La calle Real de Neira (Caldas)

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Ese lugar por el que décadas atrás pasó la realeza española, con sus casas de balcones coloridos desde donde veían a los reyes caminar, es el símbolo del municipio de Neira. Pero hoy la Calle Real, como se le conoce, ya no es patrimonio arquitectónico, ni histórico, ni cultural, como dice el historiador Adalberto Zuluaga.

Su historia

Este pueblo de encanto, arquitectura paisa y paisaje montañero, nació en 1841, se trasladó al sector de Pueblo Viejo en 1842, fue fracción municipal el 10 de junio de 1843 y municipio o distrito parroquial (porque la figura más destacada era el párroco) el 31 de octubre de 1844, aprobado oficialmente por la Presidencia de la República el 29 de noviembre de 1844. Su nombre se dio en honor al general boyacense Juan José Neira.

Pero no siempre se le conoció como Calle Real. Néstor Fabio Jaramillo, coordinador de la Biblioteca Municipal de Neira, expresó que “la llamaban Calle Caliente porque era donde estaban los principales negocios de la localidad: carnicerías, almacenes de abarrotes y tiendas”. Por allí transitaban todas las personas que venían de Salamina, Filadelfia y Aranzazu. Calle Caliente dejó de ser la calle principal y se trasladó a una cuadra la iglesia, donde está hoy en día.

Algo que conserva Neira en su Calle Real son los carritos de dulces. Anteriormente, las personas se colgaban sus chazas (como les llaman) al cuello. Lázaro Alzate Jaramillo fue uno de los primeros que montó su puesto de dulces hace 25 años. “Anteriormente, mi puesto de dulces era una bodega, porque vendía chances; lo utilizaba para guardar papelería”, cuenta.

Hoy, a los vendedores de dulces los trasladaron provisionalmente al parque principal porque la Calle Real pasará a ser peatonal.

En bahareque

Lo que más destacaba su arquitectura eran las casas de dos plantas con balcón, de un tamaño de casi media cuadra, pues las parejas que se casaban se iban a vivir con su familia. Eran estructuras de bahareque, con tejas de barro, pisos y maderas acerradas. Al igual que el tiempo, la hormiga blanca y el comején han pasado factura. Y según Néstor Fabio Jaramillo, quedan pocas viviendas que conserven la arquitectura tradicional.

Diferentes historiadores no están de acuerdo con las modificaciones que ha tenido el municipio, pues argumentan que se trata de un patrimonio histórico y no se debería modificar. A pesar del cambio, las calles no dejan de ser bellas y su Calle Real no deja de ser amañadora.

Lázaro Alzate Jaramillo vende dulces en la Calle Real desde hace 25 años. Dice que los cambios que ha tenido el lugar son positivos. Foto Laiura Betancur Giraldo

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