A Reynolds le palpita el corazón por la ciencia

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El marcapasos es, actualmente, un aparato del tamaño de tres monedas de mil pesos, una sobre otra, que genera choques eléctricos al corazón para regular sus palpitaciones. Este invento que usan millones de personas en el mundo fue creado por un ingeniero electrónico colombiano: Jorge Reynolds Pombo, quien fue homenajeado el 22 de febrero en la Universidad de Caldas por sus aportes a la ciencia y con quien charlamos sobre la importancia de esta para la sociedad.

El doctor Reynolds vistió un traje azul oscuro, con camisa del mismo color en un tono más claro y una corbata con detalles de flores parecidas a las margaritas. Después de una conferencia con diapositivas animadas y coloridas, con las que ilustró mientras contaba la historia de la evolución del marcapasos, se quedó en la tarima y permitió que los asistentes al evento se tomaran fotos con él. La fila terminó y el científico bajó para tomar asiento en una de las sillas del teatrín del auditorio Ernesto Gutiérrez, de la sede Versalles de la institución.

Sonriente, contó que cuando regresó a Colombia, luego de hacer su pregrado en Inglaterra, tenía dos trabajos de medio tiempo: uno en la Universidad Nacional, donde lo contrataron para hacer la instalación de unos equipos;
y el otro, en la Clínica Shaio, en Bogotá. En la primera, aprendió que “el corazón era un sistema eléctrico y que lo entendía; y en la otra, que las arritmias eran problemas eléctricos dentro del corazón”, explicó Reynolds. De ahí surgió la idea de crear un sistema artificial que regulará la estimulación del corazón y que mantuviera la frecuencia cardíaca adecuada a las necesidades de cada momento.

Si desea saber sobre el homenaje que le rindieron a Jorge Reynolds  puede leer el texto (Le rinden homenaje a Jorge Reynolds en la U. de Caldas)

La prueba

Después de varias pruebas con perros, a Reynolds le llegó la hora de ensayar su invento. Fue en 1958, cuando un paciente proveniente de Ecuador llegó a Colombia con la esperanza de que algo lo pudiera mantener vivo. Por ser un sistema que se implantaba por primera vez, Reynolds estaba, inicialmente, reacio. En compañía del doctor Vejarano (nombre), médico tratante, habló con el paciente (quien era un sacerdote) y le explicó en qué consistía esa única opción que podían ofrecerle, “si no, la muerte hubiera sido rápida”, recuerda. Al final, aunque con nervios, decidieron proceder. Además, concluyeron que “con la bendición del sacerdote, si se moría, yo no me iba al infierno”,
añadió. El paciente vivió 18 años más.

Equipos

Reynolds hizo un llamado al trabajo en conjunto. “Sin interdisciplinaridad hoy en día no habría una ciencia con verdaderas posibilidades de aplicación”.

Tomada de El Espectador.

Como un grano de arroz

En un comienzo, el marcapasos era un aparato que pesaba alrededor de 50 kilos, por lo que debía ser transportado en una carretilla de hospital. Con el paso del tiempo, fue evolucionando hasta llegar a ser del tamaño de una cuarta parte del grano de arroz y pesar 0,7 gramos. A este último se le denominó: nanomarcapasos.
En este implemento miniatura, Reynolds y su equipo trabajan desde el 2000. Actualmente, están a la espera de la aprobación del National Institutes of Health (NIH), de Estados Unidos, para implantarlo en un ser humano. Hasta el momento, han instalado este artefacto en 24 perros y todos siguen vivos luego de cinco años. Se espera que cuando tengan la licencia, la instauración del mismo se haga por medio de un catéter, en una cirugía totalmente
ambulatoria, y su control lo pueda realizar el médico tratante por medio de una aplicación móvil.
“Cada día me sorprendo y aprendo que sé menos”, admitió Reynolds con firmeza, pues dado el complejo funcionamiento del corazón y gracias a la tecnología que se ha ido desarrollando, podemos conocer mucho más de él, de su funcionamiento y de los problemas que tiene para corregir con nuevos sistemas.
Antes de pararse de la silla, Reynolds recordó, en modo de halón de orejas, que: “un país sin ciencia y tecnología es un país que nunca va a salir del subdesarrollo”.

Retos

Con 82 años, Reynolds indicó que con el tiempo de vida que le queda tiene varios retos que desea cumplir. “Ya cuando uno pasa de cierta edad, hay que empezar a pensar en cosas que sean verdaderamente importantes y las pueda realizar en el menor tiempo posible”, recalcó con una mirada fija.

Uno de sus desafíos es evitar el aparato que lo llevó a la fama, y que se encuentra dentro de los cien inventos más importantes del siglo pasado. Esto lo quiere lograr a través de la regeneración de células madre en los tejidos del corazón.

“En nuestro cuerpo se están muriendo y están naciendo células constantemente; entonces, lo que pretendemos es poder encaminar esas células específicas hacia alguna parte del corazón y así poder regenerarlo”, señaló.
Igualmente, el científico dijo que “cada corazón tiene su encanto”, por lo que adelanta estudios al corazón de las abejas, que es un poco más grande que la cabeza de un alfiler. Busca entenderlo y revisar si encuentra algo de utilidad para el humano.

“Sencillamente, que sueñen, que vean qué tan coherentes son esos sueños y que los vuelvan realidades”.

Hoy en Colombia

El ingeniero eléctrico, quien tiene seis doctorados Honoris Causa en Medicina, fue nombrado miembro de la Misión
Internacional de Sabios. Espera luchar para que los recursos de la investigación sean bien destinados. Igualmente, tiene sus ojos puestos en el nuevo Ministerio de Ciencia para que afine las mentes inquietas y puedan convertir sus ideas en realidad. Sobre la paz, piensa que no es un problema de Colombia, sino del mundo entero y que espera que algún día el hombre pueda llegar a vivir pacíficamente.

Reynolds tiene la satisfacción de haber hecho que se utilizara un submarino de guerra para estudiar el corazón de las ballenas en el Pacífico, pues los sumergibles tienen un sistema que se llama el sonar pasivo, es para oír los barcos enemigos y destruirlos. “En este caso, oíamos el canto de las ballenas, su corazón y de ahí podíamos hacer con esas grabaciones, por medio de computadores, análisis de su funcionamiento”, declaró con orgullo. Al final, recalcó la importancia de que estos artefactos totalmente mortales sean benéficos para la sociedad.

Siempre se ha relacionado el amor con el corazón. El corazón es lo primero que conoció el hombre que soñaba, que un momento, entre parejas aceleraba el funcionamiento y de ahí salió la deducción de que el corazón era el que sentía los sentimientos. Para Reynolds, la realidad es otra: no es el corazón sino el cerebro. “Esas condiciones de amor y demás, aceleran el corazón porque se está pensando en eso y necesita un poco más de consumo de oxígeno el cerebro”.

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