Desesperación

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Sonreír no quiere decir que se es feliz, saludar con alegría no es señal de tranquilidad, ni siquiera responder que todo está bien significa eso. Desesperación, infelicidad, impotencia, una presión en el pecho que va minando la vida, eso vivimos muchos pero comentamos pocos.

Es posible que nunca nos hayan enseñado a enfrentar los sentimientos. Una ruptura amorosa, despedir a un ser querido, que no renueven el contrato laboral, la mayoría de nosotros no tenemos las herramientas para lidiar con eso. Algunos, como yo, hemos enterrado esos dolores en lo más profundo (finalmente, salen y es peor). Otros, no saben cómo gestionarlo. Terminan saliendo de fiesta hasta perder la consciencia, consumiendo drogas, tomando malas decisiones.

Vivimos en un mundo en el que Instagram muestra la vida feliz de otros, mientras sentimos que la nuestra, aunque decente, no nos es suficiente. La Asociación Mundial de Psiquiatría dice que para el 2020 la depresión será la enfermedad más común. En Colombia, la Encuesta Nacional de Salud Mental (2015) indicó que solo el 38.5% de los colombianos que solicitaron atención por este tema, la recibió. Y en Manizales las cifras no son mejores, los suicidios aumentaron en un 54% entre 2016 y 2017.

La vida, algunas veces, duele, pero nos da miedo hablar de eso. No sabemos pedir ayuda, no tenemos la confianza de solicitar un café y un abrazo. Nos da miedo decir que lloramos, que nos sentimos mal, tristes, que no queremos hacer nada, incluso, que no queremos vivir más.

Nos sentimos desubicados, sin una razón de ser, con un taco que no nos deja respirar, ansiosos, desesperados; imagino que, en algún momento, todos pasamos por ahí. Algunas veces, es pasajero; otras, es crónico, en ambos casos, deberíamos buscar apoyo.

Hace dos años empecé a visitar, cada 15 días, una psicóloga. Me quebré y tuve que pedir ayuda. Ha sido el proceso más difícil que he vivido. Conocerme, amarme, entender mis virtudes y defectos, aceptar que sentir no es malo. Creo que todos en algún momento necesitamos eso, abrir nuestro interior y mirar qué tenemos guardado allí. Sacar la basura antes de que nos tape como un alud.

Como lo escribió Adriana Villegas: “Perdonen la tristeza”, pero negarla no es la solución.

*Docente de Comunicación Social y Periodismo. Director de UniDiario. Editor de Eureka.

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