Claudina Múnera, líder femenina del siglo XX

En portada La Voz de Caldas: 1926-2019

Aunque la información se conoció en Aguadas el 6 de junio de 1926. Solo el 22 de junio de ese año La Voz de Caldas informó el reporte de su corresponsal VOZ en Aguadas en que el anunciaba que el Gobierno Nacional había designado a la señorita Claudina Múnera Mejía como delegada de Colombia al Congreso Interamericano de Mujeres que se reunirá en Panamá.

Los corresponsales “intrigados con semejante noticia” se trasladaron a la residencia de la señorita para saber más sobre el asunto. Al llegar a la casa vieron que “acababa de terminar sus tareas docentes la delegada, pues es hábil directora del Colegio Oficial de Señoritas, y mediante el cuestionario verbal a que la sometida” informó lo siguiente: que fue invitada directamente por la señorita Esther N. de Calvo, organizadora del Congreso (ella había sido designada por el presidente de Panamá); que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia remitió la invitación a la Gobernación de Caldas y la Gobernación se lo anunció a Claudina.

Le dijo a los correponsales que los fines del Congreso son: Exponer los adelantos de la mujer americana de acuerdo con la legislación y los sistemas educativos de cada país invitado; dar a conocer la labor de la mujer de las Américas, a fin de cambiar ideas que revelen los mejores métodos aplicables al desenvolvimiento de todas las actividades femeninas; y propender el acercamiento de las mujeres de nuestro continente con el objeto de asegura un conocimiento mutuo y de colaborar en toda la acción que tiende a mantener la paz y promover la solidaridad de las Américas.

Sostuvo que los temas del Congreso son: El niño (delincuencia infantil, la cruz roja infantil). La educación (Cómo orientar la educación femenina en latinoamérica “para cumplir sus roles de esposa, madre y ciudadana de acuerdo con las exigencias de la vida moderna”. Las asociaciones de estudiantas en los establecimientos de enseñanza; el intercambio de profesoras y maestras; y los planes para que la educación de la mujer americana se inspire en ideales de paz y solidaridad) y La mujer: la mujer ante la ley, la madre ante la ley, la mujer y los problemas económicos de América Latina, la mujer y la conquista de los derechos políticos; la mujer, la paz y justicia.

Al irse los periodistas y  Claudina les advirtió: “lo dicho es para entre nos”.

Martes, 22 de junio de 1926. La Voz de Caldas

 

 

En Aguadas

Claudina, hija de Cornelio y Trinidad, fue una líder educativa y social. Sus ideales era luchar por los derechos sociales, sexuales y políticos de las mujeres. Participó por Colombia en muchos congresos de mujeres, es un referente para las actuales lideres.

A comienzos de siglo XX, dada la necesidad de formar a la mujer de Aguadas se crea el Colegio de Señoritas como establecimiento oficial por iniciativa del educador Andrés Echeverry Villegas. Desde sus inicios se vio la vocación de la mujer hacia la docencia y el servicio a la comunidad; así el plantel sigue el pensum correspondiente a la enseñanza Normalista y otorga el título de “Maestra Elemental”. En sus primeros años es regentado por educadoras antioqueñas, entre ellas Sara Granada, Carolina Calle de López y Claudina Múnera. Claudina es rectora por 14 años y dejó tanta huella que la institución pasó a llamarse Colegio Claudina Múnera.

Sábado, 22 de junio de 2019. UMCentral

Hallamos un bello texto de la escritora Maruja Vieira dedicado a Claudina. Lo reproducimos en su totalidad:

Maruja Vieira. Dibujo Ramón Vásquez

Memoria de Claudina Múnera

En 1928 llegó al Liceo Femenino de Manizales una muchachita con cinco años acabados de cumplir. Ya sabía leer, pero a escribir no aprendió jamás. Pasó de la pizarra a la máquina de escribir sin saber lo que es una letra manuscrita más o menos legible. También pasó más tarde de contar con los dedos a la calculadora. Los secretos de la aritmética no se le revelaron nunca.

La muchachita tampoco podía dibujar. Todavía recuerda su primera experiencia, que consistía en copiar un oso que hacía piruetas sobre una gran bola de colores. Cuando entregó su trabajo, el oso parecía una foca y la bola de colores, el huevo del ave Roc que se llevó a Simbad.  No le gustaba coser, a lo sumo punto de cruz, nunca pasó de allí. En síntesis: esa alumna del Liceo Femenino de Manizales era un desastre total.

Claudina Múnera era alta, morena, seria y profunda. Sus ropas monásticas, su voz tranquila, sus manos delgadas y sensitivas, encerraban un caudal de ternura que todavía trasciende los años y puede caer en luz de llanto sobre las ya envejecidas mejillas de la alumna.

-¿Qué hago, señorita Claudina, con esta niña? Enreda los hilos y vuelve la costura un desastre. ¿Qué voy a hacer con ella? Así recuerda la niña de aquel tiempo, la queja de “Merchita”, la profesora de costura.

-Señorita Mercedes, y en realidad ¿qué sabe hacer la niña?
-¡Nada! No le gusta coser. Dice que no quiere coser con “guja”.
-Pero, ¿qué le gusta hacer?
-Leer.
-Pues entonces, ¡que lea!

Y de ahí en adelante todas las tardes, en la hora de costura, la dichosa niñita leía en voz alta a sus compañeras. Los “fantásticos cuentos de duendes y hadas” se turnaban con las historias de los santos en el Año Cristiano.

Finaliza el año lectivo de 1928: La costura, olvidémosla. Nunca será modista. Además tiene que habilitar aritmética. En dibujo, tres. No va a ser pintora (en ese entonces se creía que para ser pintor era necesario saber dibujar). Su letra es pésima. No sabe ni coger bien el lápiz (nunca pudo aprender). En religión…ni hablar. El profesor no quiere tener cuentas con ella. Es cierto que conoce la historia de todos los mártires cristianos, pero en clase de catecismo hace unas preguntas fatales: “En el principio Dios hizo la luz. Y después el sol, la luna y las estrellas”… Padre… ¿y entonces de qué era la luz del primer día? 

-¡Niña, cállese!

En historia patria, geografía y lectura le va bien. Pero va a tener que repetir el año. Los días de examen se enferma; los domingos se niega a ir a misa en comunidad.

-Señorita Claudina, ¿qué pasa con la niña? Pregunta alarmado el papá.

– No se preocupe don Joaquín. La niña simplemente es muy distraída. Trae libros de su casa y los lee a  escondidas hasta en la clase de catecismo. ¡Y qué libros por Dios! El otro día la profesora de aritmética le encontró “El sueño de las Estaciones” de Gabriel D‘Annunzio…  ¿De dónde sacó ese libro?

– Señorita Claudina, en nuestra casa hay libros, libros, libros… Es como un mar.  Nadie ha visto a esta niña jugando, sino siempre leyendo o contándole historias fantásticas a Alicia, su muñeca. Escucha atentamente a su mamá cuando ella dice, de memoria, libros enteros de poesía como “La Flor de un Día y también a su abuelita cuando ella habla de la Guerra de los 1000 días, y cuenta las historias de Rafael Uribe Uribe, que viene a ser su tío en segundo grado.  Y como si fueran pocos los libros de su abuela, su mamá y su hermano, ahora nos dieron a guardar la biblioteca de Silvio Villegas. Seguramente de allí salió D ́Annunzio.  Ella es como un ratón.  Guarda libros debajo de colchones y almohadas. Está muy sola, su hermano tiene ya dieciocho años y en la casa no hay más niños. Los libros son su mundo.

– Dejémosle sus libros y su mundo… dice pensativa la señorita Claudina. Digamos que pasa el año, con la condición de que estudie algo de las materias que perdió…..nada más podemos hacer por ahora.

Pasaba el tiempo y llegó el mes de mayo, el Mes de María. A la muchachita no la podían vestir de ángel porque no tenía cachumbos. Cuando trataron de que cantara en el coro, desafinaba. ¿Qué hacemos con esta niña? volvían a preguntar las maestras a la apacible y serena directora.

-Venga niña y no llore. Tome este libro, apréndase este poema y apenas se lo sepa, lo recita cuando termine la novena. Así fue. El poema comenzaba: “En la campana del puerto tocan, hijos, la oración. De rodillas y roguemos/ a la madre del señor/ por vuestro padre infelice/ que ha tanto tiempo partió…” Así salió la niña del paso y salió bien. Las calificaciones, ahí más o menos…

Llegó un día triste, muy triste. Era necesario partir hacia la gran ciudad lejana. Padre e hija fueron a despedirse de la señorita Claudina Múnera, a darle las gracias por su infinito amor, su infinita paciencia.

“No se preocupe, Don Joaquín, por la niña. En Bogotá hay buenos colegios y ella es desaplicada pero inteligente. Téngale paciencia, mucha paciencia, pero ella llegará… se lo aseguro.”

Post Scriptum, muchos años después:

Aquí estoy, señorita Claudina, recordándola siempre. Lo que soy se lo debo a usted, su alumna

Maruja Vieira

 

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy

 

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