Discursos de odio en internet

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Las redes sociales son utilizadas, usualmente, para revisar contenidos digitales, entablar relaciones, informarse y opinar sobre temas actuales que generan polémica o que son de interés personal. Y aunque parecen perfectas, no son del todo blancas y se tornan de gris debido al mal uso que se hace de ellas.

Comentarios como: “¿ya terminó de hacer el almuerzo?”, ¡calladita se ve más linda!, “puta”, “mal follada”, entre otros, son los que aparecen muchas veces en publicaciones de mujeres que opinan de temas que se consideran en la sociedad colombiana como “temas de hombres” (política, finanzas, leyes).

En conflicto

De ese tipo de publicaciones se desprende una discusión que parece no tener fin. En cuanto a la lucha feminista, María Gómez activista feminista, pregunta: ¿cómo nos van a tratar así? ¡Cualquier tipo de agresión, independientemente de a quién vaya dirigido debe ser eliminado!, mientras Camilo Vallejo, activista por la libertad de expresión, responde: simplemente es un insulto, todas las personas lo deberíamos tolerar.

La Declaración Universal de Derechos Humanos, define la libertad de expresión como el derecho fundamental que tienen las personas a decir, manifestar y difundir de manera libre lo que piensan sin ser hostigadas por ello; sin embargo, hay cinco tipos de discursos que no son protegidos por este derecho: lo relacionado a la pornografía infantil, la incitación al genocidio, la propaganda de la guerra, la apología del odio que constituya azuzar a la violencia y al terrorismo. A estas alocuciones que provocan a la violencia o a acciones perjudiciales contra otras personas o grupos se les llama discurso de odio.

Historia

Desde la creación de la ley 2100 de 1851, se habla de libertad de expresión en Colombia, por lo que se puede deducir que este tipo de discusiones han perdurado en el tiempo por más de un siglo. Antes, esta libertad de expresión era aludida solo a medios de comunicación, pero con el paso del tiempo fue evolucionando y ahora es un derecho humano que, como su nombre lo indica, cualquier individuo lo tiene.

Después de recordar que esta no es una discusión nueva, entrará al zapato esa piedra incómoda que se tendrán que tirar entre jueces y plataformas virtuales tales como Facebook, Instagram, Twitter o incluso Google.

Al crear una cuenta en cualquier red social, el usuario debe aceptar unos términos y condiciones en los que se muestran las políticas de privacidad, publicación y datos, las normas comunitarias y las condiciones de servicio. Estas reglas están diseñadas para las plataformas en todo el mundo. Para el abogado penalista, Juan David Jurado, el Estado nunca se debería meter en las libertades de las personas, por lo que es importante que las políticas de cada plataforma se ajusten a las leyes ya existentes en los diferentes países, haciéndose personalizada la creación de las mismas, y que sea esta la que decida qué contenido retira por no cumplir ese contrato.

En el debate realizado el 28 de febrero de 2019 en la Corte Constitucional, la profesora asociada al Departamento de Lenguas y Cultura de la Universidad de Los Andes, Alessandra Melo aclara que: “La realidad virtual se presenta con inmediatez comunicativa. El acto comunicativo virtual es responsabilidad del sujeto; el que usa ese acto virtual tiene que conocer las consecuencias de sus actos”; no obstante, resalta que estas consecuencias deben estar juzgadas por los jueces de la República, el ente competente para investigar caso por caso cuando se denuncie un discurso de odio.

Internet

Respuestas dramatizadas

 

Cuando se habla de discurso de odio, la gente lo suele confundir con injuria o calumnia, o ambas. La primera es cuando la acción o expresión lesionan la dignidad de otra persona, atentando contra su propia estimación; y la segunda es la acusación o imputación de un delito hecho con conocimiento de su falsedad.

En el ejemplo de la conversación anterior, el insulto se podría considerar como injuria o calumnia porque no podemos comprobar si Paula “es una perra que roba las tajadas del almuerzo a su mamá todos los días”. Incluso, si nos detenemos en el insulto, según la ley, esto no podría ser un discurso de odio. Los insultos no son lo nuevo, sino la rapidez. Las viralizaciones también existían antes con los chismes, panfletos y hasta avisos en los postes.

Respuestas dramatizadas

La segunda respuesta de Grupo guerrillero es considerada como discurso de odio debido a que incita a la agresión o violencia contra Paula, porque antes de la afirmación que plantea el deseo de matar, es despectivo contra el género y se refiere a que las mujeres deben estar en la cocina y no deben opinar de temas que no les incumben. Además, el discurso de odio tiene agravantes cuando la persona o grupo que lo realizan tienen poder de influencia sobre otros. Es decir, si Jairo (comentario del primer post) hubiera puesto ese mensaje en contra de Paula, sería grave pero no tendría agravantes porque es una persona que no tiene capacidad de incidencia en un grupo grande; en cambio, una guerrilla o grupo armado tiene una influencia, generalmente violenta.

“No es igual cuando la publicación la hace una persona anónima que cuando la hace una figura pública. El impacto y la intención en el actuar son diferentes”, dijo en la Corte Constitucional la directora del Grupo Derecho, Internet y Sociedad de la Fundación Karisma, Carolina Botero Cabrera.

La libertad de expresión no solo incluye palabras sino imágenes y cualquier contenido que comunique. Igualmente, la censura en Internet no solo se aplica a los comentarios ofensivos contra las mujeres. Esto pasa con contenidos que no quieren ser divulgados, ofensas a grupos protegidos e incluso, con el contenido sexual.

Los dueños de una empresa de productos eróticos, Tatiana y Steven*, consideran que el proceso que se hace para saber si un post es inadecuado u ofensivo, no debería ser robotizado, pues pueden haber publicaciones que tengan intenciones distintas a lo prohibido pero que contengan imágenes de desnudos, palabras con otro sentido o alusión a otros temas. El retiro del contenido, según ellos, debería hacerlo una persona con capacidad de consideración (juez) y no una máquina configurada.

*Identidad reservada

Por Antonia Bernal Duque

 

 

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