El oído absoluto, la melodía de los privilegiados

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Flautas, trompetas, violines y otros instrumentos se escuchan en el Palacio de Bellas Artes en Manizales. Los estudiantes de la Licenciatura en Música de la Universidad de Caldas buscan perfeccionar la mezcla entre melodía, armonía y tempo para crear piezas de alto nivel. El estudio es primordial para desarrollar, entre otros, su oído, principal sentido que los ha llevado a alcanzar tonalidades afinadas y de agrado a la percepción de las personas. El Grupo de Control y Procesamiento Digital de Señales, de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales (UN), en conjunto con la Unidad de Investigación Entorno Sonoro y Visual, de la Universidad de Caldas crean dispositivo que transforma señales cerebrales en notas musicales.

Mientras se avanza hacia la entrada del edificio, la combinación de sonidos es cada vez mayor. Los estudiantes, que se encuentran en los pasillos con sus instrumentos y partituras, pasan horas ensayando, exigiéndose por alcanzar sus metas. Pero lo que para muchos de ellos lleva tiempo y dedicación, para Alejandro Flórez Muñoz y Kelly Tatiana López González es algo normal. Un golpe en la mesa, la bocina de un carro o el sonido de una silla rechinada contra el piso, se convierten para ellos en una nota musical: “oigo las cosas y el cerebro las procesa; y de inmediato, sé qué nota es”, explica Flórez.

Estos dos estudiantes poseen un oído absoluto, habilidad que solo una de cada diez mil personas tiene en el mundo. Para ellos, identificar una nota musical en cualquier sonido es tan común como reconocer un color. Esta destreza les da la posibilidad de aprender a tocar instrumentos a la perfección y, de manera empírica, interpretar canciones después de escucharlas una sola vez, componer y tener una afinación impecable. Ludwig van Beethoven, Wolfgang Amadeus Mozart, Frank Sinatra y el cantante de rock Charly García son algunos de los grandes artistas favorecidos con esta capacidad.

Sensibilidad desde el útero

Alejandro Flórez Muñoz tiene 22 años y cursa sexto semestre de Licenciatura
en Música. A temprana edad, comenzó a distinguir las notas en cualquier sonido. Su mamá le cuenta que a los tres años, él empezó a tocar villancicos en una organeta “chiquita”, sin que nadie le enseñara; y hasta entrar a la universidad, nunca había tenido clases de música de casino online ni sabía que tenía oído absoluto.
“Allí aprendí a renombrar todo lo que ya tenía en la cabeza”, recuerda, y añade que desde antes de nacer, su mamá le ponía música clásica, “salía a la calle a andar únicamente para que yo empezara a sentir
el ruido y estimular el oído de cualquier manera”.

Esto pudo ser de gran influencia, pues según el médico especialista en neuroanatomía, Jorge Eduardo Duque Parra, “el desarrollo del oído empieza en la vida intrauterina”. Su parte neurofuncional, agrega, es el órgano auditivo que tiene unas células pilosas dentro del oído interno, junto con el nervio vestibulococlear o estatoacústico, uno de los 12 nervios craneales.
Además, las ondas sonoras que inciden en el vientre de la mamá pueden activarse a través del líquido amniótico. Cuando el bebé nace, se agudiza más el sentido.

Con cuatro años de edad, Flórez disfrutaba cantar e imitar los sonidos de los instrumentos. A los ocho años, tuvo uno propio, aunque lo utilizaba más para jugar. A los once años, aprendió a tocar la guitarra empíricamente; más adelante, sucedió igual con el violín, el tiple, el cuatro y el bajo. Flórez, quien es invidente de nacimiento, comenta que “tener oído absoluto es lo mismo que para ustedes los que ven, tener la visión. Es como que ustedes ven algo y saben qué es; yo escucho las cosas y ya sé qué es. Para
ustedes, ver es normal; para mí, esto es normal”.

Sin distracciones

Para este joven amante de la música colombiana, ser ciego no es un obstáculo profesional. Al contrario, siente que es una ventaja porque así, la visión no representa “una distracción”.

Una de las anécdotas que lo hace reír es la de un día que tenía parcial. Él y sus compañeros estaban “apeñuscados”. Cuando se iban a separar, el profesor dijo que podían quedarse así, lo importante era que no miraran al otro, y bromeó: ¿Oyó Alejandro?, él hizo como si estuviera mirando al compañero y el profesor agregó que le iba a quitar la hoja porque nadie podía mirarle a nadie. “Después de las risas, seguimos en el parcial”, narra.

A Flórez le gusta componer, y gracias a su oído absoluto, les ha puesto su sello propio a sus obras de música colombiana: “A mí se me ocurre algo y se me queda grabado en la cabeza, hasta que encuentre a alguien que me lo escriba. Entonces, yo empiezo a tocar y me van escribiendo lo que yo voy interpretando”.
Entre estas, el joven se acuerda de que en su niñez, un día estaba en una finca y no tenía instrumentos; mientras caminaba, encontró una tabla y un hilo de nailon. Se le ocurrió la idea de crear un instrumento. Fue donde su tía y le pidió puntillas y un martillo. Al organizarlo, lo afinó e interpretó una pieza de Vivaldi.

Para integrarse en la universidad, su sentido del humor siempre está presente. A esto se suma la admiración que le expresan sus amigos cuando él saca la guitarra y toca las notas según el tono de sus voces. Cómo hace, porque ellos se demoran mucho haciéndolo, es la pregunta de rigor.

Esta destreza les da la
posibilidad de aprender a tocar
instrumentos a la perfección

Kelly Tatiana López González no necesita un sonido de referencia para conocer la nota musical.

Disciplina, su secreto

Kelly Tatiana López González, de 23 años, se considera una mujer de extremos. Muy relajada en algunos aspectos, pero cuando se trata de la música y los sonidos, es “bastante estricta”. Ella lleva diez años involucrada con la música. A los once años, empezó a cantar en el coro de su iglesia; después, entró a la
Fundación Batuta Caldas, donde conoció y aprendió a interpretar su instrumento, la viola.
Para López, darse cuenta de que tenía oído absoluto fue una experiencia graciosa. “Llevaba dos meses tocando viola y empecé a sacar canciones. Yo creía que todos podían hacer eso, para mí era normal”, afirma. Un día, un amigo tocó una nota en su trompeta y le preguntó qué nota era; ella respondió de inmediato y él siguió preguntando más, todas las respuestas fueron acertadas. “En ese momento él, exaltado, me dijo: ‘parce, usted tiene oído absoluto’. Yo no sabía qué era eso”.

Para sorpresa de algunos, la joven ha tratado de que nadie sepa que tiene dicha habilidad. Dos semestres atrás, cuando entró a la universidad, no quería decir nada, pero una amiga insistió en que lo hiciera. Nadie se dio cuenta, hasta un día en que un profesor hizo sonar una campana y le dijo: “la nota es un mí”; ella lo corrigió y le dio la nota exacta. A pesar del asombro, López repite que le da igual, pues lo ve normal y por eso no habla mucho del tema.

Maraña de sonidos

Aunque Alejandro Flórez y Kelly López concuerdan con que el oído absoluto les ha servido para que sus estudios sean más fáciles y los tengan en cuenta en diferentes eventos, manifiestan que “no todo es bueno”. La concentración, los problemas con otros compañeros y asistir a conciertos, son algunas de las dificultades que enfrentan cada día.

A Flórez le cuesta relajarse, no es capaz de poner la mente en blanco. “Si logro aislarme del ruido de mi entorno completamente, me suenan cosas en la cabeza. Y se convierte en un tormento porque se me revuelve la información. Se me hace una maraña”, describe.

Para los dos, en algunos casos, el oído absoluto les ha ocasionado problemas con las personas, pues sienten que los utilizan para obtener ayuda a cambio, o, por el contrario, otros compañeros no se preocupan tanto por la afinación de su instrumento. En otros momentos más drásticos, han optado por no asistir a conciertos: algunos tipos de música les genera dolores o bloqueos en sus oídos. “En un concierto, una vez, dos instrumentos sonaron dos notas que chocaban entre ellas. Ahí se bloquearon mis oídos hasta el otro día”, cuenta López, y explica que el problema no fueron sus oídos tapados sino la nota que generaba la presión del viento.

Aunque los dos han tenido inconvenientes por tener oído absoluto, se sienten afortunados por esta habilidad. Diferenciar escalas, notas y acordes les ha dado la posibilidad de arriesgarse a componer e interpretar mejores piezas musicales. Mientras Flórez utiliza su sentido para integrarse con sus compañeros, López con su postura discreta dice “He lidiado con esto, es muy lindo y bonito, pero es muy extraño”.

Por Cristian Camilo Ruden Muñoz 

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