Cementos Caldas: El abandono a la biodiversidad

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Durante 22 años han permanecido, sin dios ni ley, las 300 hectáreas que el Grupo Empresarial Antioqueño donó a la Universidad de Caldas, Universidad Nacional, Universidad Autónoma, Universidad Católica y la Universidad de Manizales. El terreno, con características biodiversas e hidrográficas sustanciales para la conservación natural del departamento, hoy se debate entre la construcción de obras públicas para la satisfacción de necesidades comunitarias y la creación de una reserva forestal que proteja especies endémicas y cuencas hídricas. ¿Por qué pasó más de dos décadas sin que las universidades se hicieran cargo de la donación?

Los cimientos de la economía alternativa

En el norte de Caldas, a 21 kilómetros de Manizales, está ubicado Neira: un municipio con poco más de 30.000 habitantes, fundado en 1842 y que se mantiene al filo, de manera paradójica, entre el olvido y el progreso. Aunque el café fue, a principios del siglo anterior, su fuente económica más fuerte, hacia la década de los 50 se hicieron necesarias alternativas industriales por la crisis del grano rojo. Así nació, de la mano del Grupo Empresarial Antioqueño, Cementos Caldas. 

Las modificaciones a la ley laboral, la disminución de la demanda de cemento y los altos costos de la operación, hicieron que desde principios del año 1997 sus administradores pararan la producción. La empresa estaba en quiebra y debían comenzar con el proceso de cierre definitivo de la fábrica. 350 neiranos quedaron sin trabajo y la economía de esta localidad parecía estancada entre las crisis. 

Lo único que le quedó al grupo empresarial fue una lista de predios que habían adquirido desde su fundación, en el año 1955, y que superaban las 700 hectáreas. Alrededor de 300 de ellas fueron cedidas a las cinco universidades que en ese momento operaban en la capital del departamento y el resto las repartieron entre la Alcaldía de Neira y privados. Esto con la intención de que los suelos fueran aprovechados en proyectos para la proyección social, pedagógica, ambiental y económica de Caldas. 

 

Por la protección del Humedal Llanitos 

El lugar concentra varias cuencas hidrográficas como las de Tapias Tareas, Guacaica y el humedal conocido como Llanitos. El hecho hizo que se construyeran dos tanques que reúnen y distribuyen el agua entre cinco veredas rurales de Neira. Por esto, en el 2016, la Junta de Acción Comunal de la vereda Pueblo Rico -una de las comunidades beneficiadas- en conjunto con el abogado Andrés Mauricio Giraldo, interpusieron una acción popular en contra de Luis José Álvarez, poseedor del lote de 7 hectáreas en el que se ubica el Humedal Llanitos, con el objeto de proteger la naturaleza del lugar y, en mayor medida, a los recursos hídricos amparados por la ley 162 de 1994. 

“En la audiencia de parte de cumplimiento se fijó que el señor Luis José Álvarez, propietario del humedal, iba a cederlo al municipio de Neira y que las organizaciones y habitantes debían encargarse de la reforestación”, explica Andrés Mauricio Giraldo. “En ese momento convocamos a jóvenes e interesados en el tema ambiental de la vereda Alto Bonito y comenzamos a hacer actividades ambientales y pedagógicas con el respaldo del Jardín Botánico de la Universidad de Caldas. Esa fue la única entidad que se interesó por los predios”.

El fallo resolvió que el particular debía entregar, de manera protocolaria, la propiedad que había adquirido luego de la quiebra de Cementos Caldas. Aunque este veredicto se dictó a finales de noviembre del año pasado aún no se realiza ningún acto para la cesión del bien inmueble. 

El interés del Jardín Botánico

El Jardín Botánico de la Universidad de Caldas descubrió en el 2016 este microambiente rico en biodiversidad. Su director, José Humberto Gallego Aristizábal, aclaró que desde ese año han implementado proyectos para la conservación de la fauna y la flora. “En varias ocasiones, nos reunimos con representantes de las cinco universidades. Sin embargo, fue la Universidad de Caldas la única que se interesó en utilizar los lotes con objetivos académicos”. 

En el último año, las universidades privadas que poseen una parte de las 300 hectáreas, donaron el terreno a Neira y según su alcalde, Marino Murillo Franco, las instituciones públicas -U. Nacional y U. Caldas- también tienen la voluntad de ceder el 40% que les corresponde. 

Del 23 al 26 de febrero del año 2017, el Jardín Botánico implementó, a través de 46 investigadores, un muestreo de biodiversidad en la vereda Alto del Roble. Bajo los componentes de aves, anfibios, reptiles, invertebrados, macromicetos, mamíferos y plantas, la investigación arrojó, principalmente, los siguientes resultados:

  • En aves: Se registraron 30 familias, y 72 especies.  Una de ellas endémica y en peligro de extinción: la Atlapetes flaviceps, más conocida como Gorrión Montés de Anteojos, un ave pequeña, con un torso completamente amarillo, ojos pequeños y alas oscuras. 
  • En anfibios: Hay un animal en la lista roja de Especies Amenazadas (IUCN, por sus siglas en inglés): la Dendrosophus Colombianus, endémica de la región. De la misma manera, se halló la Dendrosophus Colombianus, de tonos entre café y verdes. 
  • Aunque en el muestreo de tres días no se avistaron primates, habitantes de esta vereda e investigadores particulares dicen que han avistado Monos Aulladores, caracterizado por tener una de las llamadas más potentes del mundo animal. 
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Si bien la decisión de las entidades privadas tomó por sorpresa a los directivos de la Universidad de Caldas, Gallego Aristizábal considera que los resultados conseguidos en este muestreo son suficientes para proyectar el sitio como un área de conservación que permita construir un Jardín Botánico Satélite interesado en la reproducción de material vegetal. 

Los planes de la Alcaldía 

Hoy, la Alcaldía de Neira tiene el 60% de los predios donados por Cementos Caldas en el año 1997, aunque todavía espera quedarse con el 100% que les corresponde a las instituciones de educación superior públicas de Manizales. Marino Murillo Franco reconoció que su administración ha formulado opciones al respecto: “En primer lugar hemos propuesto una asociación de municipios que gire en torno a la música y que esta pueda exhibirse de manera periódica en las ruinas de la antigua industria -que ocupa siete hectáreas del total-. También nos interesa todo lo que tiene que ver con la conservación ambiental de estos bosques”. 

Han proyectado, así mismo, construir una planta de tratamiento, que aproveche los tanques hídricos que funcionan en esta vereda y que, con la ayuda de la altura, lleguen a cubrir el 75% de las veredas en la zona. “A través de este proyecto se verían beneficiados 3.600 usuarios, alrededor de 12.000 personas”, concluye el funcionario. 

Con respecto a estas propuestas, Andrés Mauricio Giraldo critica que en 1997 el Grupo Empresarial Antioqueño le entregó a Neira, en simultáneo con las universidades, una finca llamada La Camelia, de alrededor de 190 hectáreas entre la vereda La Cristalina y la vereda Partida de la Mesa. Giraldo admite: “El Municipio, en ningún momento ha ejecutado ninguna acción de protección o de regeneración ambiental en ese lugar. Y si la administración no ha podido administrar efectivamente 190 hectáreas, mucho menos va a poder con las 700 que tuvo Cementos Caldas”. 

Tanto para el abogado como para los habitantes del sector, lo peligroso de que los lotes no tengan un control estatal es que existen privados que se aprovechan, invaden estas parcelas y siembran especies arbóreas que resecan la tierra o ponen ganado que, poco a poco, acaba con la biodiversidad. Según el asesor técnico operativo de Corpocaldas, Diego Felipe Ramírez Montoya, la entidad se ha encargado, desde que inició la acción popular, de monitorear esta zona para evacuar a los invasores. “Es muy difícil controlar cada una de estas hectáreas porque la Alcaldía de Neira ha dejado este terreno sin dios ni ley. Eso lo aprovechan sin problema los que no conocen las repercusiones de algunas prácticas ganaderas o de agricultura y es la naturaleza la que termina pagando”.

Lote Cementos Caldas. Fotos Esteban Gallego González

¿Será posible que desde esta administración se implementen los proyectos que dejaron inconclusos las universidades mencionadas? El Jardín Botánico de la Universidad de Caldas propuso quedarse con la quinta parte del espacio que le correspondía a estas instituciones para administrar un centro de preservación de la fauna y flora, mientras que dicha Alcaldía ha enfocado sus proyectos en la habilitación de una planta de tratamiento acuífera dirigida al 75 % de la población rural del municipio. En lo que ambos concuerdan, es en crear proyectos en los que se vinculen a los ciudadanos y se formule un espacio en el que la biodiversidad y el hombre puedan complementarse entre sí. 

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