Reinado estudiantil: Matilde insiste, no quiere ser reina

La Voz de Caldas: 1926-2019

Sigue las entrevistas de Roberto -el Negro- Bernal y J. Palex a las candidatas al reinado estudiantil. En esta ocasión visitan la casa de don Nepomuceno Jaramillo y dialogan con él y su hija Matilde para que ella acepte ser candidata, pero padre e hija insisten que no, pero los reporteros insisten que sí. Aquí la entrevista completa, publicada el 11 de junio de 1926 en La Voz de Caldas.

“Ella que no, y nosotros que sí

Conversamos ayer con la señorita Matilde Jaramillo, candidata al trono estudiantil sobre las cosas que verá el que esto leyere.

Me pedí de mano ante el director de La Voz para solicitar en su nombre las declaraciones de la señorita Matilde Jaramillo, candidata al trono estudiantil, y complacido, me reforcé con la contribución imaginativa de quien llaman aquí Negro Bernal y que llamo yo compadre augusto.

-Si ustedes quieren nos encerramos aquí en este cuarto o conversamos en este corredor, nos dijo el padre de la candidata, don Nepomuceno, cuando estuvimos instalados en su presunta real residencia, a la vez que se levantaba las gafas a la frente y doblaba en la punta la página de un libro, como señal, antes de cerrarlo.

-Veníamos, don Puno, dice el compadre, a reportear a Matilde.

-…?

-La han lanzado candidata al reinado estudiantil.

-Déjense de esas cosas, muchachos. Ella no puede. Tiene muchos inconvenientes. Nosotros queremos vivir alejados de la política, no anhelamos tomar mucha parte en estos movimientos. Caminen más bien les muestro la casa.

Y recorrimos aquellas piezas, una a una, admirándolas, ponderándolas nosotros. Todas solitarias.

-¿Y la candidata?

-No está aquí. Está donde doña Teresa Tavera de Arango. Pero déjenla quieta. Nosotros no queremos. Hay otras muchachas más competentes. Ahí está la señorita Carola. Es una gran candidata. Yo daría por ella hasta veinte votos. Es muy ilustrada.

Y mientras platicaba de esta suerte don Nepomuceno, llegamos al cuarto del teléfono. El compadre evolucionó con ese aparato. Unas cosas dijo que yo no entendí, pero poco después del regreso nuestro al corredor de partida, apareció en la escalera la espléndida juventud de doña Matilde, y aconteció en el lugar do estábamos los tres lo que en el cuarto oscuro cuando se enciende la lámpara milagrosa de luz eléctrica.

-Estos señores vienen…

-A presentarle a usted nuestra adhesión a su candidatura y a darle nuestros parabienes por el merecido honor.

-Pero si yo no he aceptado; si ya he hecho conocer mi renuncia irrevocable. Tengo muchos y poderosos inconvenientes…

-Si es que hay matrimonio de por medio, ese no es inconveniente, porque el reinado no es incompatible con el matrimonio, ni el matrimonio es incompatible con el reinado.

-No, no es eso.

-Un duelo en perspectiva sería otro grave inconveniente y en viéndola a usted y a su ilustre padre y según que la señora su mamá no está en la casa, ni tampoco sus hermanos, se adivina que gozan todos de una salud que tendría las más preciadas primas en una compañía de seguros de vida.

-Oh sí. Todos estamos muy bien gracias a Dios, pero nosotros no queremos que Matilde entre en esas cosas.

-Sí, yo no quiero.

-La aspiración de la humanidad joven es el triunfo, y aquí tiene usted una ocasión propicia para ceñirlo en sus sienes virginales.

-Es un honor, ya lo veo y de ello estoy muy agradecida de los estudiantes que han venido en distintas ocasiones a insistir para que acepte…

-¿Es usted amiga del gremio estudiantil?

-Mucho. Por supuesto.

-Y tanto más que aún tiene usted en sus manos principescas el reciente olor del libro. Y en caso de aceptar, ¿cuál sería su primera declaración?

-Que estaría dispuesta a contribuir a mis alcances al bienestar de los estudiantes.

-¿Y si triunfara le daría representación en su gabinete a las minorías?

-Si me está tomando un reportaje como si ya hubiera aceptado yo… Señores les agradezco mucho, pero aparten de mí este cáliz. Yo no merezco…

-Tiene por lo menos todo el señorío de una reina de verdad.

-Pero no me siento reina.

-Ni nosotros queremos que lo sea.

-¿Y es que no le provoca a usted don Nepomuceno ser rey-padre?

-Me gusta más ser librecito.

-¿De manera que la satisfaría a usted la derrota? Si es amarga en todo tiempo y lugar.

-Cuando uno la busca y la quiere debe ser muy agradable. Además, las otras candidatas son tan dignas, tan competentes y tan simpáticas.

-¿Qué requisitos, pues, debe llenar la perfecta reina?

-Muchos. Ilustración entre otros. Es verdad que aquí no se acostumbra, pero en otros centros hay que salir al balcón y echarles discursos a los muchachos.

-¿Y entonces qué concepto tiene usted del buen orador?

-Que diga muchas cosas bonitas ante las muchedumbres. Que las haga delirar de entusiasmo.

-¿Y qué efecto cree usted que causaría si se plantara en el balcón, y con su voz armoniosa dijera: “Amadísimos estudiantes que me oís. Ya que vosotros lo queréis, sea”. Y sobre estas frases les arroja una lluvia alba de rosas?

-No sabría defenderme.

-Si se ha defendido del cuarto poder con toda inteligencia. ¿Y cómo le ha parecido el comité propagandístico de su candidatura?

-¿Quién es?

-Guillermo Gutiérrez Vélez, Gilberto Gutiérrez, Elías Tobón y Alberto Arango Tavera.

-Magnífico. Lo que no me parece es la candidata.

-En caso de que contra su voluntad la hicieran triunfar, ¿cuál sería el lema de su reinado?

-El bienestar del estudiante. Procurar satisfacerles en sus nobles aspiraciones.

-¿Cuáles serían sus preferidos?

-Todos serían para mí iguales.

-Un paréntesis. ¿Es usted amiga de que banqueen el Parque Bolívar?

-Oh sí, por supuesto. Yo digo como Elvira Gómez: “Es el parque de mis amores, pero que lo tumben”.

-Y de los estudiantes, ¿a cuáles haría usted más favor?

-A los pobres, porque más lo necesitan.

-¿En qué forma haría usted sensible ese favor?

-Organizando el desayuno escolar y la distribución de vestidos; laborando para que estuvieran bien alojados en la escuela y fueran siempre muy bien tratados por sus maestros.

-¿Y como obra general?

Laboraría por la fundación de la Casa del Estudiante, pero les repito, yo no acepto, yo no puedo aceptar.

 

Pero como la candidata fue lanzada y con ella el anterior programa de oro, pensamos que aún en contra su voluntad será proclamada Reina, y así nos despedimos del padre y de la hija con la mayor cordialidad, y quedamos convidados para ir a ver la otra.

Roberto y Yo.

Viernes, 11 de junio de 1926. La Voz de Caldas

 

Reinas de élite

Reinado cívico en Pereira, 1936. Imagen tomada de la investigación Civismo y Educación en Pereira y Manizales (1925 – 1950)

Dice el texto académico Civismo y Educación en Pereira y Manizales (1925 – 1950): Un Análisis Comparativo entre sus Sociabilidades, Visiones de Ciudad y Cultura Cívica, del investigador Jhon Jaime Correa Ramírez (Universidad Tecnológica de Pereira), que “es importante entender el interés renovado que tuvieron los miembros de la alta sociedad por participar en la vida pública de las ciudades en transformación bajo los nuevos códigos modernos de civilización y prestigio”. Estas élites (políticas, económicas e intelectuales) ponían en escena la representación de sí mismas en eventos como carnavales, fiestas patrias, fiestas de gala en los clubes, en las salas teatro y de cine, en los convites cívicos, en los kermeses y en los actos religiosos como las procesiones de Semana Santa; allí hacían sentir su peso y el significado de su poder simbólico.

Las mujeres de estas élites, con el consentimiento de sus padres (los papás, rara vez las mamás), participaban en procesos cívicos y hacían parte de los “cuadros de honor” de las Sociedades de Mejoras Públicas de Pereira y Manizales, asistían a los bailes de gala, carnavales y se presentaban como candidatas en los reinados que se organizaban para recoger fondos “destinados para las labores de tipo caritativo en pro de las personas más desvalidas o para obras de interés colectivo y general, como por ejemplo, para dotar de maquinaria y equipos al Cuerpo de Bomberos de sus respectivas ciudades”. En este caso el reinado estudiantil buscaba mejorar las condiciones de los estudiantes más pobres y en sacar adelanta la construcción de una residencia para estudiantes. Este tipo de realizados siguieron realizandose durante décadas.

Miércoles, 12 de junio de 1926. La Voz de Caldas

 

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *