UN NUEVO INCENDIO Amenaza destruir la ciudad de Manizales

La Voz de Caldas: 1926-2019 UMCentral

“Dos manzanas reducidas a cenizas. La Iglesia Catedral en escombros.

No parece sino que el espíritu de la fatalidad se hubiera cernido sobre la ciudad de Manizales. En ocho meses dos incendios pavorosos han destruido las zonas más importantes del centro en donde está situada la riqueza. Dios parece que quisiera probar nuestra fe, nuestra creencia en él, nuestra resignación, nuestra energía, nuestro esfuerzo, nuestra confianza en su bondad y en su justicia.

En ocho meses, treinta y seis connatos de incendio hemos presenciado. Y al trigésimo séptimo el fuego se desató con toda su voracidad destructora ante la estupefacción de sus habitantes, aun no repuestos del incendio del 3 de julio del año pasado, reduciendo a cenizas una zona riquísima por su valor material, por elementos que la constituían, y sobre todo porque alli estaba el corazón del pueblo católico que es en Manizales uno e indivisible: la bella iglesia catedral. Sin tiempo y sin espíritu para entrar en consideraciones morales y sociales sobre esta nueva catástrofe, vamos a dar detalles conocidos en los primeros momentos:

 El principio

A las cinco de la mañana del sábado 20 de marzo la ciudad todavía estaba tranquila. En la iglesia catedral decía misa el Padre Zuluaga quien daba, además, la bendición nupcial a una sencilla pareja de novios. Al salir los fieles de la iglesia, vieron con ojos sorprendidos que las llamas salían ya a la calle, amenazadoras, por la parte oriental del suntuoso edificio del Centro Social, encima precisamente de donde estaba situado el almacén de zapatería de don Gabriel Vargas. Alli vimos nosotros las llamas cuando llegamos al lugar del suceso.

Edificio del Centro Social, donde principió el incendio. Foto La Voz de Caldas

Si la fuerza que ya el fuego había tomado era poderosa, fue evidente también su lentitud para devorar aquel inmenso edificio. Un viento ligero que venía de oriente a occidente empujó las llamas en esta dirección y cuando llegó al sector del edificio en donde estaba situado el Café del Ruiz las llamas se extendieron hacia el norte y tocaron con el enorme alero de la casa de don Alejandro Gutiérrez. De esta manera el incendio continuó desarrollándose en las dos manzanas simultáneamente.

 La presencia del Sr. Obispo

A las 5 y media de la mañana llegó el señor Obispo Dr. Tiberio de J. Salazar y Herrera. Por encima de la multitud que se oponía con el objeto de salvarlo del peligro, entró a la Iglesia Catedral y la consumió. Las llamas amenazaban llegar hasta el edificio santo. Con la ayuda de las gentes y de varios sacerdotes se sacó algo de la bella ornamentación, la custodia, el santo sepulcro, el púlpito y algunas imágenes y otros objetos más.

 El Reloj de las seis de la mañana

Estaba ya terminado el edificio del Centro Social y había empezado a arder con fuerza inusitada la casa de los herederos de Dn. Francisco Velez, habitada hoy por la familia del Dr. José María Villegas, y se había propagado de ésta a la del Dr. Aquilino Villegas y luego a la casa de Dn. Martiniano Gutiérrez, suntuosa mansión que sirvió de alojamiento al señor Obispo el siniestro pasado; y de ésta las llamas pasaron a la Iglesia Catedral quedando en pocos momentos envuelta en humo negro, como si estuviese teñida de aceite, la cúpula de la Iglesia. En ese momento, el reloj dió las seis de la mañana.

La Catedral en cenizas

Interior de la Iglesia Catedral, totalmente destruida por el incendio. Foto La Voz de Caldas

El fuego emprendió sobre la Iglesia su desarrollo en dirección de sur a norte y en su obra de destrucción gastó solamente 30 minutos. La emoción en estos momentos fué extraordinaria en todo el mundo. La angustia en los rostros se retrató. Las lágrimas florecieron en los ojos de todos. Todos estábamos unidos a esa casa querida,la casa de Dios. Los unos por los lazos fuertes de la fe cristiana. Los otros, los tibios, los de fe dormida, los incrédulos, por el recuerdo de la madre que en la infancia les dió a beber la leche sabrosa de la religión de Cristo y que en esa hora trágica se reanimó en sobrepujantes olas de amargura en todo su ser.

Por fin el fuego que es unas veces depurador, que es otras criminal y que es en todo tiempo pavoroso, se trepó a lo más alto de la encumbrada torre, hincó su aguda punta rojiza sobre los brazos de la cruz, sonaron algunos golpes trémulos del viejo campanario y se desplomó el maderamen.

En la construcción de esta Iglesia se habían invertido catorce años de ingentes esfuerzos. Nuestros ancianos la vieron crecer orgullosa y muchas nobles manos pusieron su actividad en la ejecución de esta obra que fue en aquellos lejanos tiempos llamada magna y que hoy todos llamábamos bella con el acento del amor fervoroso, de la piedad intima, de la fe encendida y de la devoción ejemplar.

El Clero de la Diócesis se levantó bajo la austeridad de aquella santa cúpula. La devoción de nuestras madres, cual flor de aromas exquisitos, se deshojó mil veces mil al pie del preciosísimo altar. La fe de nuestros padres encontró en sus horas de angustias, un grato refugio entre la sagrada arquería. En aquella fuente bautismal recibieron nombre cristiano todos los habitantes de la ciudad. Cuantos hogares, que hoy son centro felísicimo de sabiduría, de honor, de aristocracia y de virtud, recibieron allí la sagrada semilla fecundadora, la bendición del sacerdote que como hilo finísimo de oro unía el amor de dos adolescentes…”.

Se localiza el incendio

En las Droguerías Unidas, frente al Círculo de Comercio, logró localizarse el incendio mediante el esfuerzo heroico de los bomberos, de los ciudadanos, de las autoridades. Pero la manzana quedaba toda destruida con las siguientes habitaciones y almacenes: Centro Social: en la planta baja, zapatería de don Gabriel Vargas, integramente reducida a cenizas sin haber logrado salvar nada; Café del Ruiz, lo mismo; Salón Venecia, sin haber salvado nada; almacén de don Francisco Jaramillo Ochoa, dañando muy poco, farmacia de don Emiliano Arango, sin haber salvado absolutamente nada; almacén de José de Jesús Restrepo debajo de la casa del Centro Social; edificio de los herederos de don Francisco Vélez y en la planta baja el almacén de los señores Gómez Hermanos; edificio del doctor Aquilino Villegas; en la planta baja sus almacenes de papelería y de granfonolas y sus talleres de tipografía; almacén de los señores J . Gómez & Cía., y de los señores Arango Restrepo & Cía.; edificio de don Martiniano Gutiérrez y en la planta baja los almacenes de la Singer, cigarrería La Patria, almacén de Hoyos Sanín & Cía., Joyería de don Ricardo Jiménez, almacén de los señores Sinforoso Ocampo e hijos, en la parte alta almacenes de la Compañía Colombiana de Tabaco y habitación de su gerente doctor Ricardo Isaza Salón; edificio don Benjamín Villegas, en donde hoy estaban situadas las Droguerías Unidas; casa de don Alberto Posada, casa de Manuel A. Posada, y debajo agencia de la Compañía Fosforera del Ruiz. Peluquería de Carlos Castro, talleres y almacenes de zapatería de don Rómulo Marulanda, almacén de papelería de don Gregorio Baena, almacén de don Pedro Sáenz, Las Novedades; edificio de don Alejandro Gutiérrez en donde habitaba la familia de don Jesús Antonio Patiño, y en la planta baja los talleres tipográficos de La Patria, en el piso medio oficinas de muestrarios, entre otras que recordemos las de D. Enrique Álvarez Angulo; edificio de Don Miguel Salazar y en la planta baja varias oficinas, entre otras las de los señores Garcés Patiño y Cía.

Casa de don Martiniano Gutiérrez, totalmente destruida. Al fondo, Palacio Municipal, milagrosamente salvado. Foto La Voz de Caldas

En la manzana del frente se localizó el incendio en la casa de doña Flérida González de Salazar, quedando sí esta reducidas a cenizas; en la planta baja estaban las oficinas de R. J. Jones y Cía. y en la alta de Eduardo Gerlein, Londoño Mejía y otras que no recordamos por el momento; edificio de don Marcelino Arango en donde estaba situado el Tribunal de lo Contencioso Administrativo cuyo archivo se perdió casi en su totalidad; en la planta baja los almacenes y oficinas de don Alberto Hoyos y la Lotería de Manizales; enseguida la casa de habitación de don Alejandro Gutiérrez y en la planta baja el Banco de Londres y América del Sud; almacén de Alejandro Gutiérrez e hijos, almacén de la Primavera, en la parte alta oficinas de Amskin y Cía.; enseguida el edificio don Rafael Jenaro Mejía, recientemente comprado con su terreno por la suma de sesenta mil pesos en donde tenía él sus oficinas y en la planta baja los almacenes del Abanico de don Roberto Posada, el almacén de don Luis Restrepo Isaza, la joyería don Carlos Perret, el almacén de don Ángel Ossa y algunos otros que no recordamos; contiguo a este el edificio de los señora González viuda de Jaramillo en donde estaba situada la telegrafía y en la planta baja los almacenes de la señorita Marta Gómez y de don Alfredo Botero G., dentro el café Majestic y la peluquería del mismo nombre y un establecimiento de billar; enseguida una casa pequeña de la misma señora, y más abajo, en la esquina, fue derribada la casa de las señoritas Cárdenas; a la vuelta se incendió la casa de la señora madre de don Alfonso Jaramillo y en su planta baja el almacén de menudeo de Alfonso Jaramillo & Cía.

Así quedan más o menos individualizadas las dos manzanas totalmente incendiadas.

La hora en que se localizó el incendio.

Mas o menos a las nueve de la mañana quedó dominado el incendio en la esquina de las droguerías en cuyo sitio se organizó un cordón de defensa del edificio del Círculo de Comercio y otro del Banco de la República que sufrió serios desperfectos y en la esquina de don Francisco Eladio Angel, edificio que sufrió también algunos daños, lo mismo que el almacén del Boulevard allí situado y el almacén de los señores Félix Salazar e Hijos.

El cuerpo de bomberos

Tenemos que decir que el cuerpo de bomberos se portó con verdadera heroicidad. Ese escuadrón de jóvenes, sin elementos, porque el Concejo se ha estado discutiendo meses y meses si consigue por mil pesos más o mil pesos menos lo que se necesita para dotarlos completamente, trabajó con arrojo, con serenidad, con la presencia de ánimo que se requiere en momentos como estos. Merecen que se les tribute el más honroso homenaje. No podemos otro tanto de su jefe. Es un valiente, en verdad. Es muy activo, es cierto. Pero se enloquece en estos momentos. Se congestiona demasiado. Carece de presencia de ánimo. No se da cuenta de la situación. Ni de sus funciones. Ni de su cargo.

El valor de los individuos.

El valor de los individuos, de los habitantes de esta ciudad, es verdaderamente ejemplar. Todo el mundo trabajando. Todo el mundo en constante actividad, sin un lamento, sin una queja, contribuyendo al salvamento de la ciudad. Lo mismo los hombres que las damas. Lo mismo los civiles que los militares, lo mismo los clérigos que otros.

El valor de esta raza selecta desconcertante. No es raro que mañana, como hoy ha sucedido, sobre estas nuevas ruinas esté levantándose el canto solemne de un pueblo que vence los obstáculos, que sonríe ante las catástrofes y que ante las duras pruebas del destino permanece tranquilo.

Las pérdidas

Las pérdidas, incluyendo las riquezas de la Iglesia Catedral se calculan alrededor de un millón de pesos. Los seguros valían solamente trescientos mil pesos. No estaba segura la Iglesia Catedral.

El instinto criminal.

Personas de muy connotada seriedad nos informan que en el patio de la casa de doña Filomena Botero v. De Villegas fueron sorprendidos unos fogones de viruta y otras materias inflamables y alrededor una porción de fósforos regados, en momentos en que ardían las dos manzanas que fueron destruidas. Como la autoridad como sospechas de algunos individuos los condujo, muy acertadamente, a la prisión. Contra estos movimientos criminales la ley y la sanción social deben ser implementes. El linchamiento nos parece poco.

Los talleres de “La Patria”

Los talleres de “La Patria” quedaron reducidos a cenizas. Damos a sus propietarios nuestra expresión de condolencia. Sus directores, doctor Silvio Villegas y Roberto Londoño Villegas habían invertido hace poco en esa empresa un capital apreciable, con el objeto de dotar a la ciudad de un diario muy bueno y de un taller tipografía digno de la ciudad. Pero seguros estamos de que estos dos jóvenes laboradores, inteligentes, encenderán nuevamente la mecha de su entusiasmo y de su patriotismo y harán todos los esfuerzos para refundar su noble empresa.

-Anoche, a las ocho, había en el Círculo del Comercio un muchacho de nombre Antonio José Sánchez quien se creyó como sospechoso. Se le preguntó qué estaba haciendo allí y como no supo dar razón se le sacó a la calle y el pueblo al verlo casi lo lincha. Tuvo la Policía que intervenir para defenderlo.

NOTAS VARIAS

La experiencia, que es maestra infalible, dijo que todos los almacenes y casas más cercanas a las dos manzanas que ardían, fueran desocupadas. Avanzaba el fuego, y las habitaciones más orientales se desocupaban, temieron sus dueños de que el fuego se propagara hasta ellos.

A la hora y media de haber sido localizado en incendio ya estaba una buena porción del pueblo limpiando las calles; probaban de esta manera la fé y el entusiasmo para resistir a las adversidades y para no dejar abatir a la ciudad magnifica ante las lenguas de fuego.

Entre los heridos, que por fortuna fueron pocos, se cuenta el bombero señor Eduardo Jiménez Tobón, a quien le cayó una gruesa viga sobre la cintura; fue conducido a su casa por el carro de la ambulancia, y se le prestaron los auxilios médicos. Su estado, hasta el momento en que escribimos este párrafo, es delicado. Don Roberto Zuluaga, comandante del Cuerpo de Bomberos; el doctor Antonio Arango, y otros pocos con leves contusiones.

Durante los momentos emocionantes, atravesaron la zona del incendio, demostrando valor y fé, sacerdotes, hermanos maristas, agustinos; estos abnegados discípulos de Cristo aprontaron el peligro y ajaron, una vez más, la insignia del sacerdote, en intensas faenas luchando por salvar a la ciudad e infundir la fé a todos los feligreses.

Como en las pasadas ocasiones, en esta de hoy, las damas, murmurando piadosas oraciones al Cielo, aportaban sus brazos para contener la vorágine desconsoladora. Las autoridades cumplieron con su deber a la medida de la situación; el decreto del señor Alcalde organizando la policía cívica, tuvo su valiosa importancia. Por bando se hizo saber que las casas y tiendas sospechosas serían requisadas para hacer los decomisos respectivos. La autoridad municipal percibe los todos los objetos que le sean entregados, para entregarlos a sus dueños previas las comprobaciones del caso.

A las 12m., los camiones autos y autobuses, empezaron nuevamente el transporte a las casas y almacenes que habían sido desocupados.

Debido a la vigilancia de la policía y el ejército el robo no registró la importancia que en estos casos se estila, no obstante, y quizá por medida de prevención, fueron conducidos a la cárcel cerca de una centena de advenedizos.
“Nada importa; nos quedan Dios y las energías de una raza que es asombro del mundo”, fueron las palabras que dos horas después, pronunciaba don Alejandro Gutiérrez frente a las ruinas de su casa y almacén. Así nos lo cuenta un amigo de confianza.
También dictó la Alcaldía un decreto, que se leyó por bando, prohibiendo el alza de los víveres durante la presente semana; al vendedor que se le sorprenda con precios más altos de los habidos el sábado antepasado, le serán decomisados.

-La Gobernación dictó un decreto por el cual se nombró la policía cívica, compuesta por personas de lo más distinguido de la sociedad y del comercio. A esta policía se le comisionó para que decomizara la entrega de mercancías y muebles, etc. de los almacenes y casas desocupadas. También para que hiciera requisa en todas las casas de familias para solicitar los objetos que en ellas se hubieran asilado y hacerle entrega sus dueños respectivos.

LA NUEVA CATEDRAL

Frontis de la Catedral, totalmente destruida. Foto La Voz de Caldas

No puede aplazarse para los tiempos la construcción de la Catedral. No debemos hacer nosotros como otros pueblos que empiezan y nunca terminan la primera obra, alma y corazón de las ciudades. Nuestra Catedral debió empezarse ayer, como dicen muy lisonjeramente los optimistas. Esa obra debe ser patrocinada en primer término por nuestras fervorosas mujeres. Que se inicie entre nosotros una austera cruzada de economía, para que podamos atender al levantamiento de la Iglesia. Al estilo de las mujeres antioqueñas que están desprendiéndose de sus joyas para hacer propaganda una carretera, las nuestras deben empezar por dar de las suyas para que surja de entre las cenizas, la casa de Dios”.

Domingo, 21 de marzo de 1926. La Voz de Caldas.

Avisos de ayer

               

Notas: Es de anotar que las 4 fotos publicadas ese 21 de marzo de 1926 por La Voz de Caldas son anteriores al incendio. En la del frontis de la Catedral se tomó cuando el obispo de Manizales Tiberio Salazar y Herrera saludaba a la multitud. Igualmente se destaca la presencia de los avisos, sobre todo el que trae la ilustración de una anciana angustiada y el texto publicitario que usa el tema del incendio para promociar la tipografía Blanco y Negro.

Jueves, 21 de marzo de 2019. UMCentral.Mariana Echeverry

 

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

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