Un vaivén de luz y oscuridad

Caldas Página

Salir de la rutina. Ir por helado. Ver películas. Caminar. Tener una cita. Así es la lista de sugerencias cuando de canalizar emociones y superar traumas se habla. ¿Acaso alguno de los sugerentes habrá hecho el ejercicio de investigar o con quien parecería ser el candidato perfecto para esas acciones? Quizás no.

Decidí ser yo misma la que tomaría “el toro por los cachos” y lo empujaría para que su cornada doliera menos. Empecé por desentrañar aquel fantasma que me recorría las piernas, me apretaba el pecho y me secaba la garganta. Busqué en internet y noté que había una palabra que se repetía con frecuencia, una que yo no me atreví a pronunciar: depresión.

La depresión, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) “es un trastorno mental frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración”.

Noté que sentarme frente a un ordenador para leer mil portales no era suficiente, y hablar con un extraño, tampoco. Entendí que hacía falta una exploración interna y una materialización exterior.

Agarré mi cámara, mi trípode y un papel para rayar los planos. Me rendí ante el lente y le mostré, de a poco, las sensaciones que me daban vueltas en la cabeza y cobraban vida tanto en el dedo pequeño del pie como en la coronilla. De allí surgieron fotografías simples que decidí dejar en blanco y negro, como una metáfora del contraste entre la tranquilidad y la paranoia, la luz y la oscuridad, que se aferran a una persona depresiva.Fue un ejercicio liberador, pero eso no lo acerca, de ninguna manera, a una condición universal. Se trató de una alternativa que utilizó una de las más de 300 millones de  personas en el mundo afectadas por la depresión –según la OMS- para hacer su día más llevadero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *