Amar y ser amado

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“Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le contestas que no”, esa es una de las famosas frases de Gabriel García Márquez sobre el amor. ¿Quién no ha caído por un beso, una mirada o un desarmor? En Página contamos dos historias: una tragedia y una comedia sobre el sentimiento más bonito pero más doloroso que existe.

Amor entre juguetes y dulces
Renata Marín Benavides tiene dos años. Sus ojos son oscuros, penetrantes como los de un halcón, mide un poco más de un metro y sus pestañas son largas. Le encanta jugar con los celulares. Juan Martín Gómez Herrera es un año mayor que Renata, su cabello es castaño, sus ojos café, es, como dicen en la guardería: “Grandote”. Le lleva chocolatinas Jet e incluso flores rosadas y rojas a Renata. Cuando se miran, ambos sonríen, en ese espacio se junta la picardía, la ternura y la inocencia. Ambos comparten sus juguetes: trenes, muñecos de trapo y un celular de Fisher Price. Lo que más les gusta es jugar con sus muñecas de Barbie y con un dinosaurio. Sus citas son todos los lunes, miércoles y viernes de 2:30 p.m. hasta las 7:00 p.m. Su primer beso fue cuando Renata tenía un año y Juan Martín dos. Él le da besos en la mejilla y ella con sus 4 dientes le sonríe, se pone las dos manos juntas en el rostro y se sonroja
Foto cortesía Luis Pérez Osorio

El anillo
Fabián Jiménez y Luisa Pérez Giraldo llevaban 5 años de relación, estaban enamorados. Ya habían decidido casarse. El 14 de abril del 2013 Fabián vestía una camiseta amarilla y Luisa una blusa que le llegaba hasta el ombligo, iban en un Twingo. A las 3:00 p.m. pasaban la vía que va de Manizales al Alto de Letras, una tractomula cargada de ganado se estrelló con ellos, Fabián murió. Diagnóstico: muerte cerebral.
Él tenía 32 años, alto, trigueño, pestañas largas y una sonrisa de oreja a oreja, según cuenta su compañera sentimental. El viaje era hacia Bogotá, le querían contar a sus familiares que se iban a casar.
Luisa tiene 37 años, mide 1,62, es delgada, cabello rubio y de labios gruesos. Recuerda que querían tener dos hijos: Luciana y Juan Manuel. Con lágrimas recuerda a su prometido. “Siempre será el amor de mi vida y lo volveré a ver”, expresa después de 7 años de la muerte de su amado.
El primer año fue el más duro para ella, estuvo en terapias psicológicas y su mamá y su hermana fueron las que siempre la apoyaron. Entre los objetos de valor guarda el anillo que la comprometió con el amor que se fue pero nunca olvidará.

 

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