El concurso para la Catedral

La Voz de Caldas: 1926-2019

La Diócesis abrió un concurso para premiar con determinada cantidad de dinero el mejor plano que se presente para la Iglesia Catedral, concurso que según cuentas tiene el beneplácito de la Junta constituida para adelantar con actividad y con eficacia los trabajos de reedificación de aquella santa casa.

Esa iniciativa denota sólo una cosa: el propósito de hacer una grande y bella iglesia. Y este propósito es para los manizaleños y en general para los hijos de Caldas, motivo de la más viva satisfacción y nosotros la aplaudimos con todo entusiasmo.

Pero vamos a permitirnos exponer algunos conceptos desacordes en esa iniciativa, en la esperanza de prestarle un servicio a la iglesia y a la sociedad.

No somos partidarios del concurso. Ni de éste ni de ningún otro. Los concursos han degenerado hoy un refugio de la mediocridad inédita. Pero son otras las razones particulares que tenemos.

El concurso retardaría considerablemente la reconstrucción de la Iglesia Catedral, y el deseo de todo el mundo y la necesidad social es que los trabajos inicien ya. Naturalmente ha de concederse un plazo prudencial para la ejecución de los planos, dos meses por ejemplo, porque ellos no pueden hacerse de una noche para otra, si es que ha de intervenir gente seria en el concurso. La calificación, que no podrá hacerse en Colombia porque hay que suponer que todos los arquitectos nacionales tomarán parte en el concurso, ha de hacerse en el exterior, en Francia o en Italia, por ejemplo, y demorará en estas condiciones, en el tiempo de envío, de examen y de regreso, por lo menos ocho meses, y tenemos así diez perdidos.

Vamos a ver ahora el plano que obtuvo el premio. Necesariamente ha de tener estas condiciones: guardar armonía con el terreno en que la Iglesia va a edificarse, según su resistencia y según su extensión; y amoldarse a los recursos financieros de que puede disponerse para la construcción de la Iglesia.

El plano premiado seguramente será el más hermoso. ¿Y si ese plano hermoso corresponde a un edificio todo de mármol, y a un presupuesto de diez millones de dólares? No podremos darle aplicación porque ni el terreno es capaz de resistirlo, ni nosotros jamás de pagarlo.

En las bases del concurso no pueden darse las explicaciones, es decir, no puede decirse que el terreno es pequeño, que la tierra no es resistente, que los temblores son frecuentes entre nosotros, que el dinero para la ejecución de la obra no es mucho, porque eso sólo debe decirse al arquitecto que va a hacerse cargo de la construcción.

El autor de los planos de un edificio es el llamado a desarrollarlos. ¿Y si el vencedor del concurso está ausente y no puede venir a Manizales? Se encargará a otro arquitecto para su desarrollo y seguramente el plano será variado en substancia y mal ejecutado, porque sucede que es más difícil de lo que parece la interpretación de un plano ajeno, que en la apariencia no es sino la fantasía del autor, y en tal caso ha ocurrido este fenómeno: que la construcción se hizo de acuerdo con un plano nuevo, que quizás guardó una remota relación con el vencedor en el concurso, pero al fin y al cabo este resultó inútil porque se concedió el premio a un plano y se le dio aplicación a otro.

En fin, hay otras razones para oponer al propósito del concurso, pero bastan por hoy las expuestas.

Lo indicado es que la Diócesis entre directamente en negociaciones con el arquitecto o grupo de arquitectos que ofrezcan mayores garantías por su honorabilidad, por las condiciones en que se encuentren para el cumplimiento de contratos de esta naturaleza, por su sabiduría y por la práctica que tengan en la construcción de templos.

Todas estas referencias pueden adquirirse y de esta manera puede obtenerse un plano hermosísimo proporcionado a las condiciones topográficas de Manizales, y a los recursos financieros de que puede disponerse, y fuera de estas ventajas, se gana la preciosísima del tiempo.

Catedral de Manizales en construcción

Miércoles, 19 de mayo de 1926. La Voz de Caldas

Así nació la nueva Catedral

El concurso mencionado en La Voz de Caldas no arrojó buenos resultados, pues solo se presentaron tres concursantes: Benjamín Eduardo Canals Dussán, Manuel Rincón O. y el italiano Gian Carlo Bonarda. Por eso, en 1927, se decidió buscar en París a los manizaleños Miguel Gutiérrez A. y Victoriano Arango, para que gestionaran allí el concurso. Se presentaron propuestas de cuatro arquitectos franceses: Paul Tournon, Pouteraud, Umbdenstock y Julien Polti. El jurado, conformado por Paquet (contralor general de Francia) y Blachette (constructor y revisor de construcciones religiosas) revisaron estas propuestas más las tres iniciales, y dieron como ganador la de Julien Polti.

El 5 de febrero de 1928 comenzó la construcción de la Catedral a cargo de la firma italiana Papio Bonarda y Compañía (que también erigió edificaciones emblemáticas como las de los señores Estrada, Villegas, Sanz, Aquilino Villegas, Pedro Escobar y el demolido teatro Olympia). Entre 1929 y 1935 se detuvo la construcción por la crisis mundial (Gran Depresión).

El 29 de septiembre de 1939 la construcción de la Catedral Basílica Metropolitana de Nuestra Señora del Rosario de Manizales es finalizada.

Catedral de Manizales hoy

El pasado 13 de marzo del 2019, el Centro Histórico de Manizales, del que la Catedral es la edificación central, recibió la certificación de la firma Acert S.A. como destino turístico sostenible

Doming0, 19 de mayo de 2019. UMCentral. Santiago Zapata

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

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