Conozca la labor de un crítico de teatro a través del docente Wilson Escobar

Festival Internacional de Teatro Teatro

Llega en punto al aula, saluda de buen ánimo y con sentido del humor comienza a hablar del tema a tratar. Muestra conocimiento e intenta que sus estudiantes aporten. Algunos alumnos participan, opinan y toman apuntes, mientras que otros no pueden esconder su rostro de sueño y aburrimiento. Así es una clase de Wilson Escobar Ramírez, el filósofo, que enseña periodismo en la Universidad de Manizales y hace crítica teatral.

Tiene 52 años y vive con su esposa y un hijo, de 9 años. Se describe como una persona de un carácter apacible, reflexivo y con una visión de mundo abierta en el sentido de la tolerancia, del respeto y de convenir espacios de diálogo en lo familiar, con los amigos y en el trabajo. Trata de recibir mucho del mundo, dice.

Su infancia la vivió en La Sultana, no era el mejor estudiante en el colegio, pero rendía. Un alumno promedio. De esa época recuerda que la mamá trabajaba en la Clínica Psiquiátrica San Juan de Dios y a él lo ponían a llevar libros, en grandes cantidades, y de vez en cuando se sacaba algunos de ahí con los que empezó a formar su biblioteca y a cogerle gusto a la literatura.

En la universidad seguía con la misma tónica del colegio, no era malo, pero tampoco destacado. La carrera era de ocho semestres y cuando solamente le faltaba por presentar la tesis, empezó a trabajar en La Patria, dejando por un tiempo su carrera. Después volvió y, como él mismo lo cuenta, en una semana presentó y sacó la tesis.

De allí pasó a trabajar en la logística del Festival Internacional de Teatro de Manizales y con el tiempo en la oficina de comunicaciones. Hace 25 años llegó a la Universidad de Manizales a la oficina de prensa, siendo de las primeras instituciones de educación superior de la ciudad en tenerla. Junto a William Hernández Gómez, rector de la institución en esos momentos, creó el programa de Comunicación Social y Periodismo.

Comenzó en la docencia cuando la primera promoción llegó a tercer semestre. “Empecé a aportar con el curso de Crónicas y Reportajes, que en ese momento eran uno solo”. Cuando esa primera promoción llegó a sexto, dio sus primeras clases de cine. Siguió durante 20 años con estos cursos hasta hace dos que dejó de darlos, ahora está en el área de literatura y arte.

La universidad sigue siendo su lugar, pero se le ve un cariño especial por el Festival, aunque ya no trabaje en él, y por el teatro. Dice que ver y hablar de este es de las cosas que más disfruta. Sus compañeros de trabajo también lo relacionan siempre con el cine y el teatro, sus pasiones. Además tiene una visión clara de lo que ha sido el Festival y de lo que podría pasar con él.

¿Cómo ve el futuro del Festival Internacional de Teatro de Manizales?

“Se juzga mucho el tema del teatro en la ciudad, por el pasado reciente del Festival, pues tuvo unas épocas de esplendor, sobre todo en la calle. Los jóvenes y la ciudad lo abrazaban mucho, quizá por el ambiente de calle, no tanto por el teatro. El Festival programaba unas noches de música, que no tenían nada que ver con teatro, para satisfacer a ese público que quería tener algo que hacer en las calles, pero no existía tanto teatro de este tipo para satisfacer esa demanda. Entonces asocian ese tiempo de jolgorio con volcarse a la calle, esto se fue acabando, pero siguió siendo un gran Festival y con muy buena afluencia de público. Es el más antiguo de América Latina”.

Es un hombre que conoce la historia del Festival, cuenta como el encuentro se inició como uno de teatro universitario. El primer invitado fue Pablo Neruda, quien encabezó un jurado, cuyo primer presidente honorario fue el novelista guatemalteco Miguel Ángel Asturias, ganador del Premio Nobel de Literatura.

Añade que en las primeras tres ediciones hubo polémica alrededor de la elección del premio mayor, lo que llevó a que para la cuarta edición del Festival los jurados decidieron no premiar a nadie en especial, sino a todo aquel que se presentara en este escenario de gran impacto artístico para ese momento de la historia de América Latina.

Su historia como crítico

Mientras estaba como jefe de prensa del Festival comenzó su carrera como crítico teatral. Recuerda estar en una obra sentado detrás de Néstor Gustavo Díaz, un crítico teatral de los más importantes del momento. Vio cómo se durmió la mayor parte, hasta un momento en el que se estremeció con un repentino subidón en el espectáculo y sin terminarse salió del teatro.

Después ese crítico sacó una fuerte reseña que acabó con la obra. Esto a Wilson le pareció muy injusto. El hombre ni siquiera la vio completa. En ese momento decidió que iba a hacer crítica, pero siendo profesional, como se debía.

¿Cuál es la labor del crítico?

“El crítico es una especie de cocreador del espectáculo, un mediador entre esa obra y el público, pero esto tiene un problema y es que cada vez es más inútil, porque la gente no lee”.

Cuenta que en el Coliseo Mayor se presentó un Hamlet de Shakespeare, una obra aérea. Unos artistas muy virtuosos volando por encima del público con arnés, un montaje grande y el texto de Hamlet estaba ahí, sino que era contemporáneo. Dice que mucha gente salió de ahí sin entender lo que vio y es donde el crítico tiene que entrar a educar, a construir conocimiento y lecturas que medien entre ese desconocimiento del público y la obra.

Un año después de creado el Festival (1969) nació un periódico que se llama Textos y que dirige él. “Lo que pretende es permitir que la crítica perviva, se distribuye en las salas de teatro y circula en tres momentos del Festival”. Actualmente es el principal medio en el que hace crítica, además de otros que constantemente lo invitan a dar su opinión.

De lo que ha hecho a lo largo de su vida, ¿cuál es el proyecto del que más orgulloso se siente?

“Me siento muy satisfecho en la manera en que defiendo mi vida, en áreas que a mí me gustan. No estudié periodismo, estudié filosofía y letras; no estudié teatro, hice cursos, pero ha sido más el autoaprendizaje; no estudié para ser docente, y sin embargo hago esas tres cosas en función de los gustos por los que ha derivado intelectualmente mi vida”.

“Si a mí me dicen que haga docencia profesional y hable de otra cosa, ahí moriría mi sueño, porque no se trata de hablar de cualquier cosa, se trata de hablar de las pasiones de uno. Por eso el gran proyecto mío ha sido disfrutar de lo que hago”, concluye.

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