Una casa de la memoria del conflicto para Caldas

Aguadas

La sensación de levitar por los pasillos que recorren el Museo de Louvre de París seguro no guarda parentesco con la de migrar de una pieza a otra en el Museo Casa de la Memoria de Medellín o en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá. Acercarse al clímax del coleccionismo al ver a La Gioconda de Leonardo Da Vinci o a la Venus de Alejandro de Antioquía, difiere de transitar por espacios en los que se escuchan voces de víctimas y testigos de la violencia colombiana.

Colombia, luego de más de cincuenta años de padecer la guerra entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), empezó a mostrar su resiliencia y emprendió un camino para la construcción de memoria. Muestra de ello es el trabajo de la escultora Doris Salcedo, quien ha configurado, a través del arte, una visión de la política y la violencia que el país ha vivido. En julio pasado preinauguró su obra Fragmentos, que hace parte de tres piezas pactadas en el Acuerdo de Paz. En ella, Salcedo enfatiza una postura contra monumento, es decir, que funciona como un mecanismo para recordar, no para admirar, lo que la llevó a fundir una parte de las armas de las Farc para crear unas placas que hoy reposan cerca de la Casa de Nariño en Bogotá.

Por otro lado, el país ha creado recintos y otros espacios para rescatar del olvido los hechos atroces que hacen parte de su historia. Hoy, la Red Colombiana de Lugares de Memoria cuenta con 28 sitios distribuidos en departamentos como Antioquia, Bolívar, Meta y Valle del Cauca. Caldas, a pesar de haber vivido la guerra, no figura en la lista.

Este vacío cuando se habla de la memoria del conflicto parte, en principio, de la falta de registro y comunicación de los acontecimientos que han puesto en juego a víctimas y victimarios en esta zona cafetera. El Centro Nacional de Memoria Histórica, el Centro de Estudios sobre Conflicto, Violencia y Convivencia Social (Cedat) y Rutas del Conflicto son algunos de los proyectos y grupos de trabajo que han documentado las barbaries que han sucedido en Caldas, pero todavía hay un amplio volumen de información desconocida.

El poco capital de datos organizados sobre el conflicto significa un obstáculo para la construcción de la memoria y aun así no ha sido impedimento para trabajar con el material que se encuentra disponible. En octubre de 2017, por ejemplo, se realizó la museografía Abre las puertas de la memoria con el objetivo de visibilizar y reconocer a 21 víctimas de crímenes de Estado en Caldas.

Andrés Calle Noreña, antropólogo y docente de la Universidad de Manizales, al referirse al caso hipotético de crear un sitio destinado a la memoria del conflicto armado en Caldas, dijo que este tendría que “mantenerse con una actitud viva que pueda ir incorporando cosas nuevas” y no quedarse solo en el pasado.

Entonces, ¿Caldas necesita un museo de la memoria para no dejar su pasado en el olvido?

La museóloga y arqueóloga María Cristina Moreno Moreno explicó que podría ser más adecuada la construcción de un centro cultural ya que este, a diferencia de los museos, tiene menos responsabilidades en cuanto a requerimientos físicos, presupuesto, planta de personal y mantenimiento. Además, expresó que un centro cultural muchas veces hace exposiciones, pero “no se queda con las obras”, lo cual favorecería la dinámica cambiante mencionada por Calle.

La responsabilidad y la toma de decisión sobre el tipo de recinto que podría suplir las necesidades patrimoniales y culturales del Departamento no son los únicos ejes que generan preguntas. ¿Cuál sería el papel del arte en un espacio como ese?

El artista, arquitecto y fotógrafo Sergio Gómez Zuluaga, quien expuso su obra Geografías de la verdad en el Museo Casa de la Memoria de Medellín, destacó que el arte debería entenderse “como una forma de producir conocimiento”, pero es un proceso paso a paso que requiere rigurosidad. Óscar Fernando Martínez Herrera, antropólogo y coordinador del Observatorio de Violencia y Paz de la Universidad Católica de Manizales, hizo hincapié en la necesidad de saldar la deuda política y académica en relación con la investigación del conflicto para luego proceder a la materialización. Con esa primera etapa lista, dijo él, se pueden “empezar a configurar escenarios de reflexión sobre el impacto de lo que sucedió y de los nuevos conflictos que están emergiendo”.

En la etapa de realización, según Gómez Zuluaga, la decisión de mostrar o no mostrar obedece al tipo de arte que se esté haciendo porque “todos los límites son valiosos de explorar”. Gómez coincidió con Moreno en que las cosas se pueden exhibir dependiendo del contexto que las acompañe.

La periodista Mariela Márquez Quintero defiende la importancia de sentar frente a frente a víctimas y victimarios para hacer un ejercicio de conocimiento y reconocimiento de las historias de los otros.

¿Qué hay ahora?

Caldas tiene el Centro Cultural Banco de la República, el Centro Cultural Rogelio Salmona y las Casas de la Cultura. Estos espacios realizan exposiciones, pero ninguno tiene un enfoque específico en el conflicto. ¿En dónde se guardará la memoria del Departamento cuando se le encuentre por completo? Márquez explicó que uno de los obstáculos es la falta de apoyo, ya que “todo acto simbólico que se pueda hacer, por más pequeño que sea, requiere de unos recursos”. Eso sin contar que, como dijo ella, “el papel de los periodistas en los centros de memoria histórica ha sido desconocido” y eso impide que se transmita la información a las generaciones más jóvenes.

Por ahora permanece la complejidad de un interrogante sobre la memoria que no se sabe si terminará en el olvido o tendrá una respuesta en un tiempo definido.

Una Casa de la memoria

Página indagó sobre la importancia de que Caldas también tenga su museo o casa de la memoria; además varias personas, propusieron objetos o situaciones que debería tener esa casa de nuestra memoria.

 

Obra: Dibujo de mi hija

Proponente: Gladys Blandón, habitante de Montebonito Marulanda.

“Este dibujo lo hizo mi hija, la casa de color naranja se está incendiando. Estamos el papá, los hermanos y yo, también los helicópteros que llegaron a salvarnos”. Además dibujó a personas disparándose, y a un bebé fuera de su cuna.

La escena real ocurrió el 4 de marzo del 2006 en el corregimiento Montebonito (Marulanda) cuando las Farc atacaron al pueblo. Una granada mató dentro de su casa a la señora María Dora Martínez, a su hijo José Luis Valencia (21 años) y a su nieto Carlos Eduardo (de 7 meses). En el cruce de disparos murieron el patrullero Melvin Giraldo Manco y un guerrillero. Siete civiles y tres policías quedaron heridos, 10 propiedades fueron incendiadas.

 

 Obra: Afiche de Karina

Proponente: Juan Diego Valencia Arcila, ciudadano.

“Recuerdo cuando llegó a Montebonito (Marulanda) el afiche de se busca de Karina, la guerrillera. Yo lo tuve en mi oficina durante mucho tiempo”. Esta sería la pieza que Valencia daría al museo.

 

 

 

 Obra: Canción para El Congal

Proponente: Laura Isabel Ramírez Ocampo. Cantautora. Estudiante de Artes Plásticas.

“Tuve un reto muy bonito de hacer una canción para la vereda El Congal, que estuvo bien afectada por el conflicto entre paramilitares y guerrilleros hace un tiempo, en Samaná”.

 

 

 

 

 

 Obras: Muñeca

Proponente: Juan David Galvis Aristizábal, estudiante.

*Foto tomada por Maria Camila Tamayo

El 4 de marzo de 2006, 150 guerrilleros se tomaron el corregimiento de Montebonito (Marulanda). Asesinaron cuatro personas, entre ellos un bebé de diez meses. Quemaron muchas casas, como la mitad. Muchos niños sufrieron… Yo pondría una muñeca con la cara lastimada y con un brazo o un pie cortado”.

 

 

 Obra: Sala para víctimas y victimarios

*Foto tomada por Maria Camila Tamayo

 

Proponentes: Mariela Márquez Quintero, periodista; y Óscar Fernando Martínez Herrera, antropólogo y coordinador del Observatorio de Violencia y Paz de la Universidad Católica de Manizales.

Mariela: “Le pondría a ese centro cultural una sala para víctimas y victimarios, que ambos se sienten a contar sus historias y a reconciliar”.

Óscar Fernando: “Pensaría un escenario en el que tanto las víctimas como las personas reincorporadas de la guerra y quienes han estado en diferentes momentos en el marco del conflicto, puedan expresarse y hacer una especie de duelo sobre este tema”.

 

 Obra: La olla

*Foto tomada por Maria Camila Tamayo

Proponente: Gloria G. P. Desplazada de una vereda de Marquetalia (Caldas).

“Cuando salí cargué con mis dos hijos, un costal con ropa y mi olla. Mi esposo cargó con el radio, un televisor pequeñito, unas cosas de él y como con 10 mil pesos, ah y el perro, el perrito se nos murió semanas después. Me arrecuerdo que mi esposo me decía que me apurara porque nos tocaba echar pata para llegar al pueblo y la olla, como la llevaba como una cartera, en el brazo, me golpeaba y mi esposo decía: ´vos si sos boba, dejá esa olla´. Y yo le decía no, que cómo se le ocurría que iba a dejar la ollita de mi mamá”.

 

 

Obra: La mano                              

Proponente: Texto de la revista Soho.

La guerra ha dejado en Colombia más de 10.000 amputados en los últimos 15 años. El caso más polémico ocurrió en el 2008, cuando el guerrillero Pablo Montoya asesinó a su superior Iván Ríos para cobrar una recompensa millonaria. Soho escribió 2013: “La noche del jueves 6 de marzo de 2008, en algún punto boscoso de la vereda Albania, del municipio de Aguadas, al norte del departamento de Caldas, Pedro Pablo Montoya Cortés, alias Rojas, miembro del frente 47 de las Farc, puso en marcha el plan que tenía en mente desde algunos días atrás: dar de baja a alias Iván Ríos, uno de los hombres más poderosos del Alto Mando Central de ese grupo guerrillero. Antes de partir y abandonar el cadáver del que fue su jefe, tomó el cuerpo, le extendió el brazo derecho y le cortó la mano con un mach

 Obra: Gafas Orlando

Proponente :  Alejandro Higuita, docente

“Orlando Sierra, periodista y editor de La Patria denunció en las páginas de este diario la relación entre la clase política de Caldas con los grupos militares. Denunció a Ferney Tapasco. Eso provocó que ordenara su asesinato en febrero del 2002.

 

 

 Obra: Gorra paramilitar

Proponente: Andrés Calle, docente

Sí la toalla de Tirofijo está en un museo, Calle propone la gorra de de Iván Roberto Duque, alias Ernesto Báez, líder paramilitar de Caldas. Una gorra que es de mando y rango, con connotación machista. Báez hizo mucho daño fue alcalde de la Merced  y es abogado de la Universidad de Caldas. Su alias es un homenaje (quién lo creyera)  al comunista Ernesto- Che- Guevara.

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