Un gran actor de televisión olvidado en el teatro

Teatro Unidiario

Imagen tomada de: Publimetro

Miguel Alfonso Murillo Arias dedicó toda su vida a actuar en novelas, series y películas, no solo para Colombia, sino también para países como México y Estados Unidos, además suma su larga trayectoria en diferentes obras de teatro en compañía de Fanny Mickey, que también lo impulsaron a participar en algunas versiones del Festival Internacional de Teatro de Manizales, unas pocas como actor y la gran mayoría como espectador. Murillo comenzó su carrera en la pantalla chica en la novela Extraña Pareja, hace más de treinta años y desde ahí se convirtió en uno de los pioneros de la televisión colombiana junto con reconocidos actores como Carlos Muñoz, Pepe Sánchez y Fausto Cabrera.

El actor era orgullosamente bogotano, nacido en 1940 y educado en el colegio Normal Nacional Fabio Lozano Torrijos donde es recordado por haber demostrado desde pequeño su pasión por el teatro y la actuación. Allí lo definen como un hombre “colaborador y entregado a todo lo que se proponía hacer”. Miguel Alfonso hizo parte hasta el día de su muerte del grupo de Exalumnos normalistas lozanistas, colectivo que lo impulsó a trabajar en varios momentos de su vida como docente.

Novelas como Las mujeres ajenas, Vivir la vida, Pecado Santo, Los pecados de Inés Hinojosa, La Venganza, entre otras, hicieron parte de su larga hoja de vida en la que contenía más de 16 producciones en la televisión nacional. En La Venganza,  Murillo interpretó al Padre Cumbaya, una de las novelas más recordadas por su éxito y sus trasmisiones en todos los países de América y en algunos de Europa.

Una de las amigas cercanas del actor, Cristina Henao indicó que la novela que más había marcado a Murillo había sido ¿Por qué mataron a Betty si era tan buena muchacha?, una novela que se transmitió durante casi tres años. Era una historia de suspenso que mantenía a todas las personas pendientes, cada martes en la noche, para saber quién y cómo habían matado a Betty la protagonista. Esa historia era tan importante para él, porque según Cristina: “Era interpretar algo nuevo, un suspenso que lo enloquecía”. Lo enloquecía tanto que cada martes en la noche, como costumbre familiar, veía la novela junto con toda su familia y llamaba a todos sus amigos cercanos para hablar del capítulo y suponer qué podía pasar, así él ya lo supiera.

Pero desde luego, Murillo protagonizó su propia historia de amor, tal vez la más importante de su vida. Esta inició cuando conoció a su esposa, Adriana Varón, con la que tuvo tres hijos, quienes pocas veces fueron vistos con él en público. Uno de los pocos momentos en que lo acompañaron, fue en 1987 a la premiación de los India Catalina donde fue galardonado a mejor actor de reparto por su personaje de Pata de Tarro en la serie Las mujeres ajenas, dicho personaje estaba basado en el mito de un hombre que a falta de un pie se ponía un tarro que usaba a modo de letrina, de la cual botaba los deshechos tan pronto como se llenaba el tarro. Del mismo modo pareció haber sido desechado él, después de alejarse varios años de la pantalla.

Miguel Alfonso murió el 16 de agosto del año pasado a sus 77 años, los que disfrutó hasta el último momento con su larga cabellera y su crespa, blanca y tupida barba,. Falleció después de sufrir varias complicaciones en su organismo por una enfermedad degenerativa, que fue la culpable de su lejanía con la televisión desde el año 2012.

Aunque la Asociación Colombiana de Actores, a la cual Murillo se había unido en años anteriores fue una de las organizaciones que estuvo pendiente del actor durante el proceso de su enfermedad, su legado empezó a olvidarse tan pronto como dejó la pantalla chica. También, con el nacimiento de las nuevas tecnologías, el actor se encargó de publicar cada noticia importante en Facebook para comunicarse con todas las personas cercanas y mostrar cómo seguía de su salud, la cual no parecía ser de mucho interés entre el grueso de los usuarios, más allá de unos cuantos fieles amigos.

Fue un gran actor de televisión, pero tal vez olvidado en el teatro manizaleño, a pesar de participar en muchas ocasiones con obras como El túnel que se come por la boca en 1971 y el Jardín Subterráneo en 1985 en el Festival Internacional de Teatro de Manizales, no es recordado por la audiencia de la ciudad, ni por sus colegas locales. Después de contactar a varias compañías teatrales, como Actores en escena, El escondite y Punto de Partida, las respuestas fueron: “No lo conozco” o “ese solo era actor de televisión”.

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