Se debe educar para la paz, dijo  Florentino Moreno

Caldas UMCentral

En el post-conflicto la educación de los niños tiene que estar orientada fundamentalmente para que no repitan la guerra. Esta formación debe estar dirigida a todos los niños, no solamente a quienes han vivido directamente la violencia. “La educación para la paz debe estar incorporada en todo el proceso educativo, debe ser trasversal a todas las asignaturas, es decir, es importantísimo aprender a gestionar los conflictos desde la infancia, aprender a no imponer y a siempre dialogar, ya que en gran parte las guerras tienen que ver con que nosotros nos socializamos para ella”, sostuvo Florentino Moreno Martín, quien estuvo presente en la III Bienal Latinoamericana y Caribeña de Infancias y Juventudes, que se realizó en Manizales entre el 30 de julio y el 3 de agosto pasado.

Moreno, profesor titular de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, concluyó que la educación debe estar orientada hacia “la posibilidad de dialogar y confrontar, sin necesidad de matarse unos a otros”.

Página entrevistó a Moreno y esto respondió:

 

¿Un conflicto armado cómo afecta el desarrollo de los niños?

Para ver cómo le afecta a un menor la guerra, un elemento importante son los estresores (desencadenante o factores de estrés) a los que ha estado sometido. No es lo mismo un niño que haya estado en una zona de guerra constante a otro que la haya vivido en Bogotá, donde no existen esos combates. Hay otros elementos como las condiciones en las que ha vivido ese menor: si ha sido desplazado o si ha tenido pérdidas (componente central y básico) de un familiar o de alguna parte de su cuerpo que pueden generar trastornos psicológicos, y que algunos son lógicos, como tristeza profunda, ansiedad y otros que hemos comprobado a lo largo de la recientes investigaciones que tienen que ver con dificultades en el desarrollo.

¿Cómo sería la adaptación de los niños después de la guerra?

Hay 2 formas: la primera es profesionalizar la atención a los niños, haciendo tratamientos específicos, terapias y demás. La otra es la que yo hago, se trata de la normalización. La mejor forma de atender a niños, por ejemplo desplazados -que van a una ciudad que no es la suya o que vuelven a ella después de los acuerdos de paz-, es facilitar las condiciones objetivas para su normalización, es decir, que pueden estudiar, tener becas, incorporarse al mundo del trabajo y, además, posibilitarles lugares donde puedan hablar y establecer contacto con los otros jóvenes; pero no se les puede imponer un proceso de estigmatización de trabajo como si fueran menores discapacitados. Esta forma no excluye que haya un trabajo de amor más profesional, más psicológico a niños que probablemente requieran una atención especializada, pero eso tiene que ser una consecuencia posterior al trabajo de normalización.

 ¿Cómo se puede remediar los daños que la guerra ha provocado en los niños?

Lo más normalizado posible, que se integren a su comunidad, que desarrollen sus estudios. Lo habitual es que en un tiempo razonable de 2 años aproximadamente se superen, en su gran parte, esos procesos traumáticos. Lo que no se debe hacer, en algunos casos, son las terapias de modificación de conducta o de cambio de parámetros, sino trabajar el duelo ya que éste es el elemento central. En los casos un poco más complicados se tiene que ayudar más a estos menores a acostumbrarse a vivir sin la persona o sin el miembro de su cuerpo que han perdido.

¿Qué tratamiento dar a los jóvenes que portaron armas?

En el ámbito de la adolescencia hay que establecer un equilibrio entre asumir  responsabilidades con lo que han hecho y él no cargar sobre menores de edad una culpa que no es directamente de ellos. En ocasiones, cuando se trabaja con victimarios juveniles o adolescentes, se tiende a no responsabilizarlos. Es cierto que se les debe dar mucho afecto, generar confianza de hablar, pero debe ir acompañado de una habilidad, no digo del arrepentimiento, ni de la culpa, ni de cuestionamientos que tienen que ver con criterios morales o religiosos, sino con que asuman responsabilidades, ya que tienen que darse cuenta de que esos hechos no se pueden volver a repetir.

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