Jóvenes incididos por la necropolítica

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El cuerpo es en esencia parte del todo de un individuo, y de manera paulatina ha sido dejado a la deriva, sin respaldo ni apoyo, reprimido bajo la normatividad y las instituciones que de manera indirecta las rigen. Un “… cuerpo a la deriva es lo que a diario se vive en nuestro territorio, aquellos cuerpos que inician su jornada muy temprano, sin avistarse la luz del día para ir a enterrarse vivos a esos socavones en busca del sustento diario para sus familias…”, así lo explica Rútber Suárez Quintero en su informe  Marmato… las cargas del cuerpo minado (que integra la investigación Los que van a morir te saludan (volumen II).

 

Necropolítica y juvenicidio

Para estudiar el asunto los investigadores se apoyan de dos conceptos nuevos en Latinoamérica. Estos son necropolítica: concepto del filósofo Achille Mbembe para referirse a la política basada en la idea de que para el poder unas vidas tienen más valor que otras. “No es tanto matar a los que no sirven al poder sino dejarles morir, crear políticas en las que se van muriendo”, sostiene la biopolítica Clara Valverde Gefaell (www.rebelion.org/); y juvenicidio, que para José Manuel Valenzuela Arce (doctor en Ciencias Sociales) es el asesinato sistemático de la población joven, en la acción pueden participar elementos institucionales.

En la III Bienal de Infancias y Juventudes quedó claro que el juvenicidio es una de las consecuencias de la necropolítica en nuestra sociedad. Esto quiere decir que los jóvenes que existen en las cárceles, que trabajan sin protección en minas o que escudriñan las basuras buscando algo para comer, están muertos en vida, y sus cuerpos terminaron siendo dispuestos sin su consentimiento.

Jaime Pineda Muñoz (doctor en Ciencias sociales, niñez y juventud) en el prólogo de la investigación Los que van a morir te saludan, afirma que “en Colombia los jóvenes mueren de muchas maneras. La muerte física, el asesinato sistemático y la violencia visible nos arroja a un primer paisaje y a su vez a una primera estancia necropolítica”; complementa que hay otras formas de muerte que serían “menos visibles y más estructurales”.

Es en este tipo de asesinatos poco visibles en donde nace el juvenicidio y en el que se presenta el poder estatal como juez y verdugo. Son los jóvenes que rompen las reglas, que grafitean, que no tienen con qué comer y roban, los que no creen y gritan, los que al final, encerrados en sus propios cuerpos, mueren de manera silenciosa.  Fernanda Mora Moreno lo explica así en su tesis Juvenicidio y re-existencia de los jóvenes afrocolombianos en Armenia-Quindío: La experiencia de Benkunafru: Sus manifestaciones poseen formas no homogéneas; en ocasiones son silenciosas, pasivas, decadentes.

Es este proceso silencioso reside la esencia de la afectación directa a lo corporal. Marisel Toro López y Yamid Serna Zapata en su capítulo Encierro… las huellas del cuerpo afectado, de la investigación Los que van a morir te saludan, exponen que cualquier afectación hacia la persona es un sufrimiento corporal, porque la persona reside en un cuerpo tangible, y por más que quiera, siempre será afectado. Desde aquí empezamos a identificar el proceso de intervención que tiene el juvenicidio en la corporalidad, que termina transgrediendo a su ser, a la parte más profunda donde nacen las expresiones narrativas, artísticas, o en donde nace lo humano.

Cuerpos ultrajado por el abandono y el olvido
Foto por Katherine Juliette García

 

Experiencias narrativas

En la Bienal se narraron historias de quienes claman por ayuda. Debajo de los cuerpos ya inertes, se encuentran voces de aliento. Llamados desesperados y supervivientes de su propio cuerpo, que re-existen y hacen re-existir su propia sensibilidad. Música, compañía, artesanías, etcétera. Estrategias que terminan alimentando un cuerpo desahuciado, y que ya no clama por ayuda, ya que esta nunca llega.
Toro y Serna lo explican así: Esa condición de territorio y cuerpo dentro del encierro se desvaneció en un escenario donde la presencia del conocimiento exploró en cada cuerpo subjetividades para ir en busca de una sobrevivencia.

Pineda Muñoz y Claudia Morales Londoño (trabajadora social y estudiante de la maestría en Educación y Desarrollo Humano) en su artículo Vivir y morir en el decir: Narraciones después de la guerra” explican: “Podemos vivir desde el temor, desde la necesidad de contar, de narrar, de tener múltiples versiones de sí mismo, para poder vivir en el presente. Sin embargo, el vínculo con un yo fisurado y mutilado por la guerra tan solo es posible reconocerlo si se convierte en experiencia narrativa.”

Es en un proceso interior, propio e individual, en donde el cuerpo (-nuestra forma básica donde residimos-), encuentra una narrativa liberadora, que permite la construcción de la existencia, o en este caso, de la re-existencia, además de permitirle un escape de las instituciones y normas que rigen el cuerpo y le dicen cómo tiene que morir (necropolítica).

Estas investigaciones son en sí mismas historias de jóvenes que viven el día a día redescubriéndose, encontrando nuevas formas de enlace con su yo fragmentado, ya que en el pasado fueron presas de unas reglas opresoras, regidas bajo las instituciones que prefirieron dejarlos de lado, para que murieran en vida, hasta que cuerpo y vida dejarán de ser de ellos.

 

*Foto de portada por Katherine Juliette García

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