En 1926 se necesitaba un hombre para gerenciar el Ferrocarril de Caldas

La Voz de Caldas: 1926-2019

El tema del aparente desorden del Ferrocarril de Caldas, que aún no llegaba a Manizales, solo hasta Chinchiná, era tema diario de los editoriales de LA VOZ DE CALDAS. Constantemente este periódico denunciaba la desorgación de Ferrocaldas, y por lo mismo se ganó la animadversión de las entidades gubernamentales. En su editorial del 3 de julio de 1926, titulado Hay dos conceptos sostuvo que hay quienes tienen una opinión favorable sobre Ferrocaldas y otros quienes tienen una opinión contraria. Entre estos últimos estaban el sector comercial y la ciudadanía. Aseguraba que el comercio, y sobre todo el de Pereira, estaba decidido a prescindir del servicio del Ferrocarril para usar otro sistema de transportes, incluyendo las recuas de mulas, porque “la organización del Ferrocarril de Caldas es mala y no da garantías”. Sostenía que Ferrocaldas no movía la carga en el tiempo oportuno, que la descuidaba, que no tenía bodegas suficientes, que la atención era muy lenta y mala “porque para lograr movilizarla (la carga) de un punto a otro se necesita hablar con todos los santos y santas de la corte celestial”.

Tren en Villamaría (Caldas). Foto Memoria fotográfica de Villamaría | La Patria

Aseguraba LA VOZ que constantemente recibía quejas del público quejándose de los viajes en el Ferrocarril, que se hacía en carros feos e incómodos, que eran lentos y sucios, y que las ventas de tiquetes se hacían en medio del mayor desorden, “tanto que quien logra arrimar a una taquilla de esas sale sin la cartera por el número de gentes poco respetuosas del bolsillo ajeno que se agolpan en la puerta”; que no se entrega ningún tipo de recibo.

Agregaba el editorial: “Pero decir esto no es patriótico. Porque decirlo nos desacredita. El patriotismo está en sostener que esa es la empresa más bien organizada del mundo y en solicitarle su concepto al alto personaje que ha viajado por allí y que se le ha atendido a cuerpo de rey para que no vea todo lo que hay por debajo y todo lo que sufren los demás. Y lo discreto está en no darle importancia al testimonio del comercio ni al del público que viaja en aquellos vagones. A esos se les llama mentideros públicos, empleados cesantes, comerciantes disgustados, malquerientes, y en fin, se les aplica un léxico de injurias, muy nutrido y muy variado”.

Los comentarios favorables venían del mismo gobierno y gerencia de Ferrocaldas. El ex gobernador Gerardo Arias Mejía le escribió al diario y lo acusó de obrar con sevicia, de no indagar lo que ocurría dentro de la empresa y de dar mala imagen de Caldas. LA VOZ le respondió: “El gerente de una empresa de esa naturaleza debe saber más que todos para que pueda ejercer su autoridad. Nada hay tan irritante para un hombre como recibir órdenes de un tonto. Nada hay tan ridículo para un ingeniero como recibir órdenes de un abogado (…) Hay veces que la competencia se confunde con el mal carácter, con el tono bravío que se da a la voz, con el ceño adusto. Que es el defecto en que incurren los hombres del gobierno”.

Por último, LA VOZ insistió que el Ferrocarril “¡necesita un hombre!” (este fue su lema) que enfrentara los obstáculos del sistema, que supiera qué hacer cuando ocurrían los constantes derrumbes entre San Francisco (hoy Chinchiná) y Guayabito, sin suspender el servicio; que ayudara a la reconstrucción de Manizales. “Tenemos que decir que el Ferrocarril de Caldas es el peor enemigo de la reconstrucción de Manizales”, y lo decía porque los materiales (cemento, hierro…) para construir estaban embodegados en Buenaventura, o embolatados otras partes del país.

Sábado, 3 de julio de 1926. La Voz de Caldas

Historia sobre rieles

Estaciones del Ferrocarril de Caldas

En 1888, cuando aún no existía el departamento de Caldas (su territorio era dominado por Antioquia, Tolima y el Cauca), el Gobierno Nacional estudió la posibilidad de construir un ferrocarril que partiera de Buenaventura (Valle del Cauca) y llegara a Manizales. Las guerras civiles frenaron el estudio.

En 1911, cuando ya existía Caldas como departamento, los gobiernos nacional y departamental firmaron un contrato para construir un ferrocarril desde el río Cauca hasta Manizales. El 16 de julio de 1915 se inició su construcción en Puerto Caldas (hoy municipio de La Virginia, en Risaralda). Pero la I Guerra Mundial (1914-1918) frenó su construcción. El 2 de julio de 1917 reinició obras, bajo el mando del ingeniero Luis A. Isaza. En 1919 se inauguraron los primeros 10 km desde Cartago (Valle del Cauca); y en 1923 en hasta la estación Villegas se empalmó con el Ferrocarril del Pacífico. El 1 de junio de 1926 el Ferrocarril llegó a San Francisco (hoy Chinchiná). Y para el 20 de julio de 1927, o antes, se tenía previsto que el Ferrocarril llegara a Manizales, así fue.

El otro tramo (de Nacederos a Armenia) finalizó en 1929.

En 1959 una turba arrancó los rieles del Ferrocarril en Pereira y dejó a Manizales desconectada del sistema. Aquí finalizó su historia.

 

Jueves, 4 de julio de 2019. UMCentral

 

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy

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