Tatuajes: conciencia ambiental en la piel

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“No todos los tatuajes tienen un significado, pero sí una historia”, afirma Bedir Martínez, biólogo egresado de la Universidad de Caldas que tiene tatuados animales, en su mayoría, escarabajos, como un llamado a la relevancia que representan para el ecosistema y el interés que tiene en investigarlos.

Martínez creció con sus padres en una finca de Manzanares, Caldas. A Manizales llegó cuanto tenía nueve años. Se graduó de la Institucion Educativa Inem Baldomero Sanín Cano y en el 2002 comenzó sus estudios de Biología Tropical Andina en la Universidad de Caldas. Desde pequeño, los escarabajos le llamaron la atención; todos los animales le gustaban, pero se quedaba observándo los cucarrones durante un largo rato.

Dichos animales son indicadores de calidad ambiental y traen muchos beneficios al ecosistema. “Si ellos no existieran, viviríamos en un mundo lleno de estiércol. Lo que hacen ellos es recoger estos residuos para procesarlos y hacer bolitas; en ellas es donde ponen el huevo y se alimentan ahí. Esto lo procesan y se vuelve tierra buena para airear el suelo”, dice el biólogo.

Desde el 2008, cuando comenzó su tesis de pregrado, Martínez trabaja con estos ‘cucarrones mierderos’ (como también se les conoce); y en el 2012 se ganó una beca con Colciencias como joven investigador para trabajar en el proyecto Método para marcar escarabajos coprófagos (Coleoptera: Scarabaeinae) y su implementación en los Andes de Colombia. “Comencé a ‘tatuar’ los escarabajos colocándoles un número en las alas duras y el caparazón”, explica.

Ese ejercicio se hace con la herramienta manual Mototool Stylus 1100 Dremel, cuya punta de piedra de esmeril (un tipo de mineral) ha resultado ser la más útil para obtener una marca limpia sin necesidad de aplicar mucha fuerza en el animal. Con este método, entre marzo y julio de 2012, se marcaron 1.886 escarabajos.

Su cuerpo, otro lienzo

De tatuarles las alas a los escarabajos, Martíenz pasó a tatuarse la piel. El biólogo tiene alrededor de 16 tatuajes en su cuerpo, inspirados en hechos particulares de su vida o en su gusto por estos escarabajos y los animales en general. “Desde los 25 años que me tatué quería que los tatuajes que me hiciera representaran partes de mi vida. No todos tiene significado, algunos son arrebatos, experimentos. Pero representan historias”, expresó Martínez.

Este biólogo, de 34 años, trabaja haciendo supervisión ambiental con la Empresa Municipal de Vías, EMVIAS. “Yo estoy velando porque no haya derrames, no tumben árboles, no contaminen fuentes hídricas, no quemen, no se lleven animales de zona”, comenta; además, ha establecido una red de comunicación con los trabajadores del campo para que le envíen las fotos de los animales que se encuentran en las vías, con fotos y ubicación en GPS.

Constantemente debe relacionarse con ingenieros, concejales y diferentes profesionales. Allí también lo tratan como un ingeniero y a él le gusta que vean que ese tatuado no es un “vago”, que sabe lo que habla, lo que hace y lo que quiere.

CUCARRÓN VERDE fue su primer tatuaje a los 25 años

Fabian Gaviria, biólogo amigo de Bedir desde la universidad y después compañero en algunos trabajos, habló sobre este tatuaje en particular que fue el primero que se hizo Martínez. “Él desde que inició su carrera trabajó con escarabajos coprófagos, son comunes, grandes, bonitos, y tienen hasta historia con la gente que antes jugaban con ellos, de niños cogían el escarabajo, lo envolvían en un hilo y lo dejaban como si fuera una cometica. Ese bicho es muy referente hasta culturalmente. Es el común mierdero. Además, en su tesis también trabajó con esta especie relacionada al cambio climático, estableciendo cómo podía cambiar la distribución del bicho con escenarios de cambio climático”.

No era normal hacer una tesis con bichos en la maestría que Bedir hizo en la Universidad de Manizales.

En el 2012 salió el libro Guía de escarabajos coprófagos del eje cafetero, nunca fue para vender siempre lo regalaron. “Nosotros mismos sacamos la plata, hicimos los textos, las fotografías. El libro es como un referente a nivel nacional ya y está citado por todos lados. Lo hicimos mi amigo de la tesis que es el autor y yo soy el coautor, y hay tres personas por protocolo”, explicó el biólogo. 

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