Las monjas de La Visitación: encerradas para siempre

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El siguiente texto es tomado del Archivo de Página de la edición 71/ Febrero 18  a Marzo 03 de 2004


 

Por Ángela Gómez Cruz


Con 75 años de existencia, es el único monasterio en la ciudad


¿Estaría usted dispuesta a vivir día y noche en un convento sin ninguna posibilidad de salir nunca más?

A pesar de que la palabra juventud está muy ligada con libertad, hay quienes sin importarles la edad prefieren llevar una vida diferente a la de los demás, aunque esto signifique renunciar a la libertad que tanto reclaman otros jóvenes.

Encierro por vocación

El Monasterio de Clausura Las Hijas de la Visitación de Santa María fue fundado en el año 1610 en Annecy, Francia, por Francisco de Sales y Juana Francisca de Chantal, dos personas consagradas a Dios, quienes propusieron ante La Arquidiócesis que este fuera un convento de monjas de claustro del cual pudieran salir para estar al servicio del prójimo, pero se determinó que fueran de claustro permanente. Desde entonces las hermanas de la visitación deben permanecer en un encierro total si quieren pertenecer a esta orden.

Para quienes no conocen nada acerca de la vida religiosa, estar encerrados de por vida con el ideal de servirle a Dios puede ser una locura, pero para aquellas mujeres religiosas es su razón de ser.

Bajo el lema: “para darle a Dios hijas de oración tan interiores que Él las encuentre dignas de adorarle en espíritu y en verdad” funciona el claustro, pues según esta consigna, todos los días se deben dedicar a Dios.

Sobre la avenida Paralela, más exactamente a un lado de colegio Eugenia Ravasco, se encuentra ubicado el monasterio, sus instalaciones poco ostentosas, dejan ver a través de una pequeña ventana enrejada, un salón que funciona como una tienda en la que se venden diferentes productos de panadería preparados por las monjas con el fin de obtener ingresos para el sostenimiento del claustro. Muy pocos saben que de puertas para adentro se encuentran personas que llevan años sin salir tan sólo un minuto a la calle, ni mucho menos que adentro hay un cementerio; es decir, novicia que entra no sale ni siquiera en ataúd.

Al entrar hay un pequeño pasillo, y a la izquierda unas escaleras en forma de espiral que conducen a un cuarto. Volteando a mano derecha hay un pequeño patio en cuyo centro Se observa una estatua blanca de Jesús. Siguiendo se encuentra la capilla donde diariamente celebran la misa y cantan en el coro; se puede sentir un ambiente apacible, tanto, hasta el punto de volverse lúgubre y misterioso. Todo el lugar está adornado por diferentes cuadros alusivos a temas religiosos, como el de María, La Sagrada Familia y El Niño Jesús entre otros. Al salir de la capilla y pasar por el patio, se puede ver un cuarto no muy grande en el cual hay sillas y una particular reja que lo divide en dos; como si fuera una cárcel. Es ahí donde las monjas de claustro pueden hablar con personas externas al monasterio.

En realidad, no son muchos los que frecuentan el lugar y si lo hacen no pueden pasar ciertos límites, ya que las religiosas no deben ser vistas, así que las únicas que conocen completamente lugar son ellas, pues aquellos curiosos que deseen ver más allá, sólo podrán hacerlo a través de una ventana. Eso, si la madre superiora lo permite.

Para ser monja de claustro se deben hacer tres votos que son: obediencia, castidad y pobreza. Según ellas, estos tres son básicos para obtener la profesión de religiosa. El monasterio de La Visitación es el único que también recibe personas de edad avanzada, ya que lo que les interesa es la vocación, por tal motivo, que manifieste el deseo de pertenecer a la orden, se le hace un riguroso seguimiento. Según la hermana Juana Francisca Londoño, “tenemos la posibilidad de que aquellas mujeres que quieran ser monjas vengan y convivan con nosotras unos días, para que tengan un encuentro con el Señor y miren si tiene la vocación; que no sea por escaparse de un engaño amoroso y venga amargarse el resto de la vida, porque nosotras debemos ser monjas felices”.

Como toda profesión ser monja de claustro también requiere de un proceso que debe de resultados que salten a la vista, como el cambio interior. Si hay alguna interesada, ponga atención y sígalo: primero se deben hacer seis meses de aspirantado y un año de postulado, y cuando pase estas dos fases usted obtendrá los hábitos y pasará a ser una novicia. Después de dos años se hacen los votos de castidad, pobreza y obediencia, y hasta ahí se es monja de profesión, pero si sigue el proceso, podrá hacer los votos solemnes para recibir el manto negro y quedar perteneciendo definitivamente a la comunidad.

Dios: su opción de vida

Si todo lo anterior le parece difícil, aburridor y hasta loco, o si piensa que está muy joven y no podría llevar ese estilo de vida, no se preocupe, porque la edad no importa, como dice el dicho, para la muestra un botón: María Ángela, una joven de 22 años, ingresó al monasterio de 18 y en este momento es novicia y aspira a consagrarse y pertenecer toda su vida a la orden. Mientras muchas jóvenes de la misma edad prefieren hacer infinidad de cosas, menos rezar, Ángela encontró en la oración una forma de vida.

Sin importarle ni siquiera sus propias aspiraciones, decidió encerrarse en el monasterio como monja de claustro. Desde muy joven se inclinó por las actividades religiosas perteneciendo a diferentes grupos de jóvenes católicos para estar cerca del servicio a los demás. “Soy muy feliz de seguir a Cristo, es una gran aventura, aunque es difícil entregarlo todo por un ideal y dejar la familia, pero al llegar aquí encontré una familia divina”, afirma. Al terminar el colegio, Ángela se presentó a la universidad para estudiar Ingeniería Industrial, pero la suerte no la favoreció, situación que no le preocupó, por el contrario, la impulso aún más a seguir haciendo obras de caridad en el grupo católico juvenil, hasta que una de sus compañeras tomó la decisión de volverse monja de claustro, idea que no le disgustó a Ángela y durante las visitas que le hacía su amiga se fue interesando por esa clase de vida, hasta que una vez habló con una de las religiosas, quien le aconsejó asistir a uno de los retiros espirituales para que definiera su vocación; así lo hizo sin saber que este sería el inicio de una nueva vida que nunca había imaginado.

La familia de Ángela no estaba de acuerdo con que se volviera religiosa y mucho menos de claustro, ya que estaba muy joven y no había disfrutado la vida; aun así, Ángela siguió con su idea y se internó en el monasterio para no salir nunca más.

Desde que ingresó al claustro, la vida de Ángela cambió radicalmente: desde las 5 de la mañana está en pie, y faltando 20 minutos para las seis, suena la campana para ir al coro donde cantan en nombre de toda la creación, después rezan el rosario y celebran la misa; van a desayunar, luego se dirigen a las diferentes dependencias de la casa para hacer los oficios, como barrer, trapear, sacudir, lavar y también preparan productos de panadería. A las 11:00 van de nuevo al coro y después pasan al comedor, luego tienen una hora de recreación en la cual juegan y hasta montan en patines. ¡Ah! eso sí, deben estar en silencio durante todo el día, excepto en la hora del esparcimiento. En la tarde se dedican a coser la ropa y hacen carpetas para la venta, luego van nuevamente al coro donde cantan El Oficio Divino. Después hacen una hora de lectura espiritual y a las 4:30 de la tarde, van a las aulas a recibir formación religiosa y clases de francés. En la noche hacen tres horas de oración y tienen la última hora de recreación dónde pueden tener un poco de “libertad”, y por último van al coro y terminan el día cantando para luego subir a las habitaciones llamadas celdas.

De esta manera transcurren los días de Ángela, quien dice estar feliz con su ritmo de vida; lo único que la entristece es que sólo puede ver a su familia una hora cada mes y separada por rejas.

Si después de leer este artículo le suena la idea de Ingresar a un monasterio, piénselo bien o mejor vuélvalo a leer.


Imagen destacada, tomada de www.pixabay.com ( https://bit.ly/2KLPME9 ) – Libre de Copyright

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