Viaje a Popayán en tren para entrevistar al General Vásquez Cobo

La Voz de Caldas: 1926-2019 UMCentral

LA VOZ DE CALDAS envió a su reportero J. Palex a un viaje en tren hasta Popayán. En dicho viaje iban el presidente de Colombia en ese entonces, Pedro Nel Ospina Vásquez, y su comitiva; el Gerente del Ferrocarril del Pacífico, General Alfredo Vásquez Cobo, y otras personalidades. La intención del periodista era observar cómo funcionaba el Ferrocarril del Pacífico, ante el estancamiento que sufría la finalización del Ferrocarril de Caldas. Había otro interés: seducir al General para que aceptará la gerencia del Ferrocarril de Caldas.

General Alfredo Vásquez Cobo. Foto Museo Nacional

 

Presentamos la crónica completa de este viaje periodístico:

Marchaba lentamente el tren en aquel domingo del 27 de junio pasado, en dirección a Popayán, conduciendo todo el convoy de S. E. el señor presidente Ospina, sus ministros y sus acompañantes. La hora perezosa y enervadora de la siesta, en que cada cual busca buen acomodo para matar con una buena bartola unas horas tediosas, monótonas, inacabables; el paseo por el tren se hace fatigoso cuando se alarga, cuando el humo alquitranado de la locomotora invade por doquier; en fin, cansados los unos y perezosos los más, sintióse pesado el ambiente y quienes queríamos aún contemplar los paisajes maravillosos y nuevos de tierras no conocidas, salimos a una plataforma, desde donde observamos libremente, envanecidos con el humo del cigarro.

El doctor José Joaquín Casas, primer designado. Menudito, nervioso, conversador; su ojillo blanco y sagaz miraba de uno a otro lado; muy cuidadoso de su vestido amarilloso de gabardina liviana y de su sombrero suaza, constantemente limpia los menudos carbones que nos llegan de la humareda. Poeta, gusta mucho del panorama regional: político, le agrada cuando se le menciona el bastón corbado del Presidente.

El doctor Sofonías Yacup, morenote de recia estampa, calentano y portense de amenísima conversación; elegante de maneras y cumplido caballero, es político y se va en representación.

Cipriano Ríos Hoyos, médico joven de Pereira, político de los nuestros, audaz, ambicioso, medio gamonal y muy travieso; es excelente amigo. Y este servidor de usted.

Sepa cualquiera decirnos de cuántas cosas hablan las personas que vienen de distintas regiones, viejo el uno, respetable y eminente; el otro en el vigor de su carrera o dos mozos curiosos, ávidos de tener impresiones y de saber lo que piensan y lo que hablan los hombres que van ya en boca de la fama. Poesía, política, historia, anécdotas, el último suceso de la capital, la fiesta de la noche anterior, pormenores del viaje, impresiones de la región, qué sé yo…

Abrese de improviso la portezuela del vagón, y aparece enmarcada en ella la figura alta, maciza, robusta de un hombre como de sesenta años, de cara llena y rozagante, de amplio busto y respetable abdomen y que lleva un bastón en la mano.

Es el General Vásquez Cobo.

Remira hacía el vagón, donde un grupo de señoritas ríen alegremente; es que el General ha pasado las filas, poniendo en cada perezoso grupo alguna frase donosa, algún chiste, algún cuento que hace reír.

-¡Hola General!… Dijeron los que estaban autorizados…

_Que todo va muy bien hasta ahora, el tren camina admirablemente; ¿qué tal les va pareciendo la línea?

-¡Oh!, ¡oh!, ¡oh!… y aquí cada cual se vuelve una pandereta, para hablar como más puede elogiando el mérito del F.C. del Pacífico.

Ríos Hoyos me presenta al General.

-Un periodista de Manizales.

-Me complace mucho que vaya con nosotros.

Y se sigue la charla variada y amenísima, porque con el General hay que charlar y con toda llaneza. Pero al fin concretamos la conversación al asunto principal, el F.C. y tenemos al señor Gerente, mostrándonos, mientras marcha la locomotora, pormenores de la grande obra, cortes enormes, pendientes considerables, trabajos atrevidos, viaductos asombrosos, puentes formidables, voladeros vertiginosos, muros de contención, todo lo cual pone de manifiesto al formidable trabajo que representa el acceso de los rieles, cuando se deja la margen del Cauca, para seguir ladeando la montaña que conduce a los valles altos de Popayán. Allí se admira uno de la técnica, del arrojo de los ingenieros, del sudor copioso de los trabajadores, de todo cuanto vale un buen ferrocarril.

-General, le digo, tengo encargo del periódico que represento, para preguntar a usted, ¿cuál es la fórmula aladinesca que tiene para hacer estos ferrocarriles?

-Y responde llana y ligeramente: Querer, organizar y tender rieles.

Después le dice Ríos Hoyos, pensando con envidia en su región:

-Qué bien, General, que usted estuviese frente de la empresa de Nacederos-Armenia.

-Y en la de Caldas, repuse yo.

-A Pereira no iré pronto; pero a Manizales sí, dice el General tendiéndonos la mano, para seguir a otro vagón.

Vásquez Cobo, lo observamos nosotros, es queridísimo en su empresa; los ingenieros lo acatan y obedecen, porque es un técnico y un trabajo insigne; los peones lo admiran, porque ven en él jefe simpático y atractivo. En los dos Caucas, es la primera figura política. Viéndolo y tratándolo se siente uno desposeído de cualquier idea regional para admirar al hombre enérgico, al caudillo, al político inteligente, al jefe de una empresa que en sus manos expertas ha acrecido en riquezas y valer una porción grandiosa en Colombia. De mi parte digo, honrada y sinceramente, que aprendí a querer a este hombre público, sabiendo considerar en su época y circunstancias, cuando se dice entre nosotros acerca de sus pasadas acciones para con nuestra tierra. El hombre de relieve domina y atrae.

Más tarde, corridos dos días, en una fiesta regocijada, el General puso una tarjeta que tiene su retrato, este autógrafo que conservo: “Hace dos años a Dios gracias, festejamos la unión de los rieles en Cartago; ¡el abrazo de acero entre Cauca y Caldas, que viva Caldas!´ A. Vásquez Cobo´.

J.  Palex

Martes, 13 de julio de 1926. La Voz de Caldas

Vásquez Cobo, el hombre

Después de este viaje, LA VOZ DE CALDAS lanzó la propuesta de que el General Vásquez era quien debía gerenciar el Ferrocarril de Caldas, ya que el propio no lo estaba haciendo bien.  El Ferrocarril de Caldas operaba con muchos problemas desde Cartago (en donde empataba con el Ferrocarril del Pacífico) hasta Chinchiná. La construcción final hasta Manizales se entregaría antes del 20 de julio del 2027, pero existían dudas de que se cumpliera en ese plazo.

Estaciones del Ferrocarril de Caldas

En la crónica, el periodista J. Palex reconoce el valor de la figura del General Vásquez, a quien antes, desde las mismas páginas de LA VOZ DE CALDAS, se le acusaba de retrazar las obras del Ferrocarril de Caldas, pues se creía que existían celos entre las dos empresas ferroviarias por el desarrollo económico de Caldas.

Así que la idea que lanzó el periódico bajo el lema “Se necesita un hombre” encontró a ese hombre en el General Vásquez Cobo, aunque a algunos caldenses no les simpatizó esta candidatura.

El General nació en Cali en 1869 y murió en esta misma ciudad en 1941. Participó en la Guerra de los Mil Días (1899-1902), lucha civil entre los partidos Conservador (de Vásquez) y Liberal . Estuvo presente en el acuerdo de paz bipartidista llamado  Tratado de Wisconsin. Entre 1903 y 1904 fue Ministro de Guerra en el gobierno del presidente José Manuel Marroquín (se le culpó de la separación de Panamá de Colombia). Entre 1906 y 1908 fue Ministro de Relaciones Exteriores del presidente Rafael Reyes, y volvió al Ministerio de Guerra en 1909. ​ Fue parlamentario en los años siguientes y Ministro de Instrucción Pública en el mandato del presidente Jorge Holguín (1921-1922). En 1926 y 1930 fue precandidato presidencial.

Lideró las operaciones militares en la guerra de Colombia contra Perú (1932-1934), países que disputaban un territorio en la frontera amazónica, y que culminó con la firma del Protocolo de Río de Janeiro (Brasil).

Sábado, 13 de julio de 2019. UMCentral

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy

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