Acción intelectual femenina: jamás silenciadas

En portada

Llama la atención el editorial de La Voz de Caldas titulado Acción intelectual femenina, publicado el 7 de junio de 1926. Por lo tanto lo publicamos en su totalidad. Dice:

La acción intelectual de la mujer en los países de América ha adquirido un considerable desarrollo y en algunas actividades del pensamiento, como en la poesía por ejemplo, parece que ha tomado una posición indiscutible de superioridad sobre el hombre.

Frecuentemente vemos que un nuevo nombre de mujer aparece orgulloso en los campos donde la inteligencia humana deja la flor preciada de la sabiduría, o sea en el libro, en el periódico, en el profesorado etc, etc.

Colombia es una excepción en aquel extraordinario movimiento intelectual. Ha permanecido como alejada de él, como si no le interesará, como si no tuviese derechos para ocupar una posición visible en el desenvolvimiento maravilloso de la acción intelectual femenina de América. Son unas pocas sus figuras literarias y ninguna su figura científica. Y eso sin contar que los nombres literarios que encontramos, con algunas honrosas excepciones, languidecen dentro de la penumbra de una mediocridad irredenta y que si se les menciona es por ese sentimiento generoso que en algunos se llama estímulo y en otros se denomina ´la caridad del elogio´.

Sobre estas consecuencias tiene una influencia poderosa y definitiva el sistema de instrucción y de educación público y privado. Mientras que en países como el Uruguay, la Argentina, el Perú, etc., el sistema es avanzado e igual para los dos sexos, en Colombia se restringe cada día más para la mujer y se coloca una gran red de dificultades para su ilustración. Este fenómeno es no sólo natural en el Gobierno, sino que es también común en la familia, en donde impera el concepto tan injusto como ilógico, de que la mujer no puede ser otra cosa en la vida sino una excelentísima ama de llave o una amantísima criadora de hijos.

Es un concepto perfectamente primitivo, o en otros términos, anacrónico, porque el concepto universal de ahora es más noble y diferente. Hoy se piensa y se demuestra que la mujer es tan apta como el hombre para desarrollar las actividades de la inteligencia, con éxito honroso en todas las manifestaciones de la sociedad, y que no es justo que la mujer esté en todas partes desempeñando el papel ingrato de tonta eximia.

Colombia educa sus mujeres para la cocina, desentendiéndose en absoluto de la acción social y rodeando el ambiente en donde ellas asisten al espectáculo de su desarrollo corporal de una frivolidad decididamente ridícula hoy en día, propia para entendimientos inferiores y digna de asociaciones bárbaras.

También es común que este orden de cosas esté presidido por un criterio lírico y que se piense que no es necesario colocar en un mismo nivel la fuerza intelectual de los dos sexos, porque la mujer, como la flor, fue sólo nacida para ofrendarnos con su perfume.

Pero la lírica es el arte de proclamar en verso hermoso las más insignes imposturas”.

Lunes, 7 de junio de 1926. La Voz de Caldas

Ellas escribieron

Uva Jaramillo Gaitán. Foto La Voz de Caldas

Blanca Isaza, 1926. Foto Benjamín de la Calle

María de los Ángeles Cano Márquez, Flor del Trabajo 1925
Tomado del Banco de la República

Llama la atención este editorial por varias razones. Primero, por el contexto en el que se escribió, en una década en la que el rol de la mujer en Colombia era invisibilizado y más en un departamento conservador como Caldas; segundo, porque se puede deducir que detrás de este editorial había una mujer (que pudo ser Uva Jaramilla Gaitán, redactora de La Voz de Caldas y años después jefe de redacción) o un hombre que reconoció el trabajo intelectual de la mujer (en este caso pudo ser escrito por su director Eudoro Galarza Ossa o el gerente del diario Juan Bautista Jaramillo, escritor y esposo de Blanca Isaza, una de las mejores escritoras de Caldas); y tercero, porque que en los días siguientes se realizó en Manizales el reinado estudiantil, evento que valoró a las candidatas por el aspecto físico o por su moral intachable, y que llevó a los intelectuales del momento a elaborar bellos poemas líricos hacía la mujer… pero vacíos y llenos de imposturas.

Lo que es cierto es que en aquellos años varias escritoras dejaron sus textos en La Voz de Caldas. Algunas de ellas fueron María Cano0 (la Flor del Trabajo), Luz Estella (seudónimo de la tolimense María Irene Cárdenas Roa) quien publicó su cuento El río que llora en este diario; Uva Jaramillo Gaitán (nacida en Líbano, Tolima), quien el 20 y 21 de junio de ese mismo año publicó en La Voz de Caldas su relato El Campanero; y Blanca Isaza de Jaramillo, esposa del gerente del diario y quien sostenía correspondencia con las escritoras latinoamericanas Gabriela Mistral (Chile) y Juana de Ibarbourou (Uruguay). Las escritoras extranjeras también dejaron sus líneas en este periódico.

Ellas no fueron las únicas que publicaron en La Voz de Caldas: en sus ocho páginas diarias, 2 y hasta 3 páginas eran dedicadas a textos literarios, muchos de ellos escritos por mujeres.

Lunes, 10 de junio de 2019. UMCentral

 

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La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy.

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