La literatura gay sale del clóset

Feria del Libro Manizales UMCentral

Fotografía cortesía sinetiquetas.org

Escrito por: Luisa Fernanda Ospina y Manuela Arellano Torres

“No creo que exista una literatura gay, es solo literatura. Lo que pasa es que la quieren encasillar para desvalorizarla”, eso dijo el escritor barranquillero John Better Armella, al portal Like, Share & Do en el 2017.

En el 2016 Better presentó su primera novela A la casa del chico espantapájaros. Narra la vida de un grupo de muchachos gais entre los calores y aguaceros de Barranquilla. Este autor se suma a otros y otras que en Colombia han sacado del clóset historias homosexuales.

Si se quiere categorizar a la literatura Lgtbi podemos decir que corresponde esencialmente a la construcción de personajes con diferentes identidades sexuales, y que están sujetos a la aceptación social de las personas que no corresponden a estas opciones sexuales. No es necesario que el escritor de la obra literaria sea homosexual, bisexual, trans…, ni que sus textos tengan como temática central estos asuntos.

 

Años atrás

Al hablar de literatura homoerótica en Colombia nos remitimos al poeta antioqueño Porfirio Barba Jacob (1883-1942), homosexual declarado y quien le cantó en sus poesías al amor gay. Un ejemplo es este extracto de su poema Elegía Platónica:Amo a un joven de insólita pureza / todo de lumbre cándida investido:/ la vida en él un nuevo dios empieza / y ella en él cobra número y sentido”.

El bogotano José María Vargas Vila (1860-1933) también abordó –aunque sutilmente- asuntos homosexuales en su obra La conquista de Bizancio (1910). Pero sería un caldense, nacido en Manzanares en 1903 y muerto en Manizales en 1938, quien presenta una novela abiertamente homosexual en Colombia. Se trata de Bernardo Arias Trujillo, quien bajo el seudónimo de Sir Edgar Dixon, escribió Por los caminos de Sodoma o confesiones íntimas de un homosexual (1932). Esta obra, incunable en la literatura gay de Latinoamérica,  cuenta la historia del joven David, quien descubre su sexualidad en Buenos Aires-Argentina (en donde Arias era diplomático, y conoció al escritor español Federico García Lorca.). Cuando David duerme con una mujer reflexiona sobre ese cuerpo femenino:  (…) extendido allí para sus impulsos, tenía un gran vacío, una enorme ausencia, una orfandad inexpresable: en su sexo algo faltaba, algo así como el falo varonil”. 

Cuenta Albeiro Valencia Llano en su investigación Bernardo Arias Trujillo: el intelectual (Universidad de Caldas), que “cuando llegaron a Manizales los primeros ejemplares de esta novela, en enero de 1933, la mayoría fueron destruidos (quemados) ya que la escuela del presbítero Darío Márquez continuaba enseñoreada en el clero caldense”.

A Bernardo también se le debe su poema Roby Nelson, dedicado a un pibe argentino. Un extraxto dice: “Muchachito bohemio, príncipe de tus vicios / exquisito y perverso, frágil como una flor. / En mis noches paganas de crisis voluptuosas / en los hondos naufragios de mi fe y mi dolor / yo te pido como antes que me vendas dos cosas:/ un gramo de heroína y dos gramos de amor”.

Te quiero mucho, poquito, nada fue una novela del antioqueño Félix Ángel (1949-), que generó revuelo al publicase en 1975. Relata la historia de Felipe Vallejo de Cardona, un hombrecito-niña-niño-cacorro… Monstruo entero niñomediobello”, nacido en una familia paisa adinerada en la década de los cincuenta del siglo pasado. “El peor castigo que podía caerle a un medellinense respetable, era, por encima de todo, que un hijo suyo resultara marica”, dijo en su momento Félix. Esta obra causó tanto repudió que la única librería que aceptó venderla fue la del intelectual Alberto Aguirre.

El caleño Andrés Caicedo (1951-1977) también sacó del clóset a un personaje gay. Su cuento Besacalles (1969) narra las peripecias de un travesti que busca jovencitos para llevárselos al río y “(…) pues todo iba muy bien y muy rico hasta que él metió la mano debajo de mi falda sin que yo pudiera evitarlo. Entonces quedó paralizado. …Cuando se fue no sé si estaba riéndose o llorando a carcajadas. Como ya dije, mi vida está ya lo suficientemente organizada para que venga él a estropearlo todo, sobre todo que me lo encuentro a cada rato por las calles de Cali, pero bueno es que siempre anda solo, por eso el asunto puede remediarse relativamente fácil”.

El vallecaucano Gustavo Álvarez Gardeazábal (1945) en su novela El Divino vincula asuntos de narcotráfico y homosexualidad. Y el antioqueño Fernando Vallejo (1942-) es reincidente en presentar aspectos de la homosexualidad. Su novela El Fuego Secreto (1987) inicia así: ¡Mierda!, —dijo la Marquesa, poniendo las tetas sobre la mesa—. Con quién peleo, si sólo maricas veo…”. Esta obra provocó la ira santa en Medellín porque Vallejo sacó del closet a varias personalidades antioqueñas. Su otra novela reconocida es La Virgen de los Sicarios, que vincula los jóvenes gais sumergidos en el sicariato.

Oscar Castro (1950-) también aborda el tema en libro Sola en esta nube (1984), que reúne varios cuentos entre ellos El Encuentro. En este relato ofrece distintas versiones de lo que puede ser un encuentro entre un hombre adulto y un jovencito en la heladería Sayonara, en Medellín.

En la dramaturgia no se puede olvidar al antioqueño José Manuel Freidel (1951- asesinado en 1990) y su obra más icónica¡Ay! ¡Días Chiqui (1987), en la que denuncia la violencia sobre los travestis.

 

Después del beso

En 1992 una novela parece marcar a las actuales generaciones de escritores que abordan la homosexualidad. Se trata de Un Beso de Dick, del bogotano Fernando Molano Vargas (1961-1998). Narra la historia de Felipe, un adolescente que juega fútbol, estudia, va a fiestas y se enamora y desea a Fernando. Su temática, su poca circulación y su carácter juvenil lo volvió un libro de culto.

Un de fragmento de esta obra dice: “Leonardo se ve lindo parado atrás del escritorio para que no le veamos las piernas (pero de todas maneras se le ven un poco, entre el borde de la pantaloneta y el borde del escritorio; y eso da ganas como de pararse uno para mirar más…). Él empieza a decir que va a hablar sobre un poema de Eliseo Diego, que es un poeta cubano…; y se sienta para que ya no le miremos más… ¡sus piernas!”.

Después de él surgen otros nombres. El vallenato Alonso Sánchez Baute (1964-) publica la famosa Al Diablo la Maldita Primavera (2002). Historia de un travesti que hace shows musicales.  Un extracto dice: “Por eso es que la amo tanto, a Alexis me refiero, porque ha sido mi luz, mi faro, y me enseñó, como dije, que en la vida hay que ser perra para sobrevivir manteniendo la alegría, tal como viven las arpías, pero las de verdad, esas águilas que habitan en los Andes peruanos y que, a pesar de comer carroña, son más felices que las perdices”.

El escritor y periodista barranquillero Giuseppe Caputo (1982-) expresa que entre más narrativas gais existan, y que involucren a niños y a jóvenes, más ayudarán a identificar la condición sexual, como le ocurrió a él: “Al cumplir 19 años me leí una novela llamada Al Diablo la Maldita Primavera y esto me ayudó mucho a salir del clóset, por eso creo que entre más lecturas hayan de este tipo, mayores beneficios habrá en la sociedad que abrace esta diversidad”. Caputo luego publica su propia novela Un Mundo Huérfano (2016), que narra la relación padre e hijo, en un barrio oscuro, a orillas del mar.

Mateo Ortiz Giraldo, estudiante de Comunicación Social y Periodismo y de Filosofía, asegura que este tipo de literatura vincula a las personas para conocer un mundo poco convencional y hace que haya un redescubrimiento en las narrativas colombianas. Mateo revela cómo Un Beso de Dick aportó a su historia personal. “En un momento de vida, sí me ayudó a darme cuenta que no era el único que me sentía así, que no era la única persona que le pasaban ciertas circunstancias. Un Beso fue una revelación completamente porque narra cómo un niño se enamoraba de otro niño del colegio en un ambiente profundamente machista, pero que a pesar de todo, ellos siguen juntos. No es que a mí me haya pasado, pero yo sentía que me podía pasar también a mí y que era absolutamente natural y me ayudó a darme cuenta que no estaba solo en el mundo”.

El barranquillero Jaime Manrique Ardila (1949)desde Estados Unidos, en donde reside, ha escrito novelas, poemarios, cuentos con personajes y situaciones homosexuales. The Washington Post llegó a considerarlo el mejor escritor gay latino de su generación. Su libro más conocido es Maricones Eminentes. Arenas, Puig, Lorca y yo (1999). En él relata momentos importantes en la vida de los escritores Manuel Puig, Reinaldo Arenas, Federico García Lorca y de él mismo.

Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, del cartagenero Efraim Medina Reyes (1967), es otra obra de impacto mediático. Con humor negro ofrece manuales para lograr la satisfacción sexual. El cucuteño Manuel Valdivieso escribe su primera novela Los hombres no van juntos al cine (2014) sobre una relación amorosa entre dos adolescentes en Cúcuta, en un contexto de narcotráfico y paramilitarismo.

Esta Feria tiene invitados que participan en la diversidad sexual, como Camila Chaín, Brigitte Baptiste, Pedro Santos, la vallecaucana Andrea Salgado. Salgado (1977) presentará su libro La Lesbiana, el oso y el ponqué, obra de ciencia ficción que reflexiona sobre la igualdad de géneros. “Escribir sobre este género (ciencia ficción) es diferente, ya que los escritores se deben educar previamente sobre el tema y deben ser sensibles a la hora de desarrollar las historias, pues es una escritura que se mueve en términos más precisos, y sus lectores esperan que lo plasmado sea verosímil”.

Como estos autores, John Better justifica que sus escritos (otras de sus obras son Locas de la Felicidad y China White: los cantos oscuros de Sioux Vidal) no son solo para satisfacer sus propias necesidades de aburrimiento, desahogo, rabia, entre otros… Sino también para ceder a la belleza del mundo y analizar perspectivas que ayuden a otros. “Existe la posibilidad de imaginarse una vida ajena a la tuya y variar con el mundo convencional en las diferentes formas de amar, pero para eso hay que entenderlas”, puntualiza.

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