Semana Santa en la vereda La Florida

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La Semana Santa es el tiempo litúrgico más importante para el catolicismo, una de las religiones más fuertes en el mundo. Según cifras del 2017 de la Oficina Central de Estadísticas de la Iglesia, en Colombia hay 45,3 millones de bautizados, casi el 92 por ciento de la población.

En el campo se sienten con más fuerza la mayoría de católicos que habitan el territorio nacional. Después de cinco horas de recorrido en bus desde Manizales, se llega a la cabecera municipal de la ‘Perla del Oriente’ caldense: Pensilvania, pueblo ubicado en el corazón de la Región Andina. Allí se toma un bus escalera o Chiva, que luego de tres horas de viaje por carretera destapada, a través de montañas, potreros y cafetales lleva a los pasajeros al destino final y centro de esta historia: la vereda La Florida.

En esta comunidad, el 95 por ciento de los habitantes son católicos. De 40 familias, solo dos son protestantes. Los campesinos están distribuidos en fincas dispersas a lo largo de planes y laderas, en las cuales se cultiva café, pastos para ganado, fríjol, maíz, tubérculos y pequeñas plantaciones de frutales, hortalizas y plantas aromáticas.

La vereda, ubicada al occidente del municipio, hace parte de la parroquia San José Obrero, del corregimiento de Arboleda, que a su vez, pertenece a la Diócesis de la Dorada – Guaduas. Esta agrupa las iglesias del oriente de Caldas y algunas de Cundinamarca, Antioquia y Boyacá.

Domingo de Ramos

Las solemnidades de la Semana Mayor en esta localidad iniciaron el Domingo de Ramos. A las dos de la tarde y bajo el ardiente sol, característico de esta zona, cerca de cuarenta campesinos hicieron un recorrido de dos kilómetros a través de la vía que los comunica con La Palmera, comunidad vecina con la cual se integran para hacer la mayoría de las ceremonias.

Un pequeño parlante y un sencillo micrófono fueron los instrumentos de amplificación de la voz de los creyentes, quienes guiados por Sergio Aristizábal Giraldo y las hermanas Zulma y Luz Estella Betancur Zuluaga, oraron, cantaron y leyeron reflexiones de un libro de orientación para actividades religiosas. La procesión arrancó en una vivienda abandonada, ubicada al lado de la vía, y finalizó en la casa de la familia Marín López.

A las tres de la tarde, el sacerdote Jairo de Jesús Cardona López llegó a este hogar, luego de 45 minutos de viaje desde Arboleda, a bordo de una motocicleta Honda Xr 150. El religioso presidió la misa en la que hizo la bendición de los ramos, símbolo que, para los campesinos, es un elemento de protección frente a desastres naturales y es representado con la iraca, una planta con la que se hacen escobas.

Cardona López lleva siete años como guía espiritual de esta y otras 15 veredas de la zona, las cuales son visitadas cada mes por el presbítero para celebrar la eucaristía. En la Semana Mayor, Jairo de Jesús se hace presente en La Florida para las celebraciones del Domingo de Ramos y del Sábado Santo.

“El padrecito hace un esfuerzo muy grande en venir a acompañarnos en estos días, porque él tiene mucho trabajo allá en el pueblo”, asegura una feligrés; mientras que otra expresa que “él siempre está dispuesto a asistir a cualquier lugar, cuando lo llaman a un novenario, bautizo, matrimonio o cumpleaños” y añade en medio de risas: “Eso sí, siempre hay que tenerle el almuerzo de gallinita”.

Lunes, martes y miércoles santo

El lunes fue una jornada de relativa calma. Como en cualquier inicio de semana, los campesinos se desempeñaron, desde muy temprano, en las labores de sus fincas. Al mismo tiempo que los hombres hacían estas actividades, las mujeres estaban en la casa ejerciendo las tareas del hogar y escuchando las transmisiones especiales de las diferentes emisoras comunitarias.

Mientras esto sucedía en esta vereda, Camilo Andrés Ladino Delgado y Reinaldo Joel Rojas Giraldo, misioneros de la comunidad Lazos de Amor Mariano, se desplazaban desde Medellín hacia Arboleda, con el objetivo de llegar al día siguiente a La Florida. Luego de ocho horas de viaje desde la capital de Antioquia llegaron al corregimiento, desde donde partieron al día siguiente rumbo al punto de misión que les fue asignado por la parroquia. A las 8:30 de la mañana del martes ya estaban en medio de las montañas, para iniciar su proceso de evangelización.

Camilo y Reinaldo dedicaron este día a visitar los hogares de diez familias de La Florida. A través de cultivos mojados y caminos empantanados por las lluvias, los laicos se movilizaron para llevar a las viviendas de estas personas una muestra de la presencia de Dios, a partir de las lecturas y meditaciones de la Biblia y para invitarlas a participar de las conmemoraciones religiosas del triduo pascual.

En todas las casas en las que se hicieron presentes los recibieron de la mejor manera. Les brindaron agua de panela para calmar la sed y acogieron el mensaje que les llevaban con alegría y plena satisfacción por contar con la presencia de ellos durante estos días. Una de las moradas que visitaron fue la de Luz Dary Giraldo Ballesteros, quien a causa de las complicaciones de salud en sus piernas no puede movilizarse fácilmente durante largos recorridos. Luz Dary expresó, en medio de sonrisas, el gozo que siente cuando alguien va a su casa a compartirle la palabra de Dios. Esta complacencia se materializó en el almuerzo que les brindó a los misioneros, quienes quedaron profundamente agradecidos con su amabilidad.

En La Palmera, también recorrieron las fincas de los campesinos durante el día miércoles, con un balance igual de positivo que en la comunidad vecina. Para Camilo Ladino, los habitantes de esta zona practican fielmente las obras de misericordia y lo que enseña la Biblia. Así mismo, su compañero Reinaldo Rojas manifestó que lo que más le impresionó durante su estadía en “estas tierras”, fue el calor humano de la gente y su entrega al otro sin esperar nada a cambio.

Jueves Santo

Durante el Jueves y Viernes Santo, los agricultores suspenden las labores de la tierra, para dedicarle ese tiempo a Dios. También es costumbre que en las fiestas pascuales las personas se abstengan de juegos de azar, comer carne, tomar licor, matar animales y tener relaciones sexuales.

A la una de la tarde le correspondió a La Palmera la conmemoración de la Última Cena, el momento en que Jesucristo se reunió por última vez en vida con sus discípulos y anunció la traición de Judas y la negación de Pedro. Posteriormente, Reinaldo y Camilo fueron llevados en moto a La Florida, donde a las cuatro de la tarde celebraron este mismo hito litúrgico.

Jairo de Jesús Cardona López lleva 7 años como guía espiritual de esta comunidad.

Unas 60 personas, entre niños, jóvenes y adultos, participaron de esta ceremonia, en la que Reinaldo Rojas personificó al Mesías y 12 hombres hicieron lo propio con los apóstoles; vestidos con manteles, sábanas y cortinas que representaban los atuendos de la época. Además, una copa con gaseosa de uva y un pedazo de parva simbolizaron el pan y el vino.

Tanto para el párroco Jairo de Jesús como para los misioneros, la asistencia de los campesinos a las celebraciones religiosas es destacable. “Aquí en el campo, a pesar de las distancias, se siente la fe viva a través de la unión de la gente y la convicción de sus creencias”, manifestó Rojas Giraldo. De igual manera, Ladino Delgado cree que, a diferencia de lo que se vive en pueblos o ciudades, la gente del campo hace un esfuerzo muy grande y valora los eventos de estos días, porque ellos no cuentan con la presencia de religiosos constantemente.

Al caer la noche, algunos campesinos salieron de sus casas para ‘pajarear’ las guacas que, según la tradición popular, se hacen visibles hacia la medianoche de los días santos. Las guacas son tesoros que dejaron enterrados quienes ya murieron y que se hacen visibles a través de luces blancas o que ‘arden’, término utilizado para referirse a la manifestación de una guaca mediante una llamarada que no dura más de 15 minutos encendida. Para algunos, estas revelaciones son guiadas por las almas de los difuntos, pero para otros más escépticos, son las propiedades de los metales preciosos las que hacen que estas luces salgan a la superficie.

Viernes Santo

Desde las nueve de la mañana el cielo se nubló y empezó a lloviznar de manera constante. El viacrucis, que estaba programado para iniciar a las once, empezó una hora después, mientras esperaban que la lluvia cesara un poco su intensidad.

A pesar de las condiciones climáticas, cerca de 80 campesinos de todas las edades participaron del recorrido que duró tres horas, a través de la carretera que comunica a La Florida con La Palmera. En todo el recorrido la lluvia se mantuvo, pero de forma controlada.

Con mantos, vestidos, cortinas y manteles, hombres y mujeres encarnaron personajes del viacrucis como Poncio Pilatos, los soldados romanos, la Virgen María, el Cirineo, las mujeres de Jerusalén y el más importante de ellos: Jesucristo, quien llevó una pesada cruz de madera durante parte del recorrido, ya que en la mayoría del tiempo eran los feligreses quienes se turnaban para cargarla y ofrecer ese sacrificio a Dios por el perdón de sus pecados.

En cada estación se paraba por un momento para realizar una dramatización de lo sucedido, leer una reflexión y luego seguir meditando y cantando:Perdona a tu pueblo señor…”, al son de las voces cansadas y entrecortadas de las personas que iban equipadas con carpas, sombrillas y botas pantaneras, para hacerle frente al clima.

La celebración de este día culminó con la adoración de la cruz que se cargó durante el viacrucis y la lectura del sermón de las siete palabras. Alrededor de las cuatro de la tarde, hora en la que el cielo ya se había despejado, los campesinos partieron nuevamente hacia sus casas.

Las conmemoraciones del Jueves y Viernes Santo se dramatizan desde hace cuatro años.

Sábado Santo

Con la ceremonia de la Vigilia Pascual y misa de resurrección finalizó para estas veredas otra Semana Mayor. Nuevamente, la lluvia no pudo apagar la fe viviente de los cerca de 100 creyentes que estuvieron en esta ceremonia, realizada en La Palmera, y en la cual se llevó a cabo la bendición del agua y el fuego y la solemnidad de la resurrección del Altísimo, que se celebra un día antes en este lugar, puesto que el sacerdote no cuenta con disponibilidad para asistir el Domingo de Resurrección.

Como es costumbre, la comunidad recogió dinero para ayudar con los viáticos de los religiosos. En total se recogieron 125 mil pesos que, según el párroco, serían destinados para los gastos de transporte y alimentación de los misioneros, quienes al día siguiente, partieron nuevamente hacia Medellín para continuar sus procesos de formación pastoral.

Reinaldo y Camilo se despidieron con agradecimientos por la acogida que tuvieron por parte de la población campesina y con el compromiso de volver en unos años, cuando seguramente ya estará lista la capilla que se planea construir en La Florida. Este proyecto ya cuenta con aproximadamente 10 millones de pesos que se han recolectado a través de rifas, eventos y donaciones. Se espera que entre junio y julio inicie la construcción del templo.

Texto y fotos por: Yony Alexánder Zuluaga Betancur

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