Luis Guillermo Vallejo: “no me interesa ser recordado, a mí no me interesa ser famoso. Detesto la fama”

En portada UMCentral

Luis Guillermo Vallejo Vargas es un pintor, escultor y muralista manizaleño. Estudió Arquitectura en la Universidad de los Andes en Bogotá. Vive en su casa taller, en la vereda Buenavista, a 8 kilómetros del casco urbano de Manizales. Es reconocido por obras como el Monumento a los Colonizadores, ubicado en el barrio Chipre, y el Monumento a los Comuneros, en el Parque Chicamocha (Aratoca, Santander).

Representó al país en la IV Bienal de Arte Contemporáneo en Florencia (Italia) en el 2003. En la década de los 90 pintó murales en las vías manizaleñas. Obras efímeras que se deterioraron debido a las inclemencias del clima y a la falta de mantenimiento. La última que quedaba estaba en el entonces Parque de los Enamorados (hoy de La Mujer). Según él, las administraciones financiaban sus pinturas, pero si la obra que proponía era costosa  no se hacía, hasta que una amiga le dijo que él tenía que hacer algo que perdurara y ese algo fue el bronce.

Vallejo es un hombre crítico y analítico, sin embargo, eso no le arrebata soñar con que la sociedad que conoció algún día se reivindicará. Sus objetivos y expectativas se sobreponen a las continuas profanaciones de su obra, como él lo define, para seguir siendo un personaje que construye identidad desde sus perspectivas, inmiscuyéndose en los asuntos públicos con un gran interés en los cambios sociales de nuestro tiempo.

Memo, como le dicen sus conocidos, lleva una pañoleta y ropa que está manchada en su mayoría con pintura de todos los colores. Foto Juan Sebastián Valencia Vélez

 ¿Qué le gustaría que se conociera de Guillermo Vallejo?

Nada, a mí no me interesa que sepan nada de mí. Me interesa realizar una labor en bien de la sociedad que tiene que ver con la conciencia de su ciudad, de su historia, de su pasado y de su compromiso con el desarrollo social, pero no estoy buscando ningún beneficio personal.

 ¿Cómo el arte le dio sentido a su vida?

A ver, un día estuve en Londres y entendí por qué era muy importante. Estaba caminando en las calles de Europa por primera vez y me di cuenta de otra realidad, de un mundo desarrollado culturalmente, históricamente, con gente muy especial. En la calle las personas eran muy distintas y eso me maravilló porque comprendí el vínculo tan grande que tiene la cultura, la historia, la arquitectura y las artes con el desarrollo de un pueblo. Cuando sentí esa admiración por los otros no pensé en ellos, sino en nosotros. Entonces dije que necesitaba dedicar mi vida a hacer arquitectura, pintura, escultura. Hacer lo que tuviera que hacer con mis talentos y capacidades para que algún día nuestra sociedad llegara a esos niveles de desarrollo, de alguna manera impulsarla por medio de las artes.

¿Cómo ha logrado surgir en un país en el que el arte es subvalorado?

No he logrado nada, no he surgido, estoy enfrentado a la dificultad de conseguir trabajo, no tengo trabajo en Manizales, a mí no me dan trabajo. A mí los alcaldes no me dan trabajo, y cuando me han dado, no me han pagado, me han tumbado. Muy de vez en cuando a alguien se le ocurre y hago alguna pintura, pero no he surgido, ni he logrado ni vencido nada.

Percepciones del artista

Los manizaleños están convencidos de que son borbones. Los manizalitas son borbones, los manizaleños son antioqueños. Unos caminaban descalzos e hicieron el gran desarrollo del Gran Caldas. Los otros están convencidos de que vinieron de España montados en las barcas con Isabel, se les metió en la cabeza que son de linaje, de hidalguía. Por ejemplo, el símbolo de nosotros es un pasodoble español. No es un bambuco, no es una guabina. No es algo que nos haga sentir, ni que nos identifique con las montañas, es mentira, estamos en esa mentira y esa mentira es la que produce todos los problemas culturales y de identidad.

 

¿Qué lo inspiraba?

A mí siempre me ha inspirado la mujer, me crie en casa de mi abuela con Chopin, Beethoven, Mozart y con filósofos como Platón y Aristóteles y los poetas Hölderlin, Aurelio Arturo y Julio Flórez. Esa fue la educación que recibí, pero mi inspiración son la naturaleza y la mujer.

¿Considera que su obra es histórica?

La verdad no he hecho nada importante, lo único que he hecho es tratar de mostrar de manera perenne, que dure en la memoria de dónde vienen, cuáles son sus bases, cuáles son sus raíces. Si los 45 millones de habitantes de Colombia tuvieran presente todos los días quiénes son o de dónde vienen tendrían un común denominador que los uniera y que los hiciera sentir, les diera identidad, sería diferente.

¿Qué obra quiere realizar y no la ha podido lograr y por qué?

Tengo un proyecto muy adelante con la Universidad de Manizales que es hacer una infraestructura en la ciudad, en la cual por medio de la naturaleza y las artes pueda despertar la conciencia de las nuevas generaciones. Dándoles cada año una experiencia inolvidable, de tal manera que progresivamente les despierte la conciencia de sus valores, de sus principios, de su historia, de su cultura, de tal manera que en 11 años de visitas la sociedad dé el siguiente paso a lo espiritual y a la conciencia de sí mismos, a ver si la gente cambia y dejan de interesarle las banalidades.

“Este piano fue traído a lomo de mula hasta la ciudad y pertenecía a mi abuela”, comenta. Foto Juan Sebastián Valencia Vélez

MONUMENTO A LOS COLONIZADORES

“Me llama la alcaldesa Victoria Eugenia de Mejía y me dice que le pase una propuesta para un monumento a los colonizadores. Llamo a los artistas para que me digan qué hacemos allá en el lago Aranguito, que allá está ese lote. El presidente y el Congreso de la República compraron eso y se lo regalaron a Manizales, para que hicieran un monumento a los colonizadores en el centenario, y le pasé la maqueta, hice los planos y le dije hacemos estas figuras y a ella le encantó y empecé ahí en 1997 hacerlo”

¿Visita con frecuencia sus obras?

No voy a una obra donde haya gente presente, no me gusta estar en el Monumento a los Colonizadores; primero, porque no lo he podido terminar y segundo porque no me gusta que me pregunten o que me digan qué tan lindo. El ego trato de quitármelo. Me molesta cuando tratan de subírselo a uno.

¿Tuvo un equipo de trabajo para esta obra?

No era escultor. Hasta entonces había jugado con plastilina no más. Trabajé con canteros, gente que trabajaba con una pala haciendo una plancha de piso, les enseñé. El equipo salió de la gente que caminaba por las calles, los que venden drogas en las esquinas, los indigentes y obreros. Cuando necesitaba una fundición en bronce iba para donde un personaje que me dijo que tenía que entregar unos moldes. Aprendí, sin academia, sin tener un maestro, aprendí dándome contra el mundo.

En su casa, guarda en su propia galería de arte, vasijas y artefactos indígenas precolombinos. Foto Juan Sebastián Valencia Vélez

¿Las actuales modificaciones de esta se han hecho sin su consentimiento?

No sé qué hicieron. Esta Administración resolvió construir allá. En un principio le dije a mi abogada de derechos de autor que pusiéramos una demanda, pero no me puedo poner a pelear. Más bien espero el momento en que tenga el poder para hacer las cosas que tengo que hacer, que encuentre un Gobierno que esté de acuerdo con mis valores y mis principios y se quita todo eso de allá, se organiza y nos evitamos problemas y escándalos con alcaldes.

La Alcaldía realizó un convenio con Santo Kafetto para que administre el punto de venta del Museo del Café. ¿Consideró que su obra se transformaría en un espacio comercial?

No pues cómo se le ocurre, nunca me imaginé eso, es que el recinto Cumanday (como también se le conoce al Monumento) es un templo, eso me pareció a mí como una profanación.

¿Cuál es su relación con la administración actual?

José Octavio Cardona León estuvo aquí sentado en esta silla, vino después de haber ganado, le conté la historia y jamás volvió. A él no le interesa nada conmigo porque no lo apoyé, porque soy derecho sin decir nada más.

¿Qué administraciones municipales han apoyado su labor artística?

Solo de Victoria Eugenia Osorio (1990-1992) y la de Mauricio Arias (1995-1997)

¿Cuáles le han cerrado las puertas o se han mostrado indiferentes?

Todas desde que acabó la administración de Mauricio Arias. Incluso algunas de ellas han prohibido que se mencione mi nombre en la Alcaldía, debido a envidia, rivalidades políticas entre las administraciones y desconfianza porque dijeron que me había robado 1.000 millones de pesos.

¿Por qué considera que los gobiernos locales y los ciudadanos se muestran indiferentes ante los personajes destacados de Manizales?

Es un asunto de inconsciencia de lo que tenemos. Los valores que tenemos, lo que somos, hay como una especie de desinterés, sobre todo en la juventud. Es una juventud a la cual sus ancestros, su pasado, la historia y el presente no le han dado la confianza, ni las garantías para sus sueños, entonces están ahí como flotando entre las redes sociales del mundo, pero no están concentrados en lo auténtico, lo propio, en lo que tenemos y en lo que somos. Estamos como dispersos en las redes sociales, por allá como en otro mundo, escapando a la realidad por falta de conciencia.

¿Qué trabas le han puesto para finalizar el Monumento a los Colonizadores?

El silencio y la indiferencia. No contestan. No hacen nada. Prometen, me ponen a botar corriente y no hacen nada.

¿Qué anhela reflejar en la obra con su culminación?

Ninguna distinta a la primera. Todo el ideal simbólico y artístico ya está ahí en la obra.

¿Por qué considera que su labor artística no es resguardada?

Manizales siempre renació por circunstancias de la historia. Los manizaleños pensantes, los ilustres se fueron a Bogotá y dejaron a Manizales abandonado, solo venían en diciembre donde las tías. Los que quedaron son envidiosos porque son los mismos criándose con los mismos y como ven que uno se esfuerza por hacer cosas, a ellos les da envidia. Entonces frenan el trabajo de los otros, es una cuestión de idiosincrasia. Ese es un retrato de la sociedad, pero no tenemos la culpa, no tengo rencor hacia nadie, porque es que así es la humanidad.

¿Cómo quiere ser recordado?

A mí no me interesa pensar en eso, no me interesa ser recordado, a mí no me interesa ser famoso. Detesto la fama. Soy introvertido, soy una persona que reconozco mi tranquilidad y quiero ser libre, no quiero estar atado a lo que digan, ni al qué dirán ni a que me miren, ni a que me tomen fotos, ni salir en los periódicos, ni ser rico ni famoso. Me interesa realizar una labor que mi conciencia me dice que estoy en capacidad de hacer y nada más.

Este es un molde utilizado para el Monumento a los Colonizadores, actualmente concluir la obra costaría 3.500 millones de pesos. Foto Juan Sebastián Valencia Vélez

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