Dicen que el cuerpo es… apariencia, engaño

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El siguiente texto es tomado del Archivo de Página de la edición 236 / Mayo de 2018


Por Daniela Ramírez Zuluaga

El cuerpo y la corporalidad han sido objetos de múltiples estudios desde el punto de vista cultural,  filosófico y artístico, atribuyéndosele así distintas concepciones. En los cuatro textos sagrados de la India, conocidos como Vedas, se inscribe que para el cuerpo existen dos mundos: el real y el de las apariencias, el real corresponde al espíritu y el de las apariencias al cuerpo impuro. Para Platón, el cuerpo es la cárcel o sepulcro del alma, el cual está destinado a desaparecer por su inferioridad y mortalidad. En el mundo de lo artístico, el cuerpo es una experiencia cultural que cuenta una historia, donde además es visto como una composición susceptible a cambios o mutaciones, que se asumen y crean nuevas realidades, es decir, es multidimensional.

El cuerpo y la corporidad fue uno de los grandes temas de la pasada XVII versión del Festival Internacional de Imagen, que se realizó en Manizales a comienzos de mayo. Bajo el concepto de mutaciones se expusieron obras y se discutieron diversidad de concepciones.

Obra Chateau de Ors, de Luis Caballero

Un cuerpo que se transforma

Históricamente, los pueblos no occidentales han normalizado las alteraciones corporales y han buscado otras formas de representarse en el mundo, pero no solo eso, sino que de cierta forma, retan a la misma naturaleza. El curador y docente de arte de la Universidad de Caldas, Diego Escobar Correa, indica que es importante ver el cuerpo de otras maneras y con mutaciones, porque esto da nuevas posibilidades de existir en una realidad del mundo. “Ir naturalizando un cuerpo que llega a ser extraño y ajeno, abre paso a las posibilidades que el cuerpo nos puede generar, y también a ir perdiendo la idea de un cuerpo que la misma cultura en algún momento ha sembrado o nos ha obligado a asumir”, expresó Escobar Correa.

De cierta forma, tenemos que desprendernos de la idea occidental que plantea que el cuerpo es una pieza completa, el cual, si le llega a faltar algo o tiene alguna transformación, es tildado como extraño, raro, deforme. Esta es la finalidad de la obra El Mundo de Mutatis Corpore,  presentada en el Festi-Imagen por el colectivo conformado por Ricardo Arce, Alejandro Guzmán, Diego Ríos y Joaquín Erazo.

En ella se presenta de manera multimedia a criaturas mutantes coma construidas a partir de fragmentos de órganos de otros cuerpos humanos y que adquieren una realidad a partir de la ficción, como una especie de Frankenstein del siglo XXI.

Alejandro Guzmán Ramírez señala que el cuerpo humano evoluciona y no está ligado simplemente a verse en una sola faceta. “La experimentación conceptual alrededor de lo que es la forma: cómo nos vemos, cómo nos visionamos en el entorno y como todo de alguna forma es parte orgánica del mismo mundo, crea identidad para estar involucrados en él. Somos parte del ecosistema, sin importar nuestra forma”, puntualizó Guzmán. También allí, se habla de la identidad de cada ser que crea su propia realidad a partir de la percepción del mundo.

Más allá de la concepción social y cultural del cuerpo,  Bárbara London, curadora de arte estadounidense, define los cambios de corporalidad como una tarea del arte, que se ven influenciados desde el punto de vista que tenga cada artista. Además, dice que la preocupación de los realizadores frente a estos temas debería estar en ofrecer a los espectadores algo que puedan transformar ellos mismos y no dejarlo todo intacto a cómo se presenta.

Pero en el arte nada está escrito. Orland (Mireille Suzanne Francette Porte), artista francesa, ya en el siglo XXI se inserta en una sociedad mediada por el espectáculo y la belleza superficial de los cuerpos. Ella hace fuertes cuestionamientos sobre lo “divino” y lo “profano” con su obra La reencarnación de Saint Orlan. En esta obra fotográfica y audiovisual, la artista se somete a múltiples cirugías plásticas en la búsqueda de tener los rasgos más característicos de las madonas de las pinturas del Renacimiento, por ejemplo, un cirujano le interviene su frente para que se parezca a la frente de la Mona Lisa de Da Vinci, otro le arregla el mentón para que sea igual a la de Venus de Botichelli. Con esto, Orlan intenta cuestionar a los grandes líderes religiosos en el mundo occidental porque ella busca “reencarnar”, hacer el verbo carne, modificar su cuerpo para ser “una santa” y “una bella”.

Obra ‘El Mundo de Mutatis Corpore’

La realidad de los cuerpos.

Cuando se habla de las mutaciones corporales en el arte, se trata de crear seres que pueden ser reales o ficticios (un ejemplo de lo real es Orlan, pero también quienes se hacen modificaciones en el cuerpo, como tatuajes, y por qué no, quienes tienen cuerpos en los que se unen carne y metal, carne y madera…),  y que adquieren una personalidad o identidad de acuerdo a lo que se quiera transmitir. Un ejemplo de ello, fueron las obras del artista colombiano Luis Caballero Holguín, quién tras el auge de las revoluciones sexuales surgidas entre 1960 y 1980, comenzó a representar cuerpos masculinos, desnudos, fragmentados, solitarios o en conflicto con otros cuerpos para expresar su condición sexual, pero más importante aún para poner en evidencia la creciente necesidad de las personas de tener contactos más cálidos, sensuales y eróticos con el otro.

De esta manera, el cuerpo se convierte en un actor de una realidad. Otálvaro Idárraga, piensa que “en la corporalidad está la respuesta al actuar humano, por algo tenemos un cuerpo…somos un cuerpo. El cuerpo es lo más cercano que tenemos y por eso se crean ‘personajes’, para las realidades que vive la humanidad”. Esto concuerda con lo dicho por la curadora americana London, pues para ella estamos en un constate conflicto para reconocer lo que es ficción, de lo que no lo es. Incluso, al ser el arte un lenguaje tan subjetivo, los espectadores buscan creaciones que entiendan y que los relacione con su cotidianidad, es decir, con las situaciones a las que se ven enfrentados frecuentemente en su vida, su realidad.

El cuerpo y los personajes se leen y por medio de la artería, se permiten abrir muchos caminos para entender la realidad. Escobar Correa piensa que el hombre está en un constante cuestionamiento sobre su cuerpo e identidad, y por ello trata de retarlo y modificar su desempeño, lo cual se puede llegar a ver como una ficción, sin salirse de la realidad. Además, esto corresponde a un hecho histórico, en donde estamos en una ardua búsqueda de identidad, por medio de la aceptación corporal.

Así es como desde la representación corporal de los seres, se puede encontrar una realidad o una ficción de acuerdo a los lineamientos de modificación que estos tengan. Aunque no siempre se pueda confiar de las percepciones para encontrar lo real. “El cuerpo es apariencia, engaño”, dijo Ana Gimeno-Bayón Cobos en su libro publicado en 2013.

Foto archivo del artista

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