) y la ronda iluminada (194?). Ella fundó en Ibagué el radioteatro infantil. En la década de los años 20 del siglo XX sus relatos fueron premiados en el país; sus obras textos figuran en distintas antologías de mujeres escritoras.

En la etapa final de su vida se dedicó a la literatura infantil y logró la adaptación de muchas obras para ser representados por su grupo. Uno de sus relatos más conocidos se llama El río que llora (publicado a mitad de 1926 por LA VOZ DE CALDAS y que recibió un premio en Medellín).

Además fue compositora. Fue la autora del bambuco La Canción del Vaquero (más conocido como La Vaquerita) y del pasillo Claro Río.

Era cercana a Uva Jaramillo Gaitán, otra escritora y periodista de La VOZ DE CALDAS.

El Nuevo Tiempo fue un periódico fundado el 17 de mayo de 1902 por Joaquín Pontón P., quien fue también su director y editor. Él lo creó como un diario pacifista y optimista por los buenos y nuevos tiempos que se avecinaban luego de que Colombia saliera de la Guerra de los Mil Días (1899-1902). Este diario fue el más importante del país en aquel entonces. Por asuntos económicos, Pontón se lo vendió a Carlos Arturo Torres en 1905, y éste a Ismael Enrique Arciniegas en 1911. En 1937 el periódico dejó de existir.

Jueves, 22 de agosto de 2019. UmCentral

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy

 

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