Nuevos detalles del incendio del sábado

Caldas La Voz de Caldas: 1926-2019 UMCentral

La misa Campal

Desde el sábado en la tarde corrió la noticia de que se celebraría una misa en el atrio de la asolada catedral. Efectivamente, antes de las nueve del día de ayer, una campanilla hizo el oficio de las grandes y sonoras que con el repiqueteo alegre nos llamaran a la oración. Y en la piedra de ara levantada cabe los rescoldos humeantes, tendiéronse los paños blancos del sacrificio.

Las multitud de fieles devotos llenó por completo la plaza, y en el recinto del parque se colocaron las mujeres enlutecidas. Rodeaban el altar los sacerdotes de la ciudad, el señor Gobernador y sus secretarios y un gran número de ciudadanos connotados. El Padre Roberto Isaza hizo de preste, luciendo el violeta de sus ornamentos. Al acorde de una partitura pausada y melancólica que la banda ejecutó, se levantaron las primeras oraciones de la misa, notándose en la gran muchedumbre la soberana unción de quienes pedían con toda su alma, al Dios de las misericordias.

Terminando el Evangelio, se adelantó su Señoría Ilustrisima, el señor Salazar y Herrera, y empezó su oración, ante el silencio expectante de la gran concurrencia: “Nunca, como en estos momentos, habla un pastor a sus fieles, con el alma tan llena de tristeza”.

Y su palabra magnífica y arrebatadora se expandió; y sus labios inspirados en los trenos de Jeremías, llevaron a los corazones del acento de la palabra misma de Dios. Vimos nosotros rodar lágrimas de los ojos del sacerdote oficiante, del padre Muñoz y de otros sacerdotes y entre las mujeres, muchas, muchísimas, secaban las suyas, conmovidas por la palabra del Pastor y por el miraje de las pavorosas ruinas.

Pero, dijo el señor Obispo: Tenemos que levantar el templo, es necesario construir de nuevo una casa soberbia para el Señor que siempre nos ha asistido.

La oración de Monseñor Salazar, elocuentísima y admirable, puso una vez más de relieve las dotes privilegiadas del gran predicador y del ministro verdadero de Cristo.

La colecta

Cosa portentosa y única es este entusiasmo de nuestros hermanos. Los billetes y monedas, las joyas de las mujeres caían en los receptáculos. Y los cheques y promesas eran entregados a los sacerdotes, como testimonio admirable de la fé y el ardor religioso de nuestro pueblo. Entonces nos dijimos todos: la catedral será la primera obra que se emprenda y de las primeras en terminar. Esta admirable actuación de los manizaleños, dice a los cuatro vientos, que la ciudad de Manizales, por ser lo que es, no puede desaparecer.

Ideas
Dicen los entendidos en asuntos de ingeniería, que se ha presentado la ocasión de hacer un notable trabajo, abajando el suelo de la plaza, para desvanecer  la pendiente de la casa de don Alejandro Gutiérrez. Indudablemente, creemos, ello se hará, del modo como se hizo el gran trabajo de aplanamiento de otras calles en la zona del pasado incendio. La ciudad moderna y media tendrá entonces mejor radio de crecimiento.

Parece que los propietarios de predios en el cuadro de la plaza, se pondrán de acuerdo para hacer las nuevas edificaciones, atendiendo a un plan único, armónico y estético, y que a ese respecto será consultado el Gobierno, en cuanto toca sus edificios. Naturalmente esa idea es demasiado interesante.

Será más grande la catedral?

No indicado, lo mejor sería, de la Diócesis pudiera hacerse a toda la manzana, para sembrar allí el mejor templo católico de la República. Es el caso de llamar al entusiasmo de los manizaleños y a la generosidad de los dueños de los lotes, por ver el logro de esta grandiosa idea.

El plano

Si la nueva catedral se construye, teniendo toda la manzana, naturalmente será nuevo el modelo de su plano. Si no ocurriere así, nada mejor, que repetir en hormigón armado, el plano de la Iglesia destruida con sus dos torres delanteras y su gran ábside. Ese iglesia, tan bella y tan querida, era Manizales. Y no debemos dejar que se pierda esa carísima fisonomía.

La nueva instalación

Ayer mismo ya los dueños de los almacenes incendiados, entre los cuales olvidamos algunos tan importantes como el Almacén París que como el Venecia y la farmacia don Emiliano Arango, no alcanzó a salvarse ni siquiera los libros: como el almacén de don Manuel José González, cercano a las Droguerías; el almacén El Globo, en los bajos de la casa de las señoras Salazares; ayer mismo, repetimos, ya estaban preocupandose por solucionar el problema de sus instalaciones. Muchos sabemos que se pasarán algunos de los edificios que están terminándose de construir en la zona incendiada. Entre estos están las Droguerías que ocuparán hoy mismo el local situado en el costado sur de la manzana donde antiguamente estaban los correos. Don Ángel Ossa se pasará a los bajos de su casa de habitación.

Y así otros. También quedará nuevamente instalado de hoy a mañana el valioso almacén de don Luis Restrepo Isaza y lo mismo quedarán instalados brevísimamente los almacenes de Gómez Hermanos, J. Gómez y Cía., Arango Restrepo, Alejandro Gutiérrez e Hijos, Alfredo Botero, &&. Todos son hombres decididos a luchar contra la fatalidad si la fatalidad se opone a sus esfuerzos.

La labor de salvamento

Las pérdidas, como ayer dijimos, suman próximamente 1 millón de pesos, poco más o menos. La labor de salvamento fue, a nuestro modo de ver, apreciable. Salvo los almacenes de zapatería de don Gabriel Vargas, cuyas perdidas fueron totales, el café del Ruiz, el salón Venecia don Alfonso González, íntegramente desaparecido, hasta con sus libros segun cuentan. La farmacia de don Emiliano Arango, de la cual no pudo sacarse ni un frasco, el almacén de don Francisco Jaramillo Ochoa, el almacén París del cual no pudo sacarse casi nada, o nada, pues ya tarde, casi a las seis de la mañana, vimos abrir la puerta don Roberto Salazar y ya las llamas habían empezado devorar parte de él; los almacenes siguientes algo pudieron sacar; salvo estos casos excepcionales, repetimos, la labor de salvamento fue activa en esta manzana, naturalmente hasta donde se podía y hasta donde lo permitía la magnitud de la catástrofe próxima. De las Droguerías seguramente poco se sacó pero se salvaron los libros y muchos efectos.

En la manzana del frente algo pudo salvarse pues el fuego dio un poco do más tiempo antes de llegar allí, y los automóviles y lor camiones prestaron como siempre sus servicios con la mayor actividad y con la mejor eficacia.

Fuera de la zona incendiada hubo muchas pérdidas, las naturales a los trasteos precipitados, daños en máquinas, desaparición de objetos, rotura en muebles, &.

De la Iglesia Catedral parece que logró salvarse la mayor parte de las riquezas que allí había. Todas las imgáenes, menos una que según cuentas no tiene importancia, el altar, el solio episcopal, alguna de las bellísimas arañas, confesionarios, cálices, copones, &. &.

También omitimos en nuestra relación de ayer los siguientes almacenes y oficinas: almacén de José Licha y uno de sus paisanos libaneses; agencia de Sucesores de Garcés Patiño, Oficina de la Renta de Licores del Tolima, agencias de negocios de Guzmán Chávez y otros.

Los rateros
Eres imposible en estos acontecimientos evitar las acciones de los rateros. En la parte superior de la casa que don David Gutiérrez construyó detrás de la Catedral fueron hallados por el Inspector don Vicente Abad una enorme cantidad de mercancía como escondida, cincuenta discos de grafonola y una gran cantidad de cascos de Whiskey y de Champaña que habían los ladrones consumido.
Ayer había en la cárcel 130 individuos presos, entre rateros y sospechosos y en la Comandancia de la Policía tenían arrestados 25.
No tenemos datos precisos para garantizar la información, pero personas de reconocida seriedad nos informan que dos individuos desconocidos en los momentos del incendio llegaron a una casa y exigieron a dos señoras que allí estaban dinero y que como se lo negaran uno de ellos le dio tremendo pescozón en la cara.

Cemento para la Iglesia Catedral
Desde antenoche entre un grupo de comerciantes se lanzó la idea de suscribir el cemento necesario para construir la iglesia catedral. En esta iniciativa estaban don Alfredo Londoño don Samuel Uribe, don Bernardo Escobar A., y otros que por el momento no recordamos. Tuvimos ocasión de saber que ayer ya habían colectado mil quinientos barriles.

Una comisión de Riosucio
Ayer llegó de Ríosucio una comisión compuesta del Alcalde, por don Enrique Báyer y por don Ricardo Uribe enviada por el pueblo para ponerse a las órdenes en caso de necesidad.

La voz del Presidente de la República
El presidente puso el siguiente telegrama al gobernador:
Bogotá, 20 de marzo de 1926. Gobernador. – Manizales

Acabo de imponerme emocionadísimo de la noticia y detalles que usted me comunica sobre nuevo incendio en esa ya tan probada ciudad, y me apresuro a hacer presentes a ustedes y muy cordial simpatía y la parte que con intensidad fraternal tomo en los sentimientos que estarán ustedes experimentando en estos momentos. Quiera Dios que logran localizar el fuego y defender construcciones vecinas a las ya incendiadas.

El tono sereno y valeroso con que usted me habla es el que mejor sienta un hombre que de veras lo sea y a un mandatario cristiano que tiene la conciencia exacta de su puesto y de su deber. Le ruego presentar mis palabras de simpatía a don Alejandro Gutiérrez y a cada uno de los demás amigos que resulten damnificados por el tremendo siniestro: no quiero perturbarlos en estos momentos con despachos aparte. Mantóngame al corriente de lo que vaya ocurriendo, pues quedo en la más angustiosa ansiedad.

Amigo,

PEDRO NEL OSPINA

De la noble ciudad de Pereira se recibió este hermoso telegrama que es la expresión más viva de la confraternidad en estos momentos de dura prueba.

Pereira, marzo 20 de 1926.

Doctor Gerardo Arias Mejía. Manizales

Estimado doctor y amigo:

Es con profundo sentimiento como hemos sabido de la repetición del incendio en esta capital. El Consejo Municipal la Sociedad de Mejoras Públicas, la Liga y Cámara de Comercio y los pereiranos todos, están prontos a servir icondicionalmente en cuanto necesitan. Quedamos esperando órdenes, que usted se servirá impartirnos rápidamente con el fin de obrar.

Afectísimos amigos, y S. S.,

Manuel Mejía R., Pedro Restrepo, Enrique Drews, Nepomuceno Vallejo, Jesús Cano, Fernando Jaramillo, Bernardo Mejía, doctor Rios Hoyos, Joaquín Gómez, Francisco Mejía B., y demás pereiranos.

Menciones honoríficas
En un acontecimiento de esta clase no es posible hacer una relación exacta de las personas que con su actividad y con su valor contribuyen a la labor de salvamento; se incurre en tantas omisiones; son tantos los héroes ignorados. Empero, un sentimiento de estricta justicia nos lleva a hacer mención honorífica de las siguientes personas que vivimos trabajar con verdadero desinterés porque nada tenían en la zona que estaba incendiándose.

Mr. Hoit, Gerente de la Compañía Ulen, y uno de sus compañeros, trabajaron en la forma más heroica en el sector donde están situados los almacenes de Félix Salazar y Hijos; el doctor Papio, Capitan del Cuerpo de Bomberos de Colón, acompañado del capitán del Ejército don Octavio Hernández, trabajaron con la más grande eficacia en el sector comprendido entre el Palacio Municipal y las Droguerías, dando órdenes muy discretas y exponiéndose al peligro; el señor Juan Gallego y otros; el Almacén Alemán puso la orden de las autoridades machetes y todo lo necesario para apagar.

La labor de la limpia
El sábado a las doce del día empezó la obra de la limpieza de los escombros, bajo la dirección del Ingeniero Municipal, doctor Julio Buitrago, y se terminó hoy a las diez del día; de tal manera que el tráfico se ha regularizado ya por aquellas calles. En el campo donde estaba situada la Iglesia Catedral empezó la obra de limpia a las 9 de la mañana, bajo la dirección del Señor Obispo y de los sacerdotes, con la colaboración de las comunidades escolares, de damas de nuestra alta distinción social que allí fueron a trabajar con palas, de la Escuela Normal de Señoritas, y de una considerable cantidad de gente. A las once el campo estaba completamente despejado. El padre Muñoz, Cura de la Catedral, se propone hacer una ramada en la parte de la zona de la Iglesia, para que no se interrumpan los cultos sagrados en su parroquia y para sostener continuado y latente el fervor de los feligreses. En esa ramada se celebrarán las funciones de semana santa, en cuanto sea posible.

Del conjunto de voluntades han surgido las grandes obras. S. M. P.

Lunes, 22 de marzo de 1926. La Voz de Caldas.

Tres incendios en 4 años

Antes del incendio del 20 de marzo de 1926, ocurrieron otros dos: El primero comenzó a las 3 de la mañana del 19 de julio de 1922 en el depósito de velas de parafina de don Joaquín Gómez Botero (hoy calle 20, carreras 20 y 21); luego consumió los talleres del diario La Patria, la Casa Alemana; después arrasó con toda la manzana y se pasó a la acera del frente (hoy carrera 21 entre calles 19 y 20) y las llamas devoraron locales comerciales, viviendas y el salón Olimpia (dedicado a espectáculos). A eso de las 9 a.m. logró apaciguarse la candela.

El segundo ocurrió el 3 de julio de 1925. Inició en la Droguería Andina (donde hoy funciona Bancolombia, carrera 22, calle 21) y los materiales inflamables de este local avivaron las llamas que en pocos minutos envolvió 32 manzanas del centro de Manizales. Como no existía recursos para extinguir el fuego y el agua era escasa, se usó dinamita para controlar el incendio. Las consecuencias fueron devastadoras: las carreras 20, 21, 22, 23 y 24 entre calles 23 y 17 fueron calcinadas. Las únicas edificaciones que sobrevivieron fueron la Catedral de madera, la sede de la Alcaldía y una manzana de viviendas.

Este incendio obligó a la creación del Cuerpo de Bomberos. Ese Cuerpo se instaló por el decreto 023 del 1 de noviembre de 1925, y comenzó a operar con una escuadra de 10 hombres remunerados y 28 voluntarios, incluyendo un grupo de Primeros Auxilios. Roberto Zuluaga fue su primer comandante. En 1926, llegó a Manizales la primera máquina apaga incendios.

El tercer incendio, el del 20 de marzo de 1926, fue un reto para Gerardo Arias Mejía, gobernador de Caldas; José Manuel Gutiérrez Palau, alcalde de Manizales; y para el obispo Tiberio de Jesús Salazar y Herrera.

 Viernes, 22 de marzo de 2019. UMCentral. Mariana Echeverry

Avisos de ayer

En las ediciones de La Voz de Caldas posteriores al incendio empezaron a circular anuncios en los que los negocios que se habían visto afectados por la conflagración anunciaban a sus compradores sus nuevos puntos de atención. También, como es el caso de este anuncio, los avisos servían para buscar objetos perdidos.

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

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