Policía cívica

Caldas La Voz de Caldas: 1926-2019 UMCentral

“Señor Director de

LA VOZ DE CALDAS

La ciudad.

Muy señor nuestro:

Con el deseo más sincero de que nuestra ciudad ya tan duramente probada por las adversidades del destino, y celoso de velar y luchar hasta donde sea posible, con energía y entereza, por la suerte futura de estas montañas, a las cuales amamos de una manera indecible, anteponiendo nuestra mucha insuficiencia, y mirando tan sólo la voluntad que nos anima de que se pongan todo los medios necesarios para la seguridad  de la ciudad, hemos creído del caso insinuar a usted, y si lo estimare a bien, por su muy digno conducto a los lectores de su importante periódico, lo siguiente, que nos parecen nuestro modo de ver que aportaría buenas consecuencias y sería una medida sumamente benéfica para la obra de salvamento en casos análogos de los que hemos venido registrando en estos últimos tiempos y que tan propensos se han hecho entre nosotros.

Es nuestra idea y nos parece muy aceptable, que se organice la policía cívica, que sea permanente y con atribuciones especiales para casos de siniestros; tal policía que naturalmente, estará formada por individuos patriotas, honrados y desinteresados, llevará una insignia que sea bien conocida por las autoridades y que facilite a quien la presente paso libre por todas partes, para así poder prestar sus servicios y no suceda lo que sucedió, en la catástrofe ocurrida el sábado  20 del mes que cursa; las autoridades desplegaron sus actividades en el sentido, muy justo por cierto, de no dejar pasar al lugar donde se desarrollaba el incendio a ningún ciudadano, con el fin de prevenir los robos tan numerosos, pero mientras esto pasaba las llamas inclementes con más y más empuje a cada momento exterminaban nuestra hermosa catedral, nuestros edificios más ricos iban quedando reducidos a cenizas y la obra de destrucción se extendía rápidamente por los cuatro puntos cardinales, sin que nadie hubiera podido tomar medidas preventivas contra el peligro de que éramos víctimas , hasta antes de las siete de la mañana, hora en la cual se empezó a dejar el paso libre de ciudadanos, con raras excepciones, que querían prestar su valioso contingente. Muy de acuerdo estamos en que se vigile a los rateros que en estos casos aumentan de una manera asombrosa, pues es mareada la emigración de individuos que aprovechando las circunstancias acuden a cometer sus fechorías, se hace preciso tomar medidas enérgicas y decisivas contra los tales: para la vigilancia de éstos, para la seguridad de muchos y para la ayuda en la obra de salvamento en tan angustiosos momentos. Es para lo que nos parece indispensable y absolutamente necesaria la organización de la policía cívica, en la cual prestarán su concurso las clases más elevadas de la ciudad y los hombres más honrados, abriegados y desinteresados.

Soy del señor Director muy atento y S. S.”

Nota: Dos policías con sus uniformes a finales del siglo XIX. Foto Policía Nacional. La carta fue publicada sin fotos.

Miércoles, 31 de marzo de 1926. La Voz de Caldas

Policía cívica o para-policía

Cuenta la investigación Civismo y Educación en Pereira y Manizales (1925-1950): Un Análisis Comparativo entre sus Sociabilidades, Visiones de Ciudad y Cultura Cívica, de Jhon Jaime Correa Ramírez, que la idea de crear policías cívicas generó polémica (como ocurre hoy), porque se pudo pensar que era como conformar grupos de ´para-policías´.

“Esta situación puede ser analizada en varios sentidos, ya que si bien se denota el alto sentido de responsabilidad de algunos ciudadanos ´de bien´ que prestaban sus servicios de vigilancia policial sin ningún pago o estipendio de por medio, también nos lleva a cuestionarnos ¿por qué tenía que velar por su propia seguridad la misma ciudadanía?, ¿cuál era realmente la situación de orden o inseguridad en la que se encontraba la ciudad que motivaba a incrementar el pie de fuerza ´policivo´?, ¿qué tan cívica era la ciudad o era que ya existían un sinnúmero de problemas de delincuencia y marginalidad? Lo anterior igualmente nos permite cuestionarnos respecto a la eficacia del discurso cívico ya que estos grupos debieron recurrir a la aplicación de variados dispositivos de control social en colaboración con las autoridades locales”.

En las primeras décadas del siglo XX se consolidó la creación de la policía cívica en Pereira y Manizales. Desde antes de los incendios de 1922, 1925 y 1926, ya existían voces que reclamaban una policía cívica para enfrentar el problema de las personas que llegaban a Manizales (por ser un polo de desarrollo) para mendigar, para atendar contra la moral o realizar fechorías. Luego del incendio del 20 de marzo de 1926, La Voz de Caldas registró: “La Gobernación dictó un decreto por el cual se nombró la policía cívica, compuesta por personas de lo más distinguido de la sociedad y del comercio. A esta policía se le comisionó para que decomisara la entrega de mercancías y muebles, etc. de los almacenes y casas desocupadas. También para que hiciera requisa en todas las casas de familias para solicitar los objetos que en ellas se hubieran asilado y hacerle entrega sus dueños respectivos.

… Debido a la vigilancia de la policía y el ejército el robo no registró la importancia que en estos casos se estila, no obstante, y quizá por medida de prevención, fueron conducidos a la cárcel cerca de una centena de advenedizos.

…También dictó la Alcaldía un decreto, que se leyó por bando, prohibiendo el alza de los víveres durante la presente semana; al vendedor que se le sorprenda con precios más altos de los habidos el sábado antepasado, le serán decomisados”.

Esta policía parece que funcionó para un caso coyuntural como fue el incendio. Pero pudo ocurrir, según Jhon Jaime Correa Ramírez, que se generara “una cierta paranoia cívica que motivaba a las autoridades de cada ciudad a proponer que todo buen ciudadano cívico debía llevar un policía en su fuero interno, según el siguiente caso: A causa de la destrucción de árboles en las diferentes avenidas de Manizales por ´personas que así demuestran su incultura y el poco amor por la ciudad´, el alcalde de Manizales, Julio Ángel (alcalde entre 1938 y 1939), planteó que ´es deber de todo buen manizaleño por nacimiento o por adopción, vigilar y amparar las obras de embellecimiento de la ciudad y propender por su progreso y mejoramiento´. Por ello creó la policía cívica que tenía la misión clara: ´vigilar la obras de ornato de la ciudad, con especialidad de la arborización de la Avenida Cervantes´.  ´Toda persona vista destruyendo árboles u otros espacios de la ciudad será llevado a la cárcel por 5 días´”.

Agrega el investigador que este discurso, “que volvía a exacerbar las referencias y estigmas de los buenos y malos ciudadanos o contra aquellos que atentaban contra el bien común, se materializó en una nueva ´cruzada´ cívica, para despertar un sentir cívico que daba muestras de estar en vilo. Por lo mismo es muy frecuente encontrar que al lado de los llamados para motivar el aporte necesario para las obras de ornato, también se reclamara la necesidad de vigilar y denunciar los comportamientos que atentaran contra el orden cívico: “… la SMPM ha acordado emprender una campaña por la estética urbana de la ciudad. Es una tarea dispendiosa, que requiere el pequeño aporte de todo elemento cívico de buena voluntad.

Si cada ciudadano se preocupara por suprimir un detalle, por denunciarlo a las entidades cívicas o las autoridades correspondientes, tendríamos a Manizales renovándose cotidianamente y dignificando su aspecto. Antes que un imperativo de la Sociedad de Mejoras Públicas a los manizaleños, es un llamamiento a una cruzada de buena voluntad, por el relieve urbano,  por las características integrales de la capital de Caldas, que tan amplio prestigio tiene en la república. Colaborar con esta tarea es servirle a Manizales desinteresada y generosamente”.

Domingo, 31 de marzo de 2019. UMCentral. Mariana Corredor Lucuara

Avisos de ayer

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

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