Marchas Universitarias: la búsqueda de la financiación pública

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“El que no salte quiere privatización”, gritaban unas 15.000 personas en la marcha del pasado 10 de octubre, que en Manizales, fue desde la Torre del Cable hasta la Plaza de Bolívar. Una movilización pacífica que tenía como objetivo solicitar más recursos para la educación superior pública y que cubrió varias ciudades principales del país.

32 universidades públicas, el Sena, Fecode, estudiantes de universidad privada coreaban “señor presidente, somos privada y aquí estamos presentes”.   

En 1993, con la Ley 30, el Estado pasó de ser el papá a ser el tío de la educación superior, eso explica Enrique Jaramillo Arango, miembro de la Federación de estudiantes universitarios (FEU). Esto quiere decir que los aportes de la Nación se traducen a que el Gobierno brinda el 50% del presupuesto necesario y que, a través de convenios, donaciones, proyectos y negocios, recojan el otro 50%. Sin embargo, Jaramillo aclara que estos porcentajes pueden variar, pues para el caso de la Universidad de Caldas la relación es de un 70 – 30, en el que el 30% de los recursos de la institución son propios.

 

 

Expresa además, que por parte de FEU, también existe una lucha en contra de los sistemas crediticios como el ICETEX, pues esta federación los define como “un espacio en el que el estudiante se endeuda para poder estudiar”, situación que no debería presentarse. También acusa que la falta de recursos ha llevado a abrir programas técnicos y no profesionales en las universidades, lo que poco a poco, desdibuja la misión de estas instituciones.

Estas marchas tenían 3 objetivos específicos:

  1. Financiación, según la FEU: “Mientras el presupuesto de guerra siga siendo mucho más que el de educación no tenemos nada que hacer”. 2. Autonomía y democracia, por la participación del Estados en los máximos órganos decisores, es decir, el Consejo Superior. 3. Bienestar, no visto como solo los almuerzos estudiantiles, sino, también como la posibilidad de una vivienda digna.

A todo esto, se sumó la lucha de los maestros, que entraron en asamblea permanente debido a la reforma tributaria de Juan Manuel Santos.

Desde el 16 de octubre 4 profesores de varias universidades, entre esos, Juan Carlos Yepes de la U. de Caldas, entraron a huelga de hambre. Solicitan una mesa de negociación con el Ministerio de Educación y el de Hacienda. Yepes en conversaciones con El Matutino de UMradio declaró: “Nosotros no queremos ponerle un muerto a esta protesta (…) Nuestra pretensión es que el Gobierno Nacional escuche y analice lo que está en juego”.

 

En el resto del país

En la capital unas 30.000 personas se tomaron las calles. Según Juan Camilo Valencia Álvarez, miembro del comité de logística para la movilización, el único problema que hubo en Bogotá durante la marcha fue “cuando las personas se empezaron a aglomerar en la Plaza de Bolívar, ahí hubo una pequeña provocación y la gente arremetió también contra la Policía”. Fuera de esto no hubo víctimas, ni conflictos mayores.  

En Villavicencio, Meta, hubo una participación de unas 6.000 personas. Jorge Barreiro Prada, de la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios y Adelante Unillanos, expresó: “No pensábamos que iban a tener toda esa asistencia, pero la ocasión lo ameritaba”. “No faltó el desadaptado que quiso dárselas de antisocial, dañando propiedad ajena, rayando a nombre de la U”. La marcha finalizó al frente de la Gobernación del Meta, donde los estudiantes y docentes hicieron una toma pacífica.

Juan Rafael Sandoval Ledes, representante estudiantil del Sistema de Regionalización de la Universidad del Valle y del Colectivo Intercultural Raíces, vivió la marcha desde Santander de Quilichao, Cauca. Allí más de 3.500 personas hicieron presencia. Sandoval Ledes expresa que los manifestantes iban con ánimos de “demostrarle a la comunidad por qué estábamos ahí. Más que gritar arengas, se trataba de informar a la comunidad de la problemática”. Según Sandoval en los dos kilómetros que caminaron no hubo ningún altercado con la fuerza pública, aunque le solicitaron a la Alcaldía retirar al Esmad para evitar algún enfrentamiento.

En Cali, Valle del Cauca, mostró de igual manera una cultura de paz durante la movilización, a la que unas 35.000 personas acudieron y que estuvo llena de cantos y baile. Kevin Carvajal López, de la Federación de Estudiantes Universitarios, seccional Valle del Cauca, afirma que “fue una movilización pacífica” en la que salieron a marchar diferentes sectores sociales como trabajadores y sindicatos. Para Carvajal la protesta fue un gran éxito ya que como él dice “se logra vislumbrar la crisis educativa en el país”.    

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