Catalina y su cita con el tarot

En portada Teatro

Página le echó las cartas del tarot colombiano a Catalina Botero Londoño, directora ejecutiva del
Festival de Teatro más antiguo de Iberoamérica, desde hace 5 meses. La Casa del Festival, ubicada
en el barrio La Estrella, fue el lugar escogido para realizar esta entrevista, una vivienda antigua
como esta celebración, de color verde y pisos de madera que rechinan. Carolina nos recibe con
una sonrisa, emocionada por contarnos acerca del Festival, una mujer alta y rubia, de ojos claros,
con ropa ancha y cómoda para el largo trabajo que le espera. Amablemente nos abre las puertas
de su oficina, ubicada en la primera habitación de la casa.

Luego de barajar, ella misma interpretó los arcanos que fueron apareciendo. Estas fueron:
Fuerza: “Uy, es impresionante… No sé hace 50 años quién tuvo la idea, pero definitivamente sigue
adelante. Todo parte de Octavio Arbeláez como director artístico, es una persona con un
conocimiento y una trayectoria impresionante. Sigue una junta directiva en cabeza de Elvira
Escobar, que trabaja todo el año para que esto marche. Contamos con el equipo de producción,
con Julián Arbeláez, quien tiene una experiencia invaluable. Es un equipo que trabaja junto, que
ama el Festival. La energía que se siente aquí es tan increíble, eso es lo que me da la fuerza”.
El Enamorado: “Esto es un vértigo increíble. Desde que llego por la mañana hasta que me voy por
la noche hay un millón de cosas por hacer, pero lo que me enamora es ver el resultado final. Ver
cómo trabaja el área de producción, no se alcanzan a imaginar todo lo que hacen ellos,
escenografía, logística, voltean todo el día. La gente trabaja con un amor impresionante y eso es
una delicia, eso es muy enamorador”.
La Torre (Crecimiento): “A diferencia de otros festivales del país, este es un Festival hecho para la
gente. Las boletas son súper baratas, son prácticamente subsidiadas, por ese esfuerzo que hace el
Ministerio de Cultura, la Gobernación, la Alcaldía, el Instituto de Cultura y Turismo. El director
artístico hace que las obras de cada año tengan un sentido, eso nos ha hecho permanecer en lo
cultural como una propuesta muy definida y enriquecedora; no estoy diciendo que los otros
festivales no tengan esa propuesta, pero sí son mucho más comerciales. Este Festival le ha
apuntado a que toda la gente lo disfrute, que sea para todo el mundo. Es muy llamativo para
muchos grupos del mundo venir a Manizales, es como una aspiración, todo un reto. Muchos
grupos se consolidan en Manizales, es como la cumbre que los dispara en sus carreras.
El Diablo (lo complicado): “Es volver a cautivar al público. Se volvió habitual tener el Festival cada
año, lo más complicado es que la gente valore este esfuerzo, compre la boleta, vaya a las salas, y
que las empresas manizaleñas se vinculen y nos acompañen… De verdad nadie valora el esfuerzo
que se hace desde aquí, bueno, no es que no lo valoren, sino que no saben el esfuerzo tan grande
que tiene y volverlos a cautivar no es tan fácil”.
El Sol (centro del Festival): “Cuando vamos a las empresas, a la Alcaldía, a la Gobernación, al
Ministerio de Cultura, y presentamos este proyecto, lo que vemos es que adoran el Festival
porque es un proyecto de ciudad, de los manizaleños; sienten que el Festival le aporta la ciudad, le
da cultura a la gente”.
La ventanita que le permitió la entrada de la luz y el color a la ciudad
Por Juan Pablo Ospina
Para Octavio Arbeláez, abogado de profesión, el Festival Internacional de Teatro de Manizales ha
sido “la ventanita que le permitió la entrada de la luz y el color a la ciudad”. La capital caldense,
para él, resulta muy interesante y debería mirarse con mucho más cariño y menos afán crítico. Un
Festival nació en 1968 en el seno de una ciudad permeada por la hegemonía conservadora de la
época, y como una forma de resistencia de los estudiantes universitarios a los discursos políticos
de aquel entonces. Surge como un evento teatral universitario, cuando los estudiantes de aquel
entonces estaban empoderados del discurso liberal, con radicalismo y tendencias muy fuertes, y
eso permitió que en la ciudad “hubiera pensamiento y apertura mental”. La principal contribución

del Festival es permitir durante los años 70 del siglo pasado “que haya ese quiebre y ese punto de
inflexión” que facilitaron que la ciudad se haya abierto en los últimos años, asegura Octavio.
Dificultades
En 1973, 5 años después de su primera su edición, el Festival se suspendió debido a que los
estudiantes, protagonistas de la escena teatral, estaban más preocupados por criticar su entorno
político y social, y esto hizo que el telón cayera hasta 1983 debido a la falta de apoyo por parte los
dirigentes empresariales, que dejan de patrocinar el Festival por ser un evento con tendencias de
izquierda.
Cuando se reanudó, en 1984, el Festival encontró uno de los más grandes opositores de su
historia: los juicios moralistas (comandados desde la Iglesia) que atacaban el discurso plural y La
ventanita por la que entró la luz y el color a Manizales no solamente izquierdista que se suponía
tenía el evento. “Fui personalmente perseguido”, manifiesta Octavio cuando recuerda las
acusaciones que le lanzaba desde el púlpito de la Catedral, monseñor José de Jesús Pimiento
Rodríguez, quien se iba lance en ristre contra los protagonistas de las artes escénicas en la ciudad.
Incluso fue el mismo Octavio quien se convirtió en un donante anónimo de resmas de papel y
lapiceros para que recogieran firmas en las iglesias para acabar con la celebración teatral. Hoy, eso
es parte de la historia, es una escena pasada; la escena actual que se opone al teatro es la
indiferencia de la ciudad.
Al preguntarle para quién fue pensado el Festival, Octavio se detiene y piensa un momento. Luego
manifiesta que hay dos modelos: uno que es el autocentrado, que responde a la lógica de un
congreso de teatreros… Pero, “hoy en día, el Festival es para la ciudadanía y debería ser disfrutado
por la ciudadanía”, asegura. Sostiene que en esa ciudadanía se engloba a la comunidad cultural, a
la que va dirigida, en donde se agrupa a periodistas, críticos, directores, actores… “Pero también
hablamos de un elemento relevante que es que tú estás en tu ciudad”, por eso se hace sin pensar
en darle la espalda a los habitantes de Manizales.
La principal preocupación de Arbeláez con esta edición es el paro de las universidades públicas, ya
que son sus universitarios los que movilizan alrededor del 70% de asistencia a las obras, mientras
que los de “universidades privadas son los que menos van”. Él se cuestiona si es por un asunto de
desinterés o si es que la cultura ocupa un lugar poco relevante en las agendas de las instituciones
privadas.

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