Stiven: prototipo de robótica y música

En portada
Para Stiven Martínez García la tecnología es una herramienta que se debe aprovechar para realizar cualquier labor. Foto Faubricio Gómez Grajales

Se dice que en el mundo no hay dos lugares iguales. Así pasa con las colinas de una ciudad en la Cordillera Central donde se construyeron las casitas que fueron formando lo que hoy es Manizales. Allí nació Stiven Martínez García, amante de los números, las letras, la música y la robótica. Camina tranquilo, como quien no tiene afán de llegar. Sus padres lo admiran porque es un joven que no se detiene y quiere saberlo todo. Le gustan los espaguetis, los poemas de Mario Benedetti, la música hardcore y la ingenieríaelectrónica. Detrás de esa figura pensativa, que cuando habla, mira hacia el suelo, hay un niño con hobbies y tareas de colegio; y sus sueños llegan mucho más lejos que las estrellas que se ven desde un telescopio.

Stiven no soporta un viaje a la tienda sin llegar con el corazón agitado. Es flaco, de tez blanca, de rostro ovalado y tiene unas pequeñas entradas en la frente que son el fenotipo de su papá. Los dedos de las manos son largos, como hechos para todo lo que disfruta realizar: tocar la guitarra, dibujar y tomar los lápices, ya sea para hacer una ecuación de trigonometría, escribir una frase profunda o calcular la inercia de los prototipos robóticos que construye con sus compañeros y profesores.

Proyecto internacional

Es un joven que sabe que el esfuerzo es el camino para lograr lo que quiere. Foto Fauricio Gómez Grajales

Estudia en el colegio Santo Domingo Savio. Al programa de Robótica llegó cuando estaba en noveno de bachillerato. Tenía 14 años. El laboratorio disponible no era más que una caja de cartón llena de placas, cables y circuitos con rueditas y tenazas. Este espacio fue tomando importancia y ahora, el profesor Jimmy Alejandro Jiménez Soto y los estudiantes Juan Esteban Salazar Sánchez y Sebastián Álvarez Castro, entre otros, hacen parte del equipo que trabaja en la construcción de prototipos. Ellos han competido con otras instituciones nacionales e internacionales; hace menos de un año, recibieron una invitación para participar en la competencia del Robot Rave Internacional en Albuquerque Nuevo Mexico, Estados Unidos; sin embargo, no lograron recoger los recursos para asistir.

Aún con las dificultades, Stiven y el grupo continúa trabajando. Por ejemplo, materializaron la idea innovadora Susbi, un dispositivo de domótica (automatización de espacios) que, por medio de una aplicación, realiza tareas como encender aparatos, regular la temperatura, informar sobre la luminosidad y humedad del ambiente y activar sistemas de seguridad de manera automática. El proyecto está en fase de instalación para adecuarlo al laboratorio de Robótica en el colegio.

La institución recibió un apoyo de la Secretaría de Educación de Caldas para mejorar las condiciones del espacio de experimentación. Esto ha permitido que los jóvenes construyan más dispositivos. Ahora Stiven y Esteban (que cursan grado once), junto con Sebastián, de décimo, están convocados al RoboRave en Beijing, China para participar en una de las competencias más importantes de robótica en el mundo. Será el próximo 19 de julio.

En el paraíso

La música es otra de sus pasiones. Foto Fauricio Gómez Grajales.

En Manizales hay barrios barrios levantados en pendientes, un sube y baja de calles, un abrir y cerrar de nubes con días calurosos que se adornan de lluvia y vientos de un momento a otro. Uno de ellos es El Paraíso. Es un lugar bonito, de gente humilde y trabajadora.

La modestia y el ambiente familiar se notan en la casa de Stiven, una vivienda de tres pisos, el segundo a ras de la calle. Allí vive con sus padres, su hermano mayor, su abuela y un tío. Él ha pasado la mayor parte de su vida entre estas paredes adornadas con pinturas de su hermano Juan Carlos, repisas y relojes. La abuela Teresa Cifuentes ofrece una sonrisa y dice: “Pase”.

Cuando Carlos Alberto Martínez y Adriana María García se conocieron, él, “nacido y criado en Manizales”, y ella, de la vereda La Loma, en el municipio de Salamina (Caldas), la vida tenía un sentido distinto. Ambos asistían a clases a la institución Educamos. Adriana estudiaba Secretariado Comercial y Carlos, Programación de Computadores. Tenían 20 años. Se enamoraron y no pasó mucho tiempo para que naciera el primer hijo: Juan Carlos.

La situación familiar se tornó difícil, él trabajaba en todo lo que podía y ella cuidaba al niño. Luego nació Katherin. Carlos descubrió que él padecía una enfermedad hereditaria degenerativa, retinosis pigmentaría, una extraña patología en la vista que afecta los bastones de la retina encargados de recibir la luz, se pierde la visión periférica y con el tiempo, se produce ceguera definitiva. Esto, junto a la difícil situación económica los hizo pensar en no tener más hijos. Sin embargo, con la noticia de otro embarazo se alegraron, y se armaron con amor y valentía para recibir a otro miembro en la familia.

La robótica, una pasión. Ilustración de RoboRAVENY2019

Stiven es un joven tranquilo, sonriente, con una personalidad taciturna que no se camufla del todo cuando demuestra alegría. Nació en medio de oraciones en la Clínica Versalles, cuando su madre después de dos partos a los 33 años, sufrió complicaciones y en medio del nacimiento se desmayó, se estaba desangrando y por un momento su corazón se detuvo. La batalla de los médicos fue compleja. Él finalmente vino al mundo a las 7 y 20 de la mañana del 22 de julio del 2002. El médico Carlos Siastoque y las enfermeras que recibieron a Stiven se quedaron tres horas más intentando salvarle la vida a su mamá, que después de distintas maniobras, lágrimas y oraciones. Despertó.

Cuando Stiven nació, cumplió el viejo refrán -los niños vienen al mundo con el pan bajo el brazo-. Cuatro meses después del nacimiento Carlos Alberto recibió una pensión por la enfermedad de sus vistas, que igual para sostenerlos a todos no es suficiente. Adriana, lleva cuatro años trabajando medio tiempo como empleada de servicio para cubrir todas las obligaciones domésticas, pues hace varios años que viven en la casa de la señora Teresa, mamá de Carlos.

Ahora con 16 años y su juventud a flor de piel, Stiven ha pasado por épocas difíciles. Un acontecimiento del destino lo hizo cambiar su manera de ver el mundo, dos de sus primos más cercanos y con los que más tiempo compartió en su niñez, fallecieron a causa de un osteosarcoma (cáncer en los huesos), primero Carolina y un par de años después, Sebastián. Este hecho causó una herida profunda en Stiven por lo que pasó de ser un niño tranquilo y aplicado a tener episodios de rebeldía, consumir drogas (que no son difíciles de conseguir en su barrio) y pasar por temporadas de profunda tristeza y depresión.

Los amigos y la pasión
El apoyo de sus padres, que con humildad lo han sabido guiar y le han realizado tratamientos, le ayudó a retomar la claridad en su vida. La música fue lo que le dio inspiración para continuar con una sonrisa a pesar de todo. Es algo que ahora disfruta, pues al escuchar las melodías de baladas y rock en español que produce en su instrumento, cierra los ojos y expone esa conexión especial con lo que puntea en las cuerdas.

Entre todos sus gustos e intereses, lo que más quiere hacer en la vida es ayudar, sea como médico, físico, ingeniero o neurocientífico. Stiven es un apasionado por la automatización, cree que las máquinas son útiles en la ciencia y la vida cotidiana para transformar las dificultades de la sociedad en algoritmos resueltos. Para él, el camino apenas empieza.

 

” Todo cambiará, sus bocas espumeantes llenas de rabia serán enjuagadas con las verdaderas expresadas por las mentes libres que no tienen miedo a ser calladas”, Stiven Martínez García

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