Maliki, la mujer que revoluciona el cómic

Feria del Libro Manizales UMCentral

Foto tomada de museohistoriconacional.cl

Marcela Trujillo Espinoza, más conocida como Maliki es una artista visual y escritora chilena. Su área es la pintura y es reconocida por ser una de las pocas mujeres pioneras del cómic autobiográfico. Durante el inicio de su carrera se enfocó en la pintura, sin embargo su preocupación ante algunas problemáticas e injusticias, la hizo interesarse por otras formas de exponer estas conjeturas a través del arte.

Maliki es una de las invitadas a la 9 ª Feria del Libro de la ciudad de Manizales, estará presentando una charla sobre su nuevo libro Ídolo y estará acompañando a Sindy Elefante en la mesa de cómic femenino, donde se trataran temas de ciencia ficción, además estará dando su taller de cómic.

¿A qué se debe el seudónimo Maliki?

Maliki viene de “Malik” un nombre masculino musulmán. Malik es el nombre de un niñito afroamericano que cuidaba una amiga en Nueva York. Ella, yo y muchas amigas artistas chilenas trabajábamos cuidando niños (babysitter). Mi amiga decía que yo me parecía mucho a Malik porque teníamos los mismos cachetes, los ojos grandes y mirada malula. Cuando quise inventar un nombre para mi personaje, yo era muy fan de las películas de Hayao Miyazake, me gustaba mucho la cultura japonesa, busqué en un diccionario japonés alguna palabra que sonara bien y significara algo que me identificara, pero sólo di con Kokoro (espíritu) que lo use para nombrar a un chancho y de repente recordé a Malik, me gustó como sonaba y le agregué una “a” para hacerlo femenino. Después le puse como apellido “4 ojos” porque en esa época usaba anteojos. También 4 ojos implica que ve más, Maliki 4 ojos la inventé como una superheroína que los artistas invocan cuando se quedan sin ideas, cuando se les quema la ampolleta (bombilla). Fue un personaje que junto al chancho Kokoro inventé para dibujar en una pintura. Foto tomada de museohistoriconacional.cl

¿Por qué las artes plásticas?

Siempre dibujé de niña. Era lo que más me gustaba hacer y leía historietas en vez de cuentos ilustrados. Todos mis dibujos tenían globos de texto, todos los personajes hablaban. Mi primer cómic lo hice a los 14 años. Después cuando tuve que elegir una carrera, Bellas Artes me pareció lo más cercano a dibujar y ahí descubrí la pintura. Aprender la técnica de la pintura me permitió hacer mis dibujos en grande y con colores. Por eso cuando me puse a dibujar cómics en Nueva York, después de haber pintado y haber tenido una carrera como pintora, fue como volver al origen de todo.

¿Cuál es la diferencia entre la pintura y el cómic?

Para mi pintar es mucho más complicado y más profundo. Las pinturas tienen la cualidad de lo único e irrepetible. En cambio los cómics están dentro de una publicación, son impresiones y hay muchas copias de la misma imagen y no tienen esa majestuosidad del arte.

¿Cómo nació ese gusto por el cómic autobiográfico?

Mi fascinación por la autobiografía viene desde la literatura. A fines de los 80’s conocí los libros de Charles Bukowski y de Jack Kerouac. La idea de que la vida se mimetizara con la obra, era para mí que recién estudiaba arte una idea romántica y bohemia muy cautivadora. Era una manera de identificarme con el hacer, borrar los límites entre la vida y la obra. Los primeros cómics autobiográficos que conocí fueron de Robert Crumb y de su mujer Aline
Kominsky.

¿Puede haber ficción en un cómic de este tipo?

Mis cómics son autobiográficos y no lo son totalmente, es porque quiero metaforizar la autobiografía, es decir, pasar la autobiografía por un filtro de ficción porque es entretenido hacerlo, porque así puedo reconstruir las historias, dejar de verlas como anécdotas y empezar a verlas como símbolos de emociones o conceptos con dobles lecturas. Resignificar lo cotidiano y volverlo a contar tiene una potencia que me sobrecoge. Es darle importancia al presente.

¿Por qué hay tanta fuerza de la figura femenina en sus cómics?

Las mujeres como personajes en los cómics de hombres habían sido generalmente objetos sexuales o víctimas de vejaciones, no eran protagonistas complejas o heroínas. Por eso cuando leí los cómics autobiográficos de mujeres, sentí por primera vez que contar historias con dibujo podía ser la herramienta para salir de ese lugar invisible y denigrante que la mujer había tenido en el mundo del cómic. El feminismo había usado la literatura como vía de expresión por años, pero en el lenguaje visual y gráfico había una gran deuda. Velar por la paz y la armonía, agradar, obedecer y ser bella, todas esas cualidades “femeninas” son finalmente nuestra cárcel y la autobiografía en el cómic es una herramienta de autoconocimiento muy potente que nos saca de esos lugares y nos devuelve la libertad.

Entonces ¿Marcela Trujillo se considera feminista?

Soy mujer y soy feminista porque ser feminista es exigir derechos justos y dignos para las mujeres. No es necesario ser militante. Ser feminista es lógico para mí si soy mujer. Yo creo que las clasificaciones entre masculino y femenino cada vez se están haciendo más discutibles y subjetivas. Tampoco hago mi trabajo pensando en mujeres. Lo hago pensando en mí y en como a mí me afecta la vida que llevo. Trato de ser lo más honesta y creativa, que mi inconsciente me permite ser.

¿Cuáles son las críticas que más recibe de su trabajo?

El publicar y exponer historias autobiográficas supone una reacción muy variada, desde la curiosidad por las anécdotas privadas de otra persona, hasta el rechazo de la versión de una historia por otra persona que también vivió ese momento. Siempre hay puntos de vista o versiones de una situación según quien las cuente, sobre todo cuando se trata de un cómic ya que no es precisamente una crónica, un testimonio o una confesión. Son historias subjetivas contadas por alguien que está pasando un recuerdo por un filtro emocional, por mucho que sea una historia autobiográfica, el hecho de que sea real , de que haya ocurrido, sólo influye en la percepción del lector porque imagina que es “verdad” pero ambas son invenciones de alguna manera.

Alguna anécdota

Mi ex marido se enojó mucho cuando yo publiqué mi libro “El diario íntimo de Maliki” porque dibujé mi versión de la historia de nuestro divorcio. Para mí era importante dibujar ese episodio porque me estaba causando mucha angustia, pena y rabia, pensé que pasando por el filtro del humor y el dibujo podría bajar el nivel de gravedad de todo. Y resultó, porque logré ver el asunto desde otro punto de vista. El ejercicio de transformar las vivencias traumáticas en historias las saca del lugar donde nos identificamos con ellas y las pone en un lugar de ficción, más allá. Un lugar donde ocurren cosas que les ocurren a los demás también. Porque a todos nos suceden las mismas cosas. Somos todos humanos. Foto tomada de marcelatrujillo.cl

¿Tiene alguna expectativa frente a la Feria del libro?

He aprendido que las expectativas son más entretenidas de fabricar en la mente porque es una especie de cine interno que uno tiene para disfrutar el presente. Todo tipo de éxtasis el sexual, el artístico, el intelectual o el religioso, todos son el deseo cumplido, la idea de felicidad que como sociedad perseguimos como un caballo persigue una zanahoria en un palito. A mí me encanta imaginar lo que va a pasar y obviamente me imagino lo mejor, lo más increíble y jamás ocurre eso. Al menos no cuando lo imagino, a veces después. Mis expectativas son: que tenga un buen vuelo de Bogotá a Manizales, conocer personas amables, comer rico y estar de buen ánimo para hacer las actividades que haré. Con eso estoy bien.

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