Inestabilidad de la tierra en Manizales

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A propósito del Día de la Tierra, en UMCentral se recuerda una nota especial que se hizo hace aproximadamente dos años en abril del 2017 por la tragedia invernal que se presentó en Manizales, en esta, se habla sobre el mercado de tierras en la ciudad.

La tragedia que vivió Manizales desde la madrugada del miércoles 19 de abril dejó un saldo parcial de 75 viviendas destruidas y más de 400 familias evacuadas en los barrios como Aranjuez, Persia, González, Granjas y Viviendas, Ruta 30, Sierra Morena, Cedros, Villa Carmenza y los barrios Molinos y Santa Ana de Villamaría, entre otros.

La ministra de vivienda de ese entonces, Elsa Margarita Noguera, visitó el 20 de abril del 2017 la capital caldense con el fin de evaluar los proyectos de reubicación de las personas que perdieron su vivienda o habitaban zonas de alto riesgo.

Julio Fernando Salamanca Pinzón.  Foto tomada de La Patria.

El arquitecto y docente de la Universidad Nacional de Manizales, Julio Fernando Salamanca Pinzón, resume la relación entre vivienda de interés social y zonas de alto riesgo como una situación de mercado de tierras que genera que las viviendas más económicas se ubiquen en las periferias de las ciudades con problemas de riesgos de desastres, también señaló que “los suelos de Manizales son de suma inestabilidad y los mejores suelos, que son escasos, se quedan en el mercado formal mientras que la gente de menos recursos tiene que vivir en terrenos riesgosos.”

Salamanca Pinzón, experto en viviendas para comunidades vulnerables y con sentido social, considera que la construcción informal es una realidad que genera alto riesgo y que el origen de algunos barrios de Manizales es precisamente ese: la autoconstrucción, o la construcción comunitaria sin suficiente apoyo profesional.

“Aranjuez es un barrio antiguo, con historia y consolidado, pero esa tradición sociocultural no quita que esté en zona de riesgo. Lo mismo Persia. Seguramente los constructores formales cumplen hoy con todas las normas, pero la gente que compra el lote que apenas puede pagar y construye su casa no tiene acceso a asesoría profesional y por eso seguimos presenciando el fenómeno de la informalidad, de viviendas que no cumplen con todos los requisitos”, explica el profesor Salamanca.

Agregó que las políticas de vivienda social en América Latina se basan en modelos de subsidios de vivienda. “En mi concepto ese modelo genera que los constructores privados no tengan mucho estímulo para entregar casas cómodas y confortables y eso se evidencia en el detrimento de la calidad de las viviendas, que son cada día más pequeñitas, sin acabados y en obra negra.” Él considera que los recursos que se usan en la política pública de vivienda estarían mejor empleados si se destinaran para apoyar a la gente en otra forma. El mayor constructor social es la gente: más del 50% de la vivienda es informal, la hace directamente la gente. Incluso la CEPAL habla del 90% en algunas zonas.  Pero a la gente que construye sus casas le falta apoyo técnico, capacitación, supervisión y por eso quizás sería mejor pensar en créditos que en subsidios, concluyó el profesor Julio Fernando Salamanca.

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