Cinco mini relatos en el Salmona

Feria del Libro Manizales

En el Rogelio Salmona de la Universidad de Caldas se encuentran muchos personajes. Algunos llegan a la Feria del Libro porque así lo programaron, otros porque el destino lo quiso así. Estos son algunos de estos visitantes.

La chica de los salticos

Una muchacha que no llega a los veinte años de edad, entra al Salmona, sube a la cafetería del tercer nivel, acompañada de dos manes, uno es su novio. Es de piel blanca pálida, pelo largo y negro, luce un saco y en su mano lleva una máscara de una calavera; es muy alegre, eso se nota porque no camina, brinca. Se sienta a tomar un café y a charlar con sus acompañantes. Les dice, sorprendida, que no sabía que había una Feria del Libro. Asevera, haciendo alarde de su ingenuidad o ignorancia, que ese evento es para la gente que lee, que ella pocón pocón de lectura, que está allí solo por acompañar a su amor. Finaliza su café, toma la calavera y se va, dando salticos.

El que anda en las nubes

Una pareja de novios se acerca a unos cubos flotantes. Él lleva un morral de Totto en la espalda y, aunque es bajito, muy bajito, parece pisar nubes que lo elevan por encima de los demás. Será porque en sus ojos se ve lo enamorado que está de ella. Ella es más tierna, luce un gorro. “¿Qué audiolibro me recomienda?”, preguntan los ojos enamorados de él. “El Arte de la Guerra de Sun Tzu, además es el más cortico que hay”, responde. Él mete su cabeza en el cubo de madera. Acciona el audiolibro. Después de 3 minutos él sale. Los novios se dirigen al pasillo principal del Salmona, y hablan con alguien de logística. Les dicen que son estudiantes de la Universidad de Caldas, que están ahí para aprovechar el paro, que si de pronto hay una vacante para trabajar. “No sé”, responde el alguien de logística. Los enamorados deciden tomar fotos.

Una miradita y ya

Tiene entre 25 y 30 años; luce una abundante barba, un gorro de invierno, botas de taches y en la espalda lleva una cajuela de violín. Llega al maker space en el nivel cuarto, quince minutos antes de empezar el evento. No ve público. Le dicen que ha sido cancelada la actividad. Baja dos pisos. Una portera, medio pachoncita, lo regaña porque nadie podía subir. Él le responde que no sabía, que no conocía ese espacio. El regañado se mete a un salón en donde está la exposición Dos Aldos. Luego, sin reparar lo expuesto, le dice a un desconocido que es mejor ir a ver los comics, sobre todo los de ciencia ficción, que están en venta y que, supuestamente, hay mucha variedad de contenido. Llega al sitio y solo encuentra cuatro chuzos de venta que ofrecen los mismos productos: Afiches, libros y botones. Da una miradita de 360 grados, levanta sus cejas y sale del sitio… sin despedirse.

La feminista aburrida

Tres y media de la tarde. Una chica de logística, 22 años, de ojos claros, se acerca a un recién conocido. Hablan de las conferencias de la tarde. Ella confiesa que integra dos colectivos feministas, que se reúnen con frecuencia, que solo pueden ir mujeres, y que por eso desea escuchar el conversatorio que tendrá Adela Muñoz, una científica española supertesa. La feminista sostiene que lucha contra el patriarcado desde su carrera de Trabajo Social en la Universidad de Caldas, que está aburrida porque anda de pelea con su novio, y porque no encuentra la forma de volarse para escuchar a la supertesa Adela, teniéndola tan cerca, pues tiene que hacer logística en otra parte de la Feria. Se despide de su escuchador porque un caballero del mismo equipo logístico la llama para otra actividad.

Día y noche… dulces

En el último rincón del primer piso hay un puestico de obleas. Lo atiende un señor mayorcito y canoso, a su lado hay una niña flaquita. Ambos están muy serios y silenciosos, pero cuando abren la boca para decir “a la orden” se les escucha un amable acento paisa. Aseguran que las obleas vienen con queso, maní, coco, arequipe y dulce de leche. De tanto ingrediente que llevan las obleas, están se caen en pedazos, por lo pesadas. Apenas finaliza el concierto de las siete y media, y el público se ha marchado, anciano y niña se retiran del Salmona, sonriendo por las ventas de este día y de esta noche tan dulces.

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