Travesuras de un policial

La Voz de Caldas: 1926-2019

“No todos los agentes de la policía que cuidan de nuestra ciudad son estrictamente cumplidores de sus deberes sociales, muchos de ellos gustan de hacer travesuras como los holgazanes o como los muchachos. Uno de nuestros detectives sorprendió el jueves último al agente de policía número 17 saltando y haciendo maromas sobre la tubería que lleva el agua al matadero moderno, la cual está en el aire sobre la calzada cercana a la calle que se abre por los lados de este establecimiento y que por poco se revienta con el peso de aquel eximio maromero. Los vecinos informaron a nuestro empleado que son muy frecuentes las piruetas de algunos agentes de policía en los tubos del acueducto y en los carretas que por allí se guardan para el servicio del banqueo”.

Sábado, 5 de junio de 1926. La Voz de Caldas

Policías maromeros y coquetos

Policia en Pasto con distintos uniformes, para el servicio diurno y nocturno 1914. Foto Policia Nacional

Policías en Pereira. Foto Diario del Otún

Este malestar contra la policía era latente. Se le criticaba porque no hacía su deber de perseguir a quienes “dañaban” el orden público. La investigación Progreso y delincuencia:mecanismos de control social en Manizales 1910-1940, de Miguel Antonio Suárez Araméndix, Edwin Andrés Monsalvo Mendoza y Sebastián Martínez Botero, dice que en las primeras décadas del siglo XX los ciudadanos estaban preocupados por la presencia en Manizales de vagos, desocupados, ladrones y campesinos “que tras las jornadas laborales gastaban sus ingresos en las cantinas y prostíbulos”. Sostiene que estaban distribuidos por toda la ciudad, “generando alarma por el relajamiento de las costumbres inveteradas e intranquilidad en los paseos nocturnos que ahora contaban con el estorbo permanente de beodos irrespetuosos con los transeúntes, ante la mirada impávida de los inspectores de policía”.

Y en la policía recayeron las quejas ciudadanas. “La prensa fue un escenario expedito para manifestar la preocupación ante la desidia de las autoridades policiales de Manizales, que invertían todo su tiempo en ´el palique (coqueteo) con la sirviente de la casa´. Con lo cual, pasaban días, meses y años ´(…) sin que haya una mano, si se quiere, caritativa, que aleje a los niños de la inmoralidad y el vicio, y de aquí la causa para que los billares, las cantinas y las casas de prostitución se encuentran a toda hora del día o de la noche llenas de hijos de familia´”. Esta información fue tomada por los investigadores la revista Blanco y Negro (semanario que circuló en 1912, sus directores fundadores fueron Alfonso García y Francisco Montoya, católicos y conservadores).

Así como el número de policías era insuficiente para cubrir la ciudad, “también lo era la capacidad de estos para ejercer el poder ya que la estructura policial era enrevesada. Unos agentes tenían subordinación del Alcalde porque eran nombrados por estos, los municipales, que se distinguían de los demás por el gorro colorado y en general obedecían a cuotas burocráticas; mientras que los otros dependían de la Nación y el Departamento y no obedecían al Alcalde.

Viernes, 7 de junio de 2019. UMCentral. Sebastián Valencia

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy.

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