Señora doña Rosa Elena Jaramillo de Mejía en el papel de una infeliz en la bellísima cinta nacional “Bajo el cielo antioqueño” que se exhibirá muy pronto en el teatro de esta ciudad

UMCentral

En el Teatro Junín de Medellín, presencié, hace varios meses, la exhibición de la película ´Bajo el cielo antioqueño´. Es un esfuerzo de la raza que pone muy en alto el nombre de Antioquia artística. Argumento interesante, personajes caracterizados en debida forma, escenas vividas por todos en la Antioquia materna, suaves coloridos, motivos regionales de sabor intenso. Un éxito de la tierra patria. Tal mi impresión de ´Bajo el cielo antioqueño´.

J.B. Jaramillo Meza”.

“Por la salud del pueblo

“Manizales, abril 12 de 1926.

Señor director de ´La Voz de Caldas´.

Muy respetado señor: Los lectores de su importante diario están enterados de los peligros que presenta la anemia tropical entre nosotros. Saben la cantidad de sangre que pierden nuestros trabajadores; saben cómo predispone la uncinaria a la tuberculosis, neumonía, fiebre tifoidea y demás enfermedades infecciosas; saben cómo los anémicos pierden sus facultades intelectuales hasta llegar al embrutecimiento y al cretinismo; saben cómo disminuye la natalidad, y por último saben también cuántos son los brazos perdidos, porque las úlceras y el agotamiento natural de los anémicos no les permite dar buen rendimiento a su trabajo.

En El Espinal, población situada a la línea del Ferrocarril del Tolima, se trataron más de 16.000 anémicos. Allí el 99 x 100 de la población estaba enferma; la industria tabacalera se había paralizado por la escasez de brazos; el contingente que debía prestar el servicio militar obligatorio era una vergüenza para sus habitantes, y hoy el Tolima se enorgullece de su ciudad; porque en ella, se va a fundar la principal fábrica de la Compañía Colombiana de Tabaco, y porque sus hijos, fuertes y robustos, son los mejores soldados al servicio de la Nación.

En los regimientos de la capital de la República y en el Ingenieros “Caldas” acantonado en Ibagué, es costumbre al entrar el Contingente  trata la anemia en su debida forma. Los soldados en el transcurso de los dos primeros meses reciben tres tratamientos, compuesto cada uno de 15 gotas de aceite de quenopodio y 2 centímetros cúbicos de tetracdoruro de carbono, esto ayudado de un purgante de magnesia. ¿Cuáles son los resultados de aquellos tratamientos? Los soldados que al entrar al Cuartel eran unos espectros minados por la uncinaria, vuelven a sus hogares rebosantes de salud, a gritar a los cuatro vientos, que la institución armada los hizo hombres capaces de enfrentársele a la vida.

Pasemos a otro asunto que no dejará de tener importancia para el público y que hará reír a los lectores. Jamás imaginé al comenzar estos artículos sobre campaña contra la anemia tropical o uncinariasis, que fuera a disfrutar de un tema tan interesante. Lo cierto del caso es que sin pasar el proyecto de ordenanza en la H. Asamblea los TÉCNICOS DE LA UNCINARIA se pasean campantes por nuestras calles y plazas en espera de algo muy importante. Usted habrá observado, señor Director, que he puesto LOS TÉCNICOS DE LA UNICINARIA con mayúsculas, y eso con el objeto de hacer resaltar esa frase, y para que todos rían al saber de dónde se sacan esos TÉCNICOS: Los estudiantes de Medicina al terminar el sexto año sin graduarse aún, son nombrados médicos jefes de la campaña contra la anemia, y eso son los técnicos en Cundinamarca y Tolima.

Me he preguntado varias veces: ¿Los técnicos que nos visitan estarán pensando que los médicos caldenses no son capaces de organizar la campaña científicamente, quitándole los defectos de que adolecen las de otras secciones del país?

Muy bien que nos lleguen técnicos, pero técnicos en navegación aérea, en telegrafía inalámbrica, y si fuera posible en tratamientos curativos para la tuberculosis, la lepra y el cáncer. ¿Pero técnicos en administración de purgantes? Eso sí es para reír señor Director.

Del señor Director siempre amigo afectísimo. Pedro Santamaría”.

Miércoles, 14 de abril de 1926. La Voz de Caldas

Bajo el cielo antioqueño

El intectual J.B. Jaramillo Meza (esposo de la poeta Blanca Isaza) hace una crítica en primera página de esta película que vio en Medellín y que ha generado expectativa en Manizales en 1926 porque pronto será proyectada en la capital caldense.

La página proimagenescolombia.com informa que Bajo el cielo antioqueño es un drama romántico costumbrista. Narra la historia de Lina, una colegiala que sostiene contra la voluntad de su padre, un romance con Álvaro, joven bohemio. Los novios huyen de la vigilancia paterna, pero en la estación de tren una mendiga herida previene a Lina sobre el error que van a cometer. Álvaro le venda la herida a la mendiga con un pañuelo en el cual van inscritas sus iniciales y ella, agradecida, le regala sus joyas. Pero luego la mendiga es asesinada, su cadáver aparece con el pañuelo de Álvaro, quien es sindicado del crimen. Álvaro calla para proteger a Lina, pero ella, por encima de su honor, confiesa la verdad. Álvaro, ya inocente, encuentra oro y termina felizmente casado por poder con Lina.

Trailer de la película

Este drama tuvo su estreno el 6 agosto de 1925 en los teatros Junín, Bolívar, Circo España de Medellín; y el 12 octubre del mismo año en el Salón Olympia y Teatro Faenza de Bogotá. Tiene un formato de proyección de 35 mm, en blanco y negro y es silente, con subtítulos. Sus principales actores son: Alicia Arango de Mejía, Gonzalo Mejía Trujillo, Juan B. Naranjo, Harold Maynham, Nora Maynham y Bertha Hernández (quien fuera esposa del presidente Mariano Ospina Pérez -1946-1950-).

La dirección, el guion y el  montaje es de Arturo Acevedo Vallarino; el texto-argumento es de la Compañía Filmadora de Medellín; su productor y director de fotografía es Gonzalo Acevedo Bernal; la cámara es de Francisco Zumaqué (música versión restaurada) y del mismo Gonzalo Acevedo Bernal.

Bajo el cielo antioqueño está dividido en más de veinte fragmentos, que fueron unidos y restaurados por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano para que tuvieran una versión próxima a la original que vieron los manizaleños en 1926.

La anemia tropical, aún preocupa

Postales que se distribuían en Latinoamericana para prevenir enfermedades, entre ellas la anemia tropical

La anemia tropical es producida por una larva llamada uncinaria que penetra la piel por no usar calzado y por malas condiciones higiénicas del alcantarillado. Junto con el paludismo fueron enfermedades que perjudicaron a la población rural en las primeras décadas del siglo XX en Colombia. Eran tantos los casos de anemia tropical que se adelantaron muchos estudios y campañas sanitarias para frenar su expansión a través de medidas profilácticas. Se llegó al punto de que en 1919 el Ministerio de Agricultura y Comercio contactó a la Junta Internacional de Salud de la Fundación Rockefeller para que trabajara con los médicos colombianos con el objetivo de establecer una lucha frontal contra la anemia tropical y el paludismo.

El médico Jaime Yepes explica que esta infección produce daños pulmonares, intestinales y cardiacos, además “genera cólicos, retorcijones y pérdida de peso. Para la época, como no era atendida, ni se tenían los tratamientos necesarios, causaba la desnutrición en los niños y ese era el peligro para la época, pues se les podía cerrar el estómago”.

En la información de La Voz de Caldas se critica a los técnicos de la uncinaria por no ser aún graduados. Hoy solo se puede identificar a una persona como especialista o médico cuando se ha graduado; además se suponía que Caldas debería de tener el potencial médico para saber manejar la anemia tropical, ya que todos los médicos veían una de las materias más importantes que era la parasitología, donde debían aprender a tratar temas correspondientes a los parásitos.

Domingo, 14 de abril de 2019. UMCentral. Sofía Quintero Ramos

Avisos de ayer

La cafiaspirina (combinación de aspirina y cafeína) se usaba para aliviar los dolores (de cabeza, menstrual, muscular y febril) y su forma de venta era comparándolo con un partido de fútbol, pues si alguno de los deportistas terminaba adolorido el medicamento sería la solución. Actualmente existe la cafiaspirina y sigue perteneciendo al laboratorio Bayer.

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

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