La casa de los insectos

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Cuatro paredes y tres mesas alargadas. Al fondo un salón en el que se encuentran unos 6 escaparates con 20 pisos de gavetas cada uno. Sobre unos estantes está la colección de muestra: escarabajos, moscas, arañas, mariposas, abejas, avispas, la mítica Machaca –dicen que si lo pica debe tener sexo o de lo contrario morirá, un mito sin sustento científico – y muchos otros. Así es el laboratorio de entomología de la Universidad de Caldas, ubicado en el segundo piso de la Facultad de Veterinaria.

Desde 1959 han reunido unos 500.000 insectos que guardan en muestrarios de madera con bolitas de alcanfor,  “insectoteca” con referencias por especie y género que también se encuentra en internet.

Los insectos tienen 3 pares de patas, los arácnidos 4 pares, nos explica el doctor en entomología Alberto Soto Giraldo. En este laboratorio estudian la biodiversidad colombiana, que, según el Sistema de Información Biológica (SIB) cuenta con más de 65.000 especies de insectos y casi 1.400 arácnidos. Esto no solo quiere decir que en sus jardines o patios hay muchos “animales bonitos” sino que hay una mina de oro por descubrir.

Algunos pueden hacer parte de las pesadillas de los niños, otros acompañaban el tren bananero de Gabo; algunas aparecen con plumajes y otras tienen formas de animales en sus alas para protegerse de sus depredadores, pero todos sirven para algo.

La Trigonospila

Hace 10 años a Soto Giraldo se le apareció la virgen, encontró una nueva especie, la Trigonospila unicaldasi, una mosca diminuta con algunos pelos negros que sobresalen de su cuerpo, patas largas y ojos muy grandes para su pequeña cabeza. Este insecto tiene un servicio ecológico: controla el picudo, un cucarrón que en su adultez se come las hojas de los cítricos y en su estado de larva las raíces, lo que afecta el tercer cultivo permanente más común en Caldas según el Ministerio de Industria y Comercio.

La Trigonospila –mucho más pequeño en tamaño-  pone sus huevos en el cuello del picudo, el cual es blanco y unas  líneas verdosas atraviesan su cuerpo. La mosca bebé o larva empieza a comérselo por dentro y finalmente lo decapita.

“Estaba en Estados Unidos en un congreso y un profesor de la Universidad de Florida se me acercó y me contó que estaban buscando un insecto que controlara la plaga del picudo y él mandó 1.000 dólares para buscarlo, a ver si de pronto se nos aparecía la virgen, y así fue”, cuenta Soto Giraldo, quien también es agrónomo de la U. de Caldas.

En la finca Tesorito se fue con un grupo de estudiantes a buscar y encontró esta mosca, la envío a Estados Unidos, le respondieron que nadie nunca la había visto. Llegó a manos de un experto en Canadá y confirmó la sospecha, era una nueva especie para el mundo.

A insectos como la Trigonospila se les conoce como biocontroladores, es decir, avispas, moscas, escarabajos que controlan las plagas de manera natural, sin químicos, sin pesticidas sin pérdida de biodiversidad. “La naturaleza da todo lo necesario, solo debemos conocerlo y aprender a utilizarlo”, comenta Soto.

Hogar de los insectos
Foto por Carlos Urrego Zuluaga/ Hogar de los insectos

Donde había marihuana ahora hay ciencia

Un día Soto estaba recogiendo insectos al lado del Jardín Botánico de la U. de Caldas y vio una nube de humo blanco y un grupo de estudiantes, estaban fumando marihuana.

“Uno de los estudiantes de agronomía me saludó y le dije `eh hermano, ustedes por qué no invitan al profesor porque esto huele mucho a marihuana.

Hablé con el rector y le dije que ese espacio estaba interesante para hacer un criadero de insectos. Me dijeron que no había plata, entonces empecé a ir por todas las dependencias a que me regalaran tejas, hasta que fui armando el centro y ya con lo de la Trigonospila me dieron apoyo”.

Ahí nació el Centro de Investigación y Cría de Enemigos Naturales que queda después de las cafeterías de la Tía y la Mona. Parece más una pequeña finca cafetera que un centro de ciencia. El logo tiene una abeja, un saltamontes y la mosca que descubrieron Soto y su grupo.

Al ingresar se encuentran varias hileras de unos cuadrados de madera cubiertos por pequeñas telas más o menos transparentes, allí nacen, crecen, se reproducen, mueren y se estudian plagas y sus posibles biocontroladores. Ahora trabajan con varias empresas y entidades del Estado para identificar y enseñarle a los empresarios del campo las posibilidades que tienen ahí mismo, al lado de sus cultivos.

Foto tomada por Carlos Urrego Zuluaga/ Mariposas en los muestrarios del laboratorio.

Otro insecto

Ana María Restrepo García es agrónoma y trabaja en el laboratorio, ahora desarrolla un proyecto para controlar la diaphorina citri, un insecto del orden de los hemípteros, así como las cigarras o los chinches, que tienen como característica chupar sangre o fluidos de otros animales. Es importante porque porta un hongo que no tiene cura y destruye los cítricos.

“La planta se muere a los dos años y los síntomas toman 6 meses para identificarlos y su control es difícil y recientemente llegó al país. Estamos controlando el insecto vector, la diaphorina, con dos avispas que se alimentan de la plaga”. Ambas avispas están en análisis, una podría ser una nueva especie porque es la primera vez que se reporta en Colombia, el tiempo lo dirá.

Colombia es un país agrícola, así algunos quieran convertirlo en petrolero, durante el 2017 el campo empujó el Producto Interno Bruto (PIB) nacional con un crecimiento del 4.9%, mucho mayor que el promedio nacional, que fue del 1.8%, esto según datos del Ministerio de Agricultura. Por tal motivo, Soto y el grupo de investigación del Centro tienen claro que utilizar químicos para controlar las plagas los mata a todos, a las plagas pero también a los biocontroladores, lo que afecta la producción, la biodiversidad y al final la vida misma.

Como se afirma en el artículo El impacto de la exposición a plaguicidas sobre la incidencia de cáncer de mama de Carolina Santamaría: “La exposición a plaguicidas también tuvo una relación positiva y significativa con el cáncer de mama en las regiones agrícolas y rurales del país (Costa Rica)”. Como esta, muchas otras investigaciones han encontrado indicios y posibles relaciones entre el cáncer y los pesticidas y herbicidas, por eso Alberto y Ana están completamente seguros que el uso de biocontroladores es más barato –aunque necesite más paciencia para ver resultados- y más seguro para la salud.

 

*Foto de portada por Carlos Urrego Zuluaga

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