De la otitis a la bipolaridad

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Los estados de manía y depresiòn pueden ocurrír de forma simultánea, lo que recibe el nombre de “episodio mixto”. Foto Santiago Arbeláez Escobar

Lo que empezó como una simple otitis terminó siendo un desequilibrio emocional que le generó un trastorno afectivo bipolar a Cristina Castaño Hurtado*, una mujer manizaleña de 41 años. “Me dio otitis por una gripa mal cuidada. Eso creía. Fui al hospital, regresé a mi casa y a media noche me despertó un mareo en el mismo sueño. Abrí los ojos, me senté, pero perdí mi equilibrio. Me fui por urgencias y me dijeron que era un vértigo, que era normal”. Ese fue el inicio del largo padecimiento físico y mental que vivió ella.

Hurtado regresó al médico al otro día por el empeoramiento de sus síntomas. “Estuve hospitalizada seis días. Me dijeron que cuando daba vértigo, se podía perder el equilibrio físico y emocional”, añadió.

Un año y tres psiquiatras después, encontró un nuevo diagnóstico: sufría de trastorno afectivo bipolar tipo uno. “Yo me sentía como la más loca, la más rara. Sentía que mi vida se había dañado. Me cambié de religión para buscar ayuda, pero no la encontré ”, narra Castaño Hurtado.

A Hurtado le dijeron que su trastorno venía desde su niñez. Desde entonces comenzó un proceso para entender sus miedos y preocupaciones. Además, cuenta que no recibió apoyo de su familia. “Mi esposo ha sido mi único sostén, el que se ha encargado de absolutamente todo”, contó.

La mujer aprendió a vivir con su enfermedad. Toma medicamentos y asiste a sesiones de psicoterapia. Lleva una vida normal, así lo define ella. En ocasiones, le afecta lo que hagan o digan otras personas, pero trata de tomar el control de la situación y reconocer su trastorno. “Dependo mucho de las personas que quiero y de los medicamentos que me recetó el psiquiatra, pero vivo feliz”, concluyó la mujer.

Emociones extremas

El trastorno bipolar es una enfermedad de salud mental dividida en dos categorías. La de primer grado, cuando el paciente experimenta un episodio de ánimo elevado, seguido de depresión. La de segundo grado, si la persona experimenta depresión, seguido de un episodio maníaco más leve.

Según Bupa, grupo sanitario internacional ubicado en Reino Unido, define el trastorno afectivo bipolar como una enfermedad que ocasiona cambios abruptos en el estado de ánimo. El trastorno afectivo bipolar afecta tanto el estado de ánimo como la conducta. La persona que la padece pasa por estados emocionales extremos, que van desde la energía excesiva y la euforia hasta la depresión y los pensamientos suicidas.

En Caldas

Según la Política Pública en Salud Mental de Caldas, en el 2016 se registraron 21.159 consultas externas relacionadas con trastornos mentales y del comportamiento, de las cuales 3.190 fueron por trastorno afectivo bipolar.

 

Sus estados de ánimo cambian bruscamente de un extremo a otro y puede pasar que vuelvan a la normalidad rápidamente. Esto puede ser diagnosticado como trastorno afectivo bipolar de ciclo rápido. “Cuando el estado de ánimo de un paciente pasa de alto a bajo puede afectar el sueño, la energía al nivel de la actividad, el juicio (pensamientos), el comportamiento y la capacidad de tomar decisiones, pensar analítica y objetivamente”, explicó Carolina Cardona Arango, psicóloga especializada en depresión y trastornos mentales.

Además, contó que los episodios de cambio pueden ocurrir en varias ocasiones del año. Para poder diagnosticar el trastorno, debe estar presente durante los últimos dos años de una manera continua y con episodios fuertes. Juan Esteban Quiceno Peña, psiquiatra y gerente de Plenamente, una IPS de Salud Mental en Manizales, contó que en el diagnóstico se puede definir también si el paciente es psicótico; esto quiere decir que se sale de la realidad y puede llegar al punto de creerse Dios y tener superpoderes, entre otros. “Desde la psiquiatría se brinda un tratamiento farmacológico básico para todos los que padecen esta enfermedad, un estabilizador del ánimo que lleve a un estado de eutimia (estado del ánimo normal y tranquilo)”, aseguró Quiceño Peña y añadió que desde la psiquiatría pueden realizar psicoeducación (explicación de la enfermedad al paciente y a los familiares para que la comprendan), psicoterapia (que puede ser realizada por un psiquiatra y un psicólogo) y terapia ocupacional (ayuda al paciente que ha perdido la memoria, alguna habilidad y entrar en un proceso de recuperación de estas mismas).

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