El Evangelio según cualquiera

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Después de una semana de Pasión, muerte y resurrección, UMCentral cierra este tiempo con un reportaje que aborda el tema religioso y de devoción como una metáfora viviente de situaciones que, a diario, personas del común sobrellevan: Sus propios Viacrucis.


El siguiente texto es tomado del Archivo de Página de la edición 145 / Abril 13 al 27 de 2009


Por Leonardo Cárdenas

En el principio eran montañas y las montañas eran con el colonizador, y las montañas fueron del colonizador. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba el poder, y el poder era la luz o la perdición de los hombres. Las luces en las tinieblas resplandecían, y las tinieblas en la luz permanecieron. Hubo un cualquiera descendiente de ese colonizador que da testimonio de los crucificados y reunidos, de los redimidos y condenados de esta tierra. Da testimonio a través de las siete palabras que pronuncio Jesús grapado en la Cruz.

Capítulo 1

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen (LC.  23. 34).

1Es la tercera historia que escucha sobre el mismo tema. Un tipo a golpeado a una mujer.  Julia Clemencia Duque Cañas, la trabajadora social de la comisaría segunda de familia de Manizales, no puede contener el golpe. 2Su diploma crucificado en la pared taciturna de su oficina la regreso a sus cabales. Llena el formato con tinta negra, le da un par de indicaciones a la golpeada Y la deja ir de su recinto. 3Se manda sus manos, de uñas pintoreteadas,  a la cabeza,  y reclamándole a las estrellas dice con voz tenue: “Me desmoraliza que las mujeres pierden su dignidad por como las tratan y piensen que se lo merecen.  ¡Me mata  eso!”.4Y es que ella, desde hace 5 años y varios meses, es la dueña de la caja de Pandora de la violencia intrafamiliar, de los maltratos y abusos de la ciudad,  en donde… según su experiencia, las mujeres siempre terminan condenadas a una hoguera en vida.5Entra una señora, a la que la mano dura de su compañero y sus palabras con vocación de puñaladas le han azotado por años.  Le cuenta a Julia su historia, pero redunda, los moretones y los ojos mojados hablan sin hablar.  6Julia no juzga,  pero detrás de cada agresor hay un camino lleno de piedras y caídas, que no conoce.  ¡Padre,  perdónalos porque no saben lo que hacen!,  parece decirse a sí misma.7Luego, saca otro formato y continúa siendo testigo del calvario, que resucita diariamente.

Capítulo 2

En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso (LC 23, 43).

8Ahí, enclaustrado, con más de un ladrón a cada lado, está la tienda El Paraíso ubicada, y que valga la redundancia, en el barrio El Paraíso, en la calle 48c, carrera 39. 9Existe hace más de 6 años y no da cuentas de razón social. Su propietario, Javier Orlando Ramírez, de posición meditante, de ojos como los de una pintura gringa de Cristo, ha edificado su tienda: una casa de muros verde limón, con rejas metálicas blancas (por si las moscas), más bien introspectiva, como su dueño, quien todos los días vive en un purgatorio por sus vecinos, así es difícil sobrevivir.
10“Las arepas y los buñuelos son el pan de cada día”, dice con particular calma, en medio de su paraíso efímero, en el corazón lleno de arterias en obra negra. 11Y aunque el barrio tiene una reputación cagada, don Javier asegura que “cada quien hace su paraíso”. Al tanto que contempla un recuerdo del diciembre pasado, un pesebre pintado en un sardinel de su tienda. 12Su realidad no será el edén, pero igual le va basta… no se mete con nadie y se mantiene ocupado, seguro de que el milagro de los panes y los peces fue cosa de solo un día.

Capítulo 3

Madre, he ahí a tu hijo, hijo he ahí a tu madre JN (19, 26-27).

13Recuerda esas opiniones de ambigua procedencia que, hace 6 años y 14 meses, le habían desnudado un par de dudas. María Lida López no se arrepiente de nada, su hija le brindó el medio para realizarse como madre. 14Sirve una tacita de café y se sienta en la sala de su casa en Bosques del Norte. La tarde del sábado se pone su abrigo gris. Siente ese remordimiento clásico, de cuando un padre corrige a su retoño. “Criar a un hijo es más difícil que tenerlo”, asegura. Pero eso no lo podía saber con seguridad, los ovarios de Lida no pertenecen al libro del Génesis, por eso adoptó una niña, sin tomar los lapidarios comentarios de familiares y amigos. 15Cuando su esposo Carlos Alberto Buriticá la convirtió a la maternidad… no hubo papeleo, ni charlas, ni períodos de espera que les quitara el sueño de ser padres. 16Aún tenía tinto en la porcelana, pero no lo bebió de golpe. “Ángela María, ven por favor”, solicita María Lida. Y el segundero del reloj no había dado ni un cuarto de vuelta, cuando una bella morenita de seis años desciende. “¿Qué, mami?”, responde la niña con Hello Kitty en la garganta. La madre la toma entre sus brazos, le besa la mejilla, el color de su piel contrasta con el de su hija.

Capítulo 4

¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado? (MC 15. 34).

17En alguna parte de la Biblia dice que adorarás a un único dios, al que no se nombra (…). Pero siempre conviene tener a otros encadenados en el sótano. Quizá Esa fue la historia de Richard Millán, quien, como muchos, le puso velones al dios política y salió quemado. 18Hoy, después de haber sanado de las quemaduras, da testimonio de fe y evoca su sueño de gobernar a La Unión, tierra prometida del Valle del Cauca. Por proclamar su candidatura de alcalde, sacrificó familia, tiempo, dinero y descanso. 19Según él, su entrega en ese período electoral fue total, jugó limpio, nunca intentó comprar un voto… hasta se burla: “Cuando hay elecciones, la gente no tiene mercado, se les dañan las cosas”. Aunque esa no era su estrategia, tuvo un buen número de votos que no le bastaron. Se sintió mal.
20Como hijo pródigo regresa a la Universidad de Manizales, al estudio de televisión para dirigir desde allí. Sentado en su oficina, llena de fotografías que relatan sus experiencias, él ríe, le hace gracia esa experiencia que hace dos años le dio una fuerte lección. 21Pero el gusanito sigue ahí. Luego de pasar por el viacrucis del circo electoral, de haber sido colgado en la cruz del olvido político y de haber sentido que su nuevo dios lo había abandonado, piensa en volver a intentarlo.

Capítulo 5

Tengo sed (JN 19, 28).

22Guacharaca (prefiere que los llamen así) ya va por su quinta cerveza. Beber es un buen método para mantenerse concentrado en medio de una cirugía tan importante… ¡a motor abierto! Está en su consultorio médico para adultos. 23Se le llevó todo el día, pero al final, el Renault 9 de roja piel, está como nuevo. Se desengrasa sus manos, cierra el polvoriento lugar sin nombre y a las 6:30 de la tarde, en la agonía del miércoles, llega a la esquina del barrio San Joaquín, en el cruce de la calle 28. 24Las dos mesas ya están listas, la música popular sale de la tienda La Real y danza en el aire. Sus compañeros de siempre están allí, con el parqués y el dominó. Guacharaca se sienta en una banquetita y, como si fuese un milagro, a su boca llega otra cerveza. 25La primera mano la gana el señor de la ebanistería. Como en la última cena, estos apóstoles de la juerga comparten la mesa y el guaro, que llega una hora después. Entre risas, apodos, blasfemias, vulgaridades y comentarios variopintos, arriba la noche… La botella de aguardiente está vacía, pero no sola. 26A las 9:30 de la noche un niño se le acerca a Guacharaca. “Pá, que sí va a ir a comer o que si le traen la comida”, le inquiere. “No… dígale que… hoy no se ponga en esas, que me tomo esta última y me voy”, Guacharaca responde atropellado por las risas. El pequeño sale de prisa, al tanto que el celador pide otro chorro de la cuarta botella. 27El anciano, obrero en la maderera Linares, gana el juego de cierre, luego el último brindis y todos para las casa, pues mañana es jueves y “los jueves… sí se bebe”, asegura Guacharaca, quien se ha bebido medio Nilo.

Capítulo 6

Todo está consumado (JN 19, 30).

28“Ayyyyyyyyyyyyy hijo de pu…! ¡Ayyyyyyyyyyyyy!, grita el doliente. “Hermano, usted lo que tiene es un esguince en el aductor. Le voy a mandar unas pasticas, pero eso sí… se las toma juicioso y vuelve”, sentencia Efrén Rueda Tavera, quién soba un joven que se lastimó mientras jugaba a ser futbolista. Lo que el muchacho no sabe es que este farmaceuta, de cabeza de poco pelo y piel de maracuyá, fue una gloriosa figura del fútbol colombiano, por ahí en el 65. 29Perteneció al Once Caldas, como el custodio del arco, es el guardameta más pequeño que ha existido en el fútbol profesional criollo. Mide 1.50 metros de estatura. Ahora, en 2009, milita entre gasas y medicamentos, entre vitrinas y viejos almanaques de jabones, como propietario de la Droguería Manizales, en la 28 con 26. Mientras jugaba fue aprendido los oficios de farmaceuta y sobador. 30Con sus 7 décadas encima, dice que todo está consumado: fue un buen deportista, mantuvo un excelente matrimonio durante 42 años (hasta hoy) y sacó profesionales a 5 de 6 hijos… “Soy una persona aplicada… yo encontré el punto de equilibrio entre mi mente y mi cuerpo”, asevera. 31Efrén estuvo en el equipo albo durante diez años, pero la condición física y las obligaciones del matrimonio lo hicieron colgar los guantes. Fue precavido… ahorró, y hoy goza de su independencia entre las noticias radiales y los medicamentos que casi… casi lo hacen un hombre milagroso.

Capítulo 7

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (LC 13, 46).

32Su consultorio es tan sencillo como él, sólo ocre y blanco en las paredes, una sábana blanca en el diván y un escritorio que no tiene ni un calendario. Luis Cerquera lee a Freud, pero independientemente de su formación académica, entiende que la psicología es un acto de creer y más aún la logoterapia, que se ocupa de la salud del espíritu. 33Sabe que por más que la moral, la religión y los amigos intenten curar la lepra del alma con fórmulas de vida, las respuestas no están en esas ecuaciones. Recuerda a un joven del muy cerrado y machista Putumayo, quien tenía una crisis, pues es homosexual, y eso choca contra su cultura y religión… Así que no sabía cómo actuar. 34“Un amigo da un consejo. Un sicólogo busca en lo espiritual del ser de la persona… Allí está la respuesta”, le dijo Luis. El joven creyó, tuvo fe… ya no le importa que su mamá le asegurará que los psicólogos son el diablo, porque “leen el cerebro como la mano”. 35Luis continúa en su insípido consultorio de psicología de la Universidad de Manizales, embruja todo aquel que busca terapia.

Amén.


Imágenes: Crucifixión Blanca del artista Marc Chagall, del año 1.938 /  www.reverbculture.com


 

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