La Instrucción Pública secundaria en Caldas

Aguadas Caldas La Voz de Caldas: 1926-2019 Risaralda Salamina

“Exótico como es para la generalidad, el tema de la I.P., vamos a dedicar estas líneas a un contado número de lectores. Si andamos errados que se haga la luz, y si no que se aplique el remedio oportuno.

Se habla muy por lo bajo del desastre a que ha rodado la I. P. en Caldas. ¿Tendrán fundamento tales decires? No lo creemos ni lo aceptamos. La Dirección del Ramo anda hoy en manos de un experto, a quien por otra parte exornan indiscutibles dotes de pericia, de serenidad y de tesura. Por desgracia los tales que el público malicioso y suspicaz apunta, parecen tener fundamento. Lo que se comprenden algunos es que los orígenes y causas de las irregularidades anotadas son de muy antigua data.

Hoy sólo queremos historiar muy a la ligera la obra de los COLEGIOS OFICIALES del Departamento. Funcionaron ellos casi desde los comienzos de la vida política de esta sección de Colombia. Sus resultados fueron magníficos, pródigos los frutos e inmejorables los beneficios. Bástenos agregar que en estos planteles se formó la crema de nuestra actual generación caldense, la que hoy tiene entre sus manos los intereses del departamento. Como factores de primer orden en el desenvolvimiento cultural de Caldas la labor de los Colegios fue excepcional. Esta labor excelente y progresista, recorrió sin tropiezos la ya gloriosa historia del Departamento, protegida por las Asambleas y secundada por los gobiernos; Salamina, Santa Rosa, Calarcá, Pereira y no sabemos si otras ciudades gozaron de las ventajas de este gran factor educativo para sus jóvenes. En los Colegios Oficiales podía otras veces Caldas fincar su orgullo, como que le hacía marchar a la vanguardia de la I. P. nacional. ¿Cuántos Colegios quedan actualmente en el Departamento? Según informes, DOS. Los de Armenia y Aguadas. Los restantes pasaron al Parnaso.

El hecho es tristemente significativo y dolorosamente evidente. El nos muestra en condiciones iguales al Huila y peor que Boyacá. En otros términos la enseñanza secundaria se acabó en Caldas. La casi totalidad de nuestros jóvenes de provincias quedan hoy reducidos al incipiente toque cultural que pueda darles la escuela primaria. Los que pueden hacerlo siguen a Bogotá o a Medellín, pero todos sabemos lo que significa arrancar a un niño que todavía necesita del calor del hogar y soltarlo entre el bullicio de aquellos centros. Algunos pensionados y unos pocos becados vienen al Instituto Universitario, pero la mayoría, la gran mayoría, vence recluidos en sus pueblos iniciándose en la vida de la holgazanería.

La conclusión es clara. Vamos, o mejor, regresamos en carrera vertiginosa hacia el analfabetismo. Las consecuencias de la ignorancia nos las están diciendo las indiadas bárbaras de Méjico, con sus Calles y Vasconcelos a la cabeza. La soñada lontananza de una centralización de la Enseñanza Secundaria en Manizales, fuera de que es injusta e inmoral porque abarca un número limitado de estudiantes en detrimento de la generalidad de los padres de familia del departamento, no pasa de ser una bella ilusión que se disuelve en un solo MITO.

¿Y qué causas tan soberanas provocaron semejante desastre? Que lo digan los TÉCNICOS. Sabemos únicamente que el decreto orgánico que a los Colegios Oficiales se refiere exige el imposible de CUARENTA alumnos asistentes para que tales planteles puedan funcionar. De este requisito a la clausura LEGALIZADA no media un paso. ¿Una TREINTENA de jóvenes pidiendo educación no es acaso un argumento decisivo que indica ser este un número más que suficiente en pro de esos colegios? En materias educativas el número no es razón. Los COLEGIOS deben reaparecer o habremos retrocedido veinte años en la escala cultural de Caldas”.

ALFONSO ESTRADA.

Jueves, 11 de marzo de 1926. La Voz de Caldas

 

La educación, un derecho

El Artículo 67 de la Constitución Política de Colombia señala: “La educación es un derecho de la persona y un servicio público que tiene una función social; con ella se busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica, y a los demás bienes y valores de la cultura”.

Caldas cuenta actualmente con 1.604 colegios oficiales o públicos, según la página del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. En el texto de La Voz de Caldas se sostiene que para 1926 solo existía dos colegios (en Armenia y Aguadas), creemos que hace referencia a los demás municipios de Caldas, sin contar a Manizales. Hay que tener en cuenta que para la época Risaralda y Quindío hacían parte del Departamento.

Algo de historia: La primera escuela que tuvo Caldas fue la Escuela Parroquial de Aguadas (1824) y la primera en Manizales se fundó en 1851. A comienzo del siglo XIX, los caldenses más ricos enviaban a sus hijos a educarse a Rionegro (Antioquia). A Caldas comienzan a regresar sacerdotes, maestros, médicos, abogados y militares (profesiones del notablato de la época) con la misión de fundar colegios de secundaria. Caldas fue influida por el Estado Soberano de Antioquia, al mando de Pedro Justo Berrío (1827- 1875), quien planteó una idea de gobierno centrada en la educación dado que el país, en ese entonces, requería de profesionales que enfrentaran la construcción de ferrocarriles, el control de enfermedades del trópico, la explotación de oro; además estaba en auge las escuelas normales y los talleres de artes y oficios.

Dice el documento Anotaciones para una historia de la educación en Caldas, de Ángel María Ocampo Cardona, que en 1860 se fundó en Manizales un colegio de segunda enseñanza, a cargo de Francisco Felipe Martínez y Rómulo Durán. En 1872 aparece el Instituto Caldas, dirigido por Miguel Jaramillo Ch. En estas instituciones se enfrentaron dos ideas: las pedagógicas liberales y las pedagógicas tradicionales respaldadas por el catolicismo. El educador Alejandro Vásquez fue designado por el gobierno de Berrío para darle vida a la Escuela Normal de Institutores, que graduó la primera promoción de maestros. También fue célebre el colegio de Sara Jaramillo de Velásquez, que formó intelectuales como Dolores Macías de Escobar, Virginia Villegas, Narcisa Bustamante de Saravia y Agripina Montes del Valle. Cuenta Andrés Darío Calle Noreña, docente de la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales, que “la instrucción pública para ese entonces era sobre todo para hombres. Para las mujeres había muy poca enseñanza. En Salamina y Pensilvania había hermanas de La Presentación desde 1920 más o menos que enseñaban a mujeres, pero aquí en Manizales no hubo colegio de La Presentación”.

En 1875 se fundó la Escuela Superior de Varones del Circuito de Manizales. Entre 1886-1903 aparecen los colegios Santo Tomás de Aquino (dirigido por el pedagogo Jesús María Guingue), el Colegio León XIII, el Instituto Pestalozzi, el Colegio Exagógico y el colegio de Cristo. Posteriormente aparecen la Escuela Industrial, para ofrecerles educación práctica a las mujeres pobres; el Internado Campestre y el Instituto Universitario; y más tarde surge el Colegio de Cristo, las Escuelas Normales Superiores (de Manizales y de Caldas), el Instituto Universitario y el Instituto Tecnológico Superior… El Instituto Universitario -en la foto de portada- sigue operando (antes se llamaba Colegio Mayor de Manizales). En el 2018, gracias a recursos del Fondo Nacional de Pensiones de Entidades Territoriales, se invirtieron $3 mil 338 millones en este colegio para mejorar el patio, los salones, los pasillos, salas y para instalar ventanas insonorizadas. Además de otros arreglos.

Lunes, 11 de marzo de 2019. UMCentral. Santiago Arbeláez Escobar.

Avisos de ayer

El almacén de los señores Sinforoso Ocampo e Hijos fue uno de los afectados por el incendio ocurrido el 20 de marzo de 1926 (9 días después de la publicación de este anuncio) en el centro de Manizales.

El libro Literatura de Caldas, de por Roberto A. Vélez Correa, señala que la gente de buen tono de la ciudad se vestía con los elegantes y magníficos sobretodos ingleses comprados en el almacén de don Sinforoso, quien además fue uno de los primeros cafeteros fuertes que tuvo Caldas. Él se desempeñó como comerciante importador y exportador por la vía al Magdalena, para lo cual organizó la firma Sinforoso Ocampo e Hijos. También fue secretario de Hacienda y Ministro de Agricultura y Comercio en el último gabinete del Dr. Enrique Olaya Herrera (1930-1934).

“Junto con Francisco Jaramillo Ochoa, Carlos Pinzón y Nepomuceno Mejía, Sinforoso fue uno de los empresarios vinculados a Manizales interesados en desarrollar el nuevo departamento de Caldas, que consistía en presionar el Gobierno Nacional para que se le agregara al departamento de Caldas ´nuevas porciones del territorio del Tolima y de la Intendencia Nacional del Chocó, Océano Pacífico”. Según manifiesta Carlos Alberto Londoño, hombres como Jaramillo, Pinzón, Antonio Arango y Sinforoso invirtieron los recursos de la venta del café en crear empresas como el Banco de Caldas (1915) y el Banco del Ruiz (1916). Esta información fue tomada del libro 100 años de construcción de civilidad SMP Manizales, de La Sociedad de Mejoras Públicas de Manizales.

 

 

 

La Voz de Caldas circuló entre 1926 y 1939, luego de que en 1938 fuera asesinado su director Eudoro Galarza Ossa por un militar. En el 2018, Carlos Eduardo Galarza Jaramillo, nieto de don Eudoro, donó 800 ediciones del periódico a la Universidad de Manizales. Esta sección busca rescatar notas publicadas en este periódico en 1926 y contextualizadas hoy (las transcribimos tal como fueron publicadas).

 

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