Se esclarece la misteriosa muerte de Nicolás Valencia en Manizales

La Voz de Caldas: 1926-2019

El cronista LA VOZ DE CALDAS Antonio Mejía Duque, jefe de la sección policiva, fue hasta la hacienda La Finaria para indagar sobre lo que le ocurrió al difunto Nicolás Valencia. Esto publicó el diario de la tarde del 16 de agosto de 1926:

“La comisión investigadora
A las cinco de la tarde llegó don Antonio a la hacienda en mención, de propiedad en don Roberto Gutiérrez Vélez. Estaban allí los siguientes caballeros que constituyen la comisión investigadora enviada antes por la Alcaldía: don Luis Alberto Pachón, inspector primero municipal y su secretario; el teniente de la policía, señor Lázaro Arango; el médico legista, doctor Eduardo Toro Villegas y el oficial segundo de la Alcaldía. Esta comisión se ocupaba en aquel momento de examinar a un considerable número de testigos después de haber exhumado el cadáver de Valencia y después de haber lavado los huesos que fueron hallados y de haberlos enviado convenientemente empacados en un cajón para esta ciudad de Manizales.

Conversando con el padre Nicolás

Pues llamado a la interrogatoria del cronista el señor Juan de Jesús Valencia, padre Nicolás y quien halló su cadáver.

-¿Qué antecedente puede usted dar sobre la muerte de su hijo?
-Yo no trabajaba con él en esta misma sin hacienda. Nicolás era aquí trabajador con el señor Camilo Giraldo, agregado de La Finaria. Yo trabajo como vaquero en La Sonora de propiedad de José Jaramillo. El seis de los corrientes me sorprendió la pregunta que un trabajador de La Finaria me hizo en La Sonora sobre que si mi hijo había ido allí. Yo le contesté que no y el peón me explico entonces que desde el martes anterior había desaparecido y que todos creían que estaba conmigo, pues Nicolás tenía la costumbre de ausentarse La Finaria y unas veces se iba para donde estaba yo, otras para Gibraltar, donde su tío Luis Valencia y así sucesivamente.

-¿Y ante la noticia de esta última desaparición qué medidas tomó usted?

Esperé hasta el domingo ocho de agosto, día en que estando yo libre me propuse buscar a Nicolás en vista de que no había aparecido y de que nadie daba razón de él. En La Finaria me informó que el martes tres de agosto el señor Camilo Giraldo había enviado a mi hijo a lavar unos trastos después del almuerzo de los peones y que no había regresado. El señor Camilo Giraldo envío un peón llamado Luis Caviedes a llamar a Nicolás y no le encontró, pero sí estaban allí los trastos lavados y los llevó a la casa. Unos peones me informaron sobre la situación de la quebrada y sobre la dirección en que habían visto caminar a mi hijo ese mismo día.

Seguí esa dirección, abrí una puerta de golpe que dividía el potrero llamado La Leonor, en donde los peones estaban trabajando en aquel día, del potrero Cerritos. Allí seguí el camino que conduce a un guadual y pocos pasos me sorprendió una gallinazada que se levantó a mi presencia. Avancé un poco más y con profundo dolor vi regados en el suelo unos despojos humanos, que debían ser los de mi hijo y los que me dieron a entender que éste había muerto trágicamente. Llamé a unos peones, les puse en conocimiento lo que ocurría y allí mismo abrimos un hoyo en donde dimos sepultura a los restos de Nicolás. Después puse en conocimiento del policía de la fracción, Antonio J. Otálvaro, quien fue Manizales y puso el denuncio del asunto.

-Y usted a qué atribuye la muerte de su hijo? ¿No ha pensado en que se haya cometido algún crimen?

-En nada de esto he pensado, Nicolás no tenía enemigos. Aquí en La Finaría y en todas las haciendas cercanas lo querían mucho tanto peones como patrones. Era un poco enfermo y creo que le hubiera dado un accidente.

La exposición de Juan de Jesús le pareció al cronista tan sencilla como un honrada. Se expresaba con emoción natural pero sin malicia y sin complicaciones de ningún género.

Conversación con Camilo Giraldo

En seguida el cronista entrevistó a Camilo Giraldo, agregado de La Finaría y le hizo la siguiente relación.

-El martes tres de los corrientes mandé a Nicolás a lavar unos trastos a la quebrada que está de aquí a una cuadra de distancia. Nicolás no volvió. Posteriormente, una hora más tarde, envié a Luis Caviedes a que lo llamara. Fue, encontró lavado los trastos pero Nicolás no estaba allí. No nos preocupamos de esto porque tenía costumbre de ausentarse inesperadamente de la hacienda y no regresaba hasta dos, tres, cuatro días y hasta una semana después. Los peones que trabajaban en el potrero lo vieron subir hacia el potrero de Cerrito y conociendo su costumbre le dijeron: ¿le vas a meter gambeta al día de hoy? Lo cual significa que va hacerse pereza, es decir a no trabajar más. Al fin de la semana vino el padre de él a buscarlo y lo encontró en la forma que ya sabe usted.

-¿Tenía Nicolás enemistad con algunos peones o sufría alguna enfermedad?
Todo el mundo en esta región lo quería mucho. A causa de esto yo lo recibía siempre con la misma simpatía cada vez que se iba. El domingo anterior, primero de agosto, le había dado en mi casa un fuerte cólico. Sufría de esto con mucha frecuencia.

Esta misma relación le fue hecha el cronista por un número considerable de peones que interrogó allí mismo. En donde se deduce, o por lo menos es muy posible que Nicolás murió víctima de un nuevo cólico en el potrero donde fue hallado en momentos en que seguramente hacia alguna disposición.

Hablando con el médico legista

El doctor Toro dice que dispuso la exhumación del cadáver de Nicolás con el objeto de practicar un examen. El mismo Giraldo lavó los restos en la quebrada vecina. Cree el doctor Toro Villegas que le es muy difícil dar un concepto preciso sobre la causa de la muerte de  Nicolás pues además de que faltaban algunos huesos, todos ya estaban desprendidos por la ausencia de la carne.

La labor de la comisión investigadora

La comisión investigadora, bajo la dirección del señor Pachón es muy activa. Hasta ayer por la mañana había tomado quince declaraciones. Ayer a las cinco de la mañana ya estaba nuevamente entregada a sus funciones.
Levantó el plano del lugar de los sucesos, tomó algunas fotografías. Pero según las observaciones hechas por nuestro cronista y según el examen  hizo de los testigos hay que rechazar la posibilidad de un crimen.
El cronista fue atendido con toda amabilidad por don Guillermo Gutiérrez quien le facilitó la manera de cumplir con su deber en forma satisfactoria y le hizo, además, muy deferente atenciones personales que obligan su gratitud”.

Lunes, 16 de agosto de 1926. La Voz de Caldas

La Finaria, escena de la muerte

La Finaria, en las afueras de Manizales, por el sector Tres Puertas, fue muy reconocida en esa época. Dice la historia que Liborio Gutiérrez, nacido en Abejorral, hacendado, político y comerciante (creador del Almacén Hijos de Liborio Gutiérrez, que funcionó en Manizales por más de un siglo) levantó esta hacienda como la primera en la región destinada para criar reses bravas. Don Liborio fue padre de Roberto y Guillermo Gutiérrez Vélez y abuelo de los ganaderos Hernán y Ernesto Gutiérrez Arango, quienes tenían ganado de lidia, de procedencia caucana, y que pastaba en la hacienda La Finaria.

El historiador Albeiro Valencia Llano en su libro Manizales en la dinámica colonizadora (1846-1930) informa que “don Liborio se vinculó a algunas empresas que hicieron transacciones de tierra en la región, comprando lotes a González-Salazar y Compañía para venderlos a los colonos y empresarios que llegaban; así, fue socio de la firma Robledo, Gutiérrez y Compañía y de la empresa Moreno, Walker y Compañía. Emprendió la colonización de las tierras de lo que sería la hacienda La Finaria, bañada por los ríos Chinchiná y Guacaica, donde murieron muchos peones víctimas de las fiebres palúdicas. La apertura de estos bosques la realizó gracias a los préstamos que logró del millonario Lorenzo Jaramillo, con este apoyo y sus grandes peonadas de descuajadores de montañas dirigió la tumba de unas mil quinientas cuadras de bosques cuyos terrenos fueron sembrados de maíz y fríjol y posteriormente de pasto para desarrollar la ganadería”.

Viernes, 16 de agosto de 2016. UmCentral

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy

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