Trece hachazos

La Voz de Caldas: 1926-2019 UMCentral

El sábado en la noche, a las siete, se registró en el punto llamado “ Cascarero”, en la parte alta de propiedad del señor Rodas, un acontecimiento trágico y verdaderamente inexplicable; Alejandro Izquierdo, natural de Anolaima, y peón del señor Juan Bautista Vásquez, en momentos en que la esposa de éste salió a la manga a bregar con unos animales, entró al cuarto donde Vásquez estaba recostado y armado de una hacha, sin más ni más, le dio trece hachazos, en uno de ellos le partió el cerebro.

En momentos en que estaba matando de esta manera Vásquez le preguntó a Izquierdo.

-¿Por qué me matas?

Izquierdo no contestó  ni una sola palabra, y creyendo que ya lo había matado emprendió la fuga sin que hasta ahora se hubiera podido capturar.

El señor Inspector 3º, don Vicente Abad, se trasladó ayer al lugar de los acontecimientos a investigar este crimen, pero el herido no pudo dar ninguna explicación satisfactoria, pues no hacía mucho estaban departiendo en la cocina de la casa cordialmente todos.

Tampoco la mujer de Vásquez pudo decir nada que esclareciera los sucesos.

En un principio se creyó que la mujer pudiera estar comprometida, y fue capturada, pero hoy fue puesta en libertad en vista de que ningún cargo resultaba contra ella.

El herido se halla en el hospital al cuidado de los médicos, pero se cree muera de un momento a otro.

Los balazos de ayer

Ayer en el establecimiento de “La Traviata” Rafael Cárdenas disparó tres balazos sobre el señor Víctor Orozco, parece que por cuestión de juego, y alcanzó a herirlo solo con una en un brazo. El agresor se halla preso.

Lunes, 26 de abril de 1926. La Voz de Caldas

Policía cívica

Policias con sus uniformes a finales del siglo XIX. Foto Policia Nacional

En aquellos años de comienzo del siglo XX los ciudadanos de Manizales estaban preocupados por el aumento de los delitos. Decían que una de las causas era la llegada de extraños de otras ciudades a Manizales por ser un polo de desarrollo. Esos foráneos llegaban a mendigar, a prostituirse, a cometer delitos y a atentar contra la llamada moral. Por esa causa y otras (como los incendios de 1922, 1925 y 1926) aumentó el deseo de conformar una policía cívica.

Cuenta la investigación Civismo y Educación en Pereira y Manizales (1925-1950): Un Análisis Comparativo entre sus Sociabilidades, Visiones de Ciudad y Cultura Cívica, de Jhon Jaime Correa Ramírez, que la idea de crear policías cívicas generó polémica (como ocurre hoy), porque se pudo pensar que era como conformar grupos de ´para-policías´.

“Esta situación puede ser analizada en varios sentidos, ya que si bien se denota el alto sentido de responsabilidad de algunos ciudadanos ´de bien´ que prestaban sus servicios de vigilancia policial sin ningún pago o estipendio de por medio, también nos lleva a cuestionarnos ¿por qué tenía que velar por su propia seguridad la misma ciudadanía?, ¿cuál era realmente la situación de orden o inseguridad en la que se encontraba la ciudad que motivaba a incrementar el pie de fuerza ´policivo´?, ¿qué tan cívica era la ciudad o era que ya existían un sinnúmero de problemas de delincuencia y marginalidad? Lo anterior igualmente nos permite cuestionarnos respecto a la eficacia del discurso cívico ya que estos grupos debieron recurrir a la aplicación de variados dispositivos de control social en colaboración con las autoridades locales”.

En las primeras décadas del siglo XX se consolidó la creación de la policía cívica en Pereira y Manizales. Esta policía parece que funcionó para un caso coyuntural como fue el incendio de 1926. Pero pudo ocurrir, según Jhon Jaime Correa Ramírez, que se generara “una cierta paranoia cívica que motivaba a las autoridades de cada ciudad a proponer que todo buen ciudadano cívico debía llevar un policía en su fuero interno, según el siguiente caso: A causa de la destrucción de árboles en las diferentes avenidas de Manizales por ´personas que así demuestran su incultura y el poco amor por la ciudad´, el alcalde de Manizales, Julio Ángel (alcalde entre 1938 y 1939), planteó que ´es deber de todo buen manizaleño por nacimiento o por adopción, vigilar y amparar las obras de embellecimiento de la ciudad y propender por su progreso y mejoramiento´. Por ello creó la policía cívica que tenía la misión clara: ´vigilar la obras de ornato de la ciudad, con especialidad de la arborización de la Avenida Cervantes´.  ´Toda persona vista destruyendo árboles u otros espacios de la ciudad será llevado a la cárcel por 5 días´”.

En el texto Progreso y delincuencia: mecanismos de control social en Manizales, 1910-1940, de Miguel Antonio Suárez Araméndix, Edwin Andrés Monsalvo Mendoza y Sebastián Martínez Botero, se comenta: “La definición de delincuente entregada por la Estadística carcelaria en los inicios del siglo XX en Manizales, parecía dejar atrás la imagen de hombres y mujeres destinados al castigo físico y a la muerte. En su reemplazo proponía nuevos modos de control tendientes a reformar la moral enferma de quienes no se ajustaban al parámetro de lo concebido como correcto durante ese tiempo. Allí se elaboraron estrategias de resocialización y educación que buscaron enseñar al joven un oficio que le diera sustento y lo insertará a la sociedad de forma productiva. En este nuevo rol que adquiría el Estado, necesitaba de la colaboración de la sociedad (específicamente de las familias) para controlar la delincuencia, especialmente de la derivada de los menores de edad. A esta, se le pedía que no tuvieran contemplaciones ni tolerancias con los malos comportamientos de sus hijos ya que la delincuencia era el resultado de la mala educación”.

Jueves, 25 de abril de 2019. UMCentral

Avisos de ayer

 

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

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