El silencio del aula

En portada Unidiario

El aula de la maestra Lina María Villada Giraldo sobresale en el pasillo profundo, frío y oscuro del último bloque de la Institución Educativa Inem Baldomero Sanín Cano, de Manizales. En aquel salón, detrás de esa dura puerta de madera color gris, hay otro mundo: 18 estudiantes con discapacidades auditivas, pacientes psiquiátricos y alumnos con déficit de atención están prestos a iniciar un nuevo día de clases.

Al compás de movimientos con las manos, se dan la bienvenida y acompañan su saludo con una sonrisa tierna. Villada pide a sus estudiantes que deletreen su nombre, ya sea en lenguaje de señas o fonéticamente; minutos después, la jornada inicia. Es tiempo de estudiar matemáticas, pero atención, esta no es la típica clase “aburrida y magistral” que identifica a esa materia.

El método de enseñanza de esta magíster en Educación Especial es diferente al de los demás. El juego y la diversión son lo primordial. Ella explica que el juego en los niños sordos permite conocer sus posibilidades, ejercitar y afirmar aspectos algunas veces escondidos. Además, los ayuda a configurar nociones de tiempo y espacio para perfeccionar su capacidad motriz. Por otro lado, establece vínculos que los hacen como un ser integral en la sociedad.

El modelo educativo que siguen en la institución es el Geempa, un método brasileño que emplea el juego para la enseñanza, que busca activar procesos de producción escrita, lectura comprensiva, pensamiento lógico matemático y convivencia pacífica. Así, se les demuestra a los niños el nivel de capacidad y de superación que pueden llegar a tener, reforzando la confianza propia y afianzando sus conocimientos.

Algo que llama la atención es la educación personalizada y preferencial que se les da a los alumnos, distribuidos en cuatro mesas hexagonales. El objetivo es ubicar a los niños según sus capacidades para que compartan durante el proceso de aprendizaje; la comprensión y producción de los temas puede llegar a ser lento, reducido e inestable.

Como colegio inclusivo, el Inem busca integrar a todos sus estudiantes. Desde primaria, se les enseñan los modelos lingüísticos para aprender lenguaje de señas y adaptarlo como un idioma complementario. En secundaria, se apoyan con intérpretes que acompañan a los maestros en las aulas de clase para afianzar la integración de estudiantes sordos con el resto de la comunidad educativa.

Aprender jugando

Para iniciar con la lección del día, la profesora reparte cuatro cajas de plástico medianas que contienen figuras geométricas de diferente grosor, tamaño y color. Clasificarlas por grupos es el reto de los estudiantes, y como allí se aprende con diversión, las risas borran el silencio inicial, se escuchan en todos los rincones del aula. El método sí funciona: los niños aprendieron que el círculo rojo y grande no tiene cuatro lados, como sí pasa con el rectángulo azul; ya saben distinguir entre el triángulo amarillo y el cuadrado verde.

La clase de matemáticas continúa. La”profe” les pide a sus estudiantes que dibujen, recorten y peguen las figuras estudiadas en el tablero. Luego de un rato jugando, haciendo ruido y moviendo la cabeza como siguiendo el ritmo de alguna música, la actividad finaliza.

9:30 a.m. ¡A comer! El Inem tiene un programa de meriendas asignado para estos grupos de primaria, el cual consiste en llevarles hasta el aula -para mayor comodidad del alumno- el menú del día, ya sea yogurt, kumis, leche, galletas, entre otros. Así, garantizan la seguridad plena y la atención necesaria que ellos requieran. Esta es un aula multigradual; es decir, hay niños desde el grado segundo hasta quinto de primaria, todos con diferentes tipos de discapacidades, por eso se aprovecha el tiempo para integrarlos y fomentar el diálogo entre ellos.

Cuando el descanso termina, los niños tienen una tarea: la limpieza. No debe haber rayones sobre las mesas, chicles pegados, basura de recortes, ripio del lápiz ni empaques de comida. Cada uno es responsable de su basura y debe depositarla en el lugar respectivo.

Como cualquier otro salón, en este también se observa a los estudiantes típicos de todos los colegios: El famoso “grupito de atrás”, que siempre habla, ríe y se dispersa mientras la profesora habla; el que aprovecha el más mínimo descuido para molestar y recochar con el resto del aula. También está la juiciosa y participativa, comúnmente denominada, ella es una niña alta, de piel morena, cabello negro, largo y trenzado, ojos oscuros y una sonrisa llamativa que cautiva. Y por supuesto,  “el payaso del salón”, ese que hace reír hasta a la maestra con cualquier movimiento, chiste o palabra.

Lo que queda de la mañana, la profesora lo aprovecha para reforzar lo visto en clase con actividades lúdicas y diversión para así asegurar la asimilación de los temas. A las 12 del mediodía, los niños guardan todo en sus maletines de superhéroes, princesas y equipos de fútbol, preparan su cuchara personal y esperan la orden para salir; cuando por fin suena el timbre, la misma emoción hace rechinar las patas de las sillas contra el suelo: los estudiantes salen corriendo para hacer la “fila india”, se organizan en el pasillo del bloque, saludan a sus compañeros de primero de primaria y caminan hacia el comedor de la institución, que queda pasando un pequeño puente de cemento que une los dos bloques.

El almuerzo, este es el momento donde toda primaria se reúne y todos hablan con todos, las maestras aprovechan y se saludan entre sí, se cuentan una que otra experiencia y se sientan a descansar. Cuando termina la jornada, todos se despiden con una sonrisa y un abrazo de gratitud.

Institución inclusiva

Desde hace quince años, la institución educativa INEM ofrece programas que pretenden mejorar la calidad de vida de niños y jóvenes. Hay estudiantes con sordera profunda (perdieron el sentido de la audición en su totalidad) y otros que solo escuchan a través de un implante coclear. Hay adolescentes con problemas de visión, de movilidad, trastornos del aprendizaje, déficit de atención, hiperactividad, grupos de niños afrodescendientes y población LGBTI.

Este establecimiento educativo también ofrece programas como Secundaria Activa, para estudiantes que se han retrasado en procesos académicos. Cursan sexto y séptimo en un año, octavo y noveno en otro, y décimo y once con normalidad académica. También está el programa Aceleración de Aprendizaje, para que quienes sepan leer y escribir puedan realizar su primaria en un año.

Como programas complementarios para la media académica, está la Articulación SENA, especialidades en Electrónica, Comercio Sistematizado y Madera. Con esto el Inem busca consolidarse en la ciudad como una institución completamente inclusiva donde niños y adolescentes con diferentes tipos de discapacidades y trastornos tengan acceso a educación de alta calidad.

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