Se necesita un hombre

La Voz de Caldas: 1926-2019

El Ferrocarril de Caldas necesita un hombre. El hombre que impulse los trabajos con todo vigor y con toda eficiencia y que se preocupe por darle a la empresa construida y en explotación una organización todos los días mejor.

Hoy en el Ferrocarril no hay nada, salvo que algún nombre quiera dársele a ese desorden que es ya proverbial y a esa lentitud con que los trabajos adelantan. Según cálculos muy acertados y muy estudiados, el Ferrocarril hace hoy cuarenta y siete días debió llegar a San Francisco, y no sólo no ha llegado, sino que ya hay hasta la desconfianza de que llegue algún día.

Empero, se gasta dinero, se concertan peones, se contratan ingenieros de buena calidad, pero todo en balde, porque los trabajos aparecen detenidos y la sección que está al servicio se está acabando, acabando.

El Ferrocarril de Caldas es hoy por hoy la obra que más desacredita el buen nombre de nuestro Departamento ante el país y ante nosotros mismos. Hemos batido el record en la lentitud constructiva, porque en más de once años tenemos sólo en mal servicio menos de ochenta kilómetros y hemos gastado más de seis millones de dólares. De oro podría ser todo aquel enrielado y de piedras preciosas los edificios de las poquitas estaciones inauguradas.

Se recibe la impresión de que hay en esa empresa una fuerza oculta que trabaja por aumentar el descrédito del Ferrocarril en su parte construída, y una fuerza de inercia que se opone a que la obra en construcción avance. Una de las cosas más penosas que puede uno tener en su vida es viajar en el Ferrocarril de Caldas. Cuánto tiempo se pierde. No hay itinerarios. No hay comodidad. No hay eficiencia en el viaje. No hay capacidad para el comercio.

Esa fuerza oculta y esa fuerza de inercia, consisten en la carencia de la unidad directiva. En el Ferrocarril de Caldas todo el mundo es director. El Gobernador. El Secretario de Hacienda. El Gerente. Los conductores. Los freneros. Y por último los ingenieros. Los ingenieros que son los que más saben son los que en el ferrocarril menos mandan. Sus teorías científicas no pueden aplicarse sino cuando tienen el visto bueno de aquellas gentes, que por tantas cosas querer saber todas las confunden.

En el Ferrocarril falta un hombre. Un hombre que sepa, que acometa, y que cargue solo con la responsabilidad de la dirección.

Ese hombre lo tuvo una vez. Y qué bien anduvieron allí las cosas por aquel entonces. El Ferrocarril estaba sepultado en Dosquebradas, y ese hombre lo trajo hasta La Capilla. Y allí en La Capilla está, desde que ese hombre se retiró de la empresa. Hacemos referencia a don Francisco Jaramillo Ochoa, verdadero espíritu de organización, clara inteligencia ensanchadora, ejemplo raro de laboriosidad y de eficiencia.

Cuánto hizo ese hombre en los meses que estuvo al frente de la Empresa, y cuánta es la deuda que contrajo con él el Departamento. Y cuánto ha dejado de hacerse, y cuánto se ha retrocedido durante el corto tiempo que hace que don Francisco dejó de ser el Gerente de la Empresa.

No habrá otro? Sí lo hay, si es que lo quieren buscar. El mundo no está roto y un hombre bueno en alguna parte debe haberlo.

Pero en todo caso el Ferrocarril de Caldas necesita un hombre.

Jueves, 20 de mayo de 1926. La Voz de Caldas

Don Pacho, un hombre

rancisco Jaramillo Ochoa y familia. Foto del blog historiayregion

Francisco Jaramillo Ochoa nació en Envigado (Antioquia) en 1865. Fue un viajero negociante. Don Pacho, así lo llamaban, fue alumno de Marco Fidel Suárez (presidente de Colombia entre 1918-1921). Estudió ingeniería en la Escuela de Minas de Medellín; buscó oro en Caramanta y en Urabá (Antioquia) y obtuvo una gran fortuna con una sociedad rematadora de rentas que operó en Marmato (Caldas) y en el Valle del Cauca.

Luego se estableció en Manizales, aquí fue director del Ferrocarril de Caldas durante varios meses. Además fue socio fundador de la fábrica Cementos Valle, contratista de obras civiles como la carretera de Cali al mar; desvió el río Risaralda para proteger el puerto de La Virginia de inundaciones; montó trilladoras de café y dio impulso al puerto de La Dorada.

Como director del Ferrocarril concibió la idea de conectar a Cartago (Valle del Cauca) con Medellín. En 1926 finalizó la construcción de la malla ferroviaria que unió a las tres ciudades principales del Antiguo Caldas (Manizales, Pereira y Armenia) y a las tres con Cali y Buenaventura. Así benefició a la región durante 33 años, hasta que, en 1959, el Ferrocarril de Caldas dejó de funcionar.

En honor de este hombre, en La Virginia (Risaralda) hay un puente sobre el río Cauca que lleva su nombre.

En muchas páginas de la novela Risaralda, Bernardo Arias Trujillo, se estamparon los recuerdos de este empresario con corazón de arriero, que cansado de realizar proyectos entregó en Medellín su alma al Creador el 28 de septiembre de  1951.El presidente Lleras Camargo reconoció la labor de Francisco Jaramillo Ochoa al condecorarlo con la Cruz de Boyacá;

Información tomada del texto Francisco Jaramillo Ochoa y el valle del Risaralda, de Alfredo Cardona Tobón (historiayregion.blogspot.com)

Lunes, 20 de mayo de 2019. UMCentral. Santiago Zapata

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

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