Trazos de esencia local

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Universidad Católica Luis Amigó
Periódico Sextante

 

 

 

Andrés Chizaba Camacho, un retratista urbano que refleja en cada uno de sus trazos la realidad en las calles y cualidades inherentes de la ciudad de Medellín.

Son las 5:29 p.m. y el pintor se encuentra sentado en una de las baldosas que integran el tradicional pasaje peatonal de Junín. Con sus tizas para dibujo, sus obras expuestas en el suelo y a su lado un habitante de calle que parece admirar su trabajo, Andrés Chizaba Camacho sostiene un pequeño lienzo que describe a Medellín como “una ciudad con mucho arte, mucho talento y mucho para ofrecer”.

Como artista urbano, Andrés se ha visto cohibido a la hora de exhibir su arte en las calles a causa de las restricciones que se implementan desde la Subsecretaría de Espacio Público. El artista ha soportado molestias a causa de esta entidad y dice que es uno de los motivos por los cuales el arte callejero ha disminuido en el centro de Medellín. “¿Cómo es que nos persiguen tanto? Un man tocando trompeta… ¿qué mal está haciendo? No sé por qué nos joden tanto”, expresa Andrés mediante un gesto de indignación ante la situación que ha presenciado en más de una ocasión, en donde se ve involucrado un conflicto entre la entidad y los artistas callejeros.

Néstor Mario Escobar Arango, abogado y experto en el tema de políticas públicas, dice al respecto que las personas que se toman el espacio público para hacer cualquier tipo de actividad deben obtener un permiso cuando se vea que esa actividad afecta a dicho espacio. Así mismo sostiene que “se debe analizar si la exposición de ese talento afecta otras actividades del día a día, por ejemplo, la movilidad, en ese caso se podría aplicar el Código de Policía y las medidas correctivas que allí se estipulan”.

El abogado resalta el hecho de saber diferenciar entre el arte callejero y el vandalismo, debido a que el vandalismo afecta el patrimonio público y privado, además, en algunas ocasiones puede llegar a ser obsceno. También destaca que las distintas entidades gubernamentales encargadas de todo el escenario de espacio público tienen la responsabilidad de analizar cualquier manifestación que se haga en las calles y determinar si realmente afecta a la comunidad.

Frente a la idea de que el arte callejero ha mermado en distintas locaciones públicas a costa de las intervenciones de la Subsecretaría de Espacio Público, otras voces apuntan a que este tipo de manifestaciones ayudan a mostrar una cara diferente de la cultura y un arte auténtico de la ciudad de Medellín. El sociólogo Carlos Restrepo afirma que el arte urbano ha ayudado a identificar que este es una forma de resistencia y caracterización ante la eventual estigmatización que se tiene de dicha población, pero también ha ayudado a darle un giro en términos turísticos, “a cambiar el imaginario de que somos una ciudad que solo produce coca, turismo sexual y violencia”.

El arte ambulante

5:41 p.m. y Andrés retoca uno de sus dibujos con tiza de color amarillo, apoyando el trabajo en sus piernas y realizando trazos con los ojos entrecerrados para ser preciso en ellos. En ese momento el artista refleja mediante palabras lo importante que es aquella manifestación encargada de interpretar lo real o lo imaginado con distintos recursos, en su caso sus lápices, tizas y lienzos, dado que, así como un negocio ambulante que va dirigido a la actividad comercial tiene su lugar en las vías tradicionales de mayor alcance turístico y transitado por un sinnúmero de personas, el arte debería tener el mismo espacio y quizás aún más.

“Los turistas son grandes consumidores de actividades artísticas y culturales, igualmente buscan tener nuevas experiencias y descubrir sensaciones”, afirma Libia Marcela Rojas Estrada, tecnóloga en Administración Turística, quien destaca la relevancia del arte y la atracción que este tipo de manifestaciones callejeras en sitios estratégicos de la ciudad pueden causar en los extranjeros, una motivación añadida para visitar y conocer Medellín. Libia Rojas describe el arte callejero como una manifestación espontánea sobre las principales problemáticas que enmarcan una sociedad, por lo tanto, esto seduce a los turistas a tener un mayor acercamiento a las ideologías y costumbres que caracterizan la esencia de una ciudad.

La hora de los recuerdos

Andrés realiza una pausa en su trabajo. Son las 5:49 p.m. y él, sin finalizar un trazo que forma el rostro de un personaje animado, aún con tiza en mano, hace un gesto indicando que recordó algo, dice que en ese instante se acordó de Orito, un municipio del departamento de Putumayo. Entonces evoca una anécdota donde menciona haber recorrido varias ciudades suramericanas encontrándose con personas que no sabían lo que era un pintor. Muchas de ellas se le acercaban y admiraban su talento puesto que creían que ese tipo de manifestaciones artísticas solo se apreciaban en la televisión, que un pintor era una creación imaginaria: “todo lo que he hecho, lo he hecho por toda Suramérica, en la calle, porque mi idea de hacer un retrato es que la persona se siente frente a mí y yo la dibuje, porque no me interesa copiar una imagen, eso lo hace cualquiera, yo soy un artista que se destaca por retratar la realidad”, relata con emoción.

Andrés insiste, desde su postura como artista callejero, en que el arte debería ser más relevante para entidades gubernamentales. En la ciudad continúan surgiendo iniciativas que buscan promocionar y consolidar un espacio dedicado al arte urbano como lo hace la Secretaría de Participación Ciudadana, que trabaja con las Juntas

Administradoras Locales, de Acción Comunal y las organizaciones sociales. El objetivo es “fortalecer y fomentar la participación en nuestro público”, dice Verónica

Morales Gómez, Comunicadora de la Secretaría de Participación Ciudadana. Además, también destaca a un sector de la ciudad en donde el arte urbano ha sido protagonista de un proceso de resiliencia, la Comuna 13. Esta comuna ofrece contenido artístico y cultural que atrae a los turistas a consumir aquellas manifestaciones que definen esa zona de la ciudad.

Son las 6:07 p.m. y Andrés ubica su tiza amarilla desgastada en una pequeña caja donde guarda todas las demás. Habla una y otra vez de la necesidad de compartir el arte con el público, de mostrar el talento que late en las calles. Quizás, Medellín sea pronto conocida en el mundo como “una ciudad con mucho arte, mucho talento y mucho para ofrecer”.

 

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