Un, dos, tres por la vereda Shangai

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En el ocaso de las seis de la tarde en Manizales, docenas de personas se aglutinan en las sillas de espera de la terminal de buses Los Cámbulos, ubicada al suroccidente de la capital de Caldas. De las 31 empresas de viajes que ofertan pasajes a los ciudadanos, tan solo Flota Occidental los tienen para Shangai, vereda perteneciente al municipio de Neira.

Después de unos 50 minutos de recorrido en bus  y 15 a pie, usted llegará al Portal de los Amigos, la estación de la vía Manizales – Medellín, que marca la entrada al lugar.

El arribo

Luego de llegar a este Portal, puede llamar a Francois, uno de los jóvenes de la vereda, quien lo recogerá en una moto modelo DSR 200, apropiada para trocha. Al comienzo se encuentran las casas de Martha, doña Fabiola y doña Rubialba, más arriba la de doña Soleiva, y en la punta, las de doña Carmen y doña Soel, quienes viven allí desde hace 30 años.

Las fincas

Las hay hechas con ladrillo y cemento, techo de guadua y esterilla, o cuando han podido ahorrar, con teja de zinc y piso de baldosa (o de tierra), paredes de tabla, techo de esterilla y en condiciones tales de escasez, que ni siquiera tienen servicio sanitario. Así viven en Shangai.

Para que el agua llegue al caserío, es necesario abrir la llave de un tanque puesto en la punta de la vereda; así, paulatinamente empieza a llegar el liquido desde las primeras casas hasta las que se ven cuando se entra al sendero de trocha. No es agua potable, y como las temperaturas oscilan entre los 35 y los 38 grados centígrados, los habitantes corren el riesgo de adquirir enfermedades al consumir el agua preparada en los alimentos.

El sustento de la gente que vive en el lugar proviene de la producción de panela y, de vez en cuando, de la crianza de cerdos, vacas y terneras. Hace alrededor de tres años, la minería ilegal ha tomado fuerza en veredas aledañas como El Bosque y el Bohío, a causa de la falta de oportunidades formativas y laborales, lo que ha incrementado un desinterés profesional en los jóvenes que participan en la actividad minera por la adquisición de recursos de manera prematura.

El despertar

Como de costumbre, el gallo canta a las 4:30 a.m., señal para poner a calentar los traguitos mañaneros y empezar el día con algo caliente en el estómago. Con coca en mano, hay que sacar el agua recogida del tanque o de la lluvia para cepillarse los dientes y bañarse antes de salir a cortar caña, en el caso de los hombres, o a trabajar el ganado, para las mujeres.

A pesar de que el panorama económico no sea muy alentador, en cada casa hay, como mínimo, limonada para las visitas, y cuando se puede, desayuno o almuerzo, según la hora.

Lo infaltable

Finca que se respete tiene pollos, gallinas, perros, gatos, piscos, cerdos o caballos, o todas las anteriores para subsistir, porque si se quedaran solo con las ganancias de la panela, a muchos les faltaría más de lo que les falta ahora.

 

El lado agrio de la panela

En la vereda hay cinco trapiches. María Ríos fundó uno de los más grandes en compañía de su fallecido esposo, Ismael Londoño. Sus hijos son Rubiela, Rubialba y Alejandro Ríos Londoño, todos herederos del trapiche M, marca de la panela en honor a doña María.

“Hace 50 años habían trapiches pa’ onde usted voltiara, los viernes que era el día de subir al trapiche solo se veía humo, porque desde los jueves estaban moliendo. Hoy, ya no”, dice Jesús María Betancur, esposo de Rubiela, quien de sus 68 años, no ha estudiado ninguno porque desde niño, los papás solo le enseñaron a trabajar.

Alejandro, quien lleva 20 de sus 32 años dedicado al procesamiento de la caña por tradición, hizo hasta segundo de primaria porque desde pequeño le gustó tener sus propios ingresos, “para rumbear como un verraco”, asegura.

Son cerca de 95.207 las personas que trabajan en el sector agropecuario caldense. La caña panelera ocupa el segundo lugar en producción agrícola con alrededor de 30 mil toneladas al año, después del café, que alcanza las 100 mil.

Los campesinos que no saben leer ni escribir y que según un estudio realizado por el DANE, en promedio, reciben un ingreso laboral de 594.869 pesos por trabajar el campo, (que si mucho, les rinde para subsistir), dependen de la actividad panelera que se ha acabado poco a poco.

 

¡A producir!

Don Jesús María narra el proceso de la producción de panela de la siguiente manera:

  1. Se debe cortar la caña, ojalá que cada tajo traiga grandes cantidades del vegetal. Se recoge y se entra a la enramada.
  2. Se prende un motor que tritura la caña y la convierte en guarapo, que es depositado en un tanque que tiene un filtro que acumula las impurezas del mismo. De allí, el sobrante de la caña ya seca es conocido como bagazo, que es utilizado para encender el horno productor.
  3. El guarapo pasa por un tubo hecho de guadua a otro tanque, donde comienza el proceso de cocción.
  4. Hay un horno que contiene seis pailas. De mayor a menor tamaño, las pailas 1 y 2 son “Las Guaraperas”; en este ciclo, la panela todavía es guarapo y presenta un color amarillento claro.
  5. De la tercer paila en adelante, el guarapo se convierte en miel, espesa y dorada, lista para pasar a la batea, donde se revuelve para que cuaje y enfríe.
  6. La cuasi panela se moldea con dos cocos en cada mano para, finalmente, ser ubicada por libras en una mesa y sellada con la M de María.
  7. Por último, le echan agua a las pailas y las dejan enfriar durante cuatro días, en los que recogen de nuevo la caña para recomenzar el ciclo. Se lavan los implementos y se dejan reposar.

“Ya no hay quién trabaje la panela”, “ya no hay quién muela con uno”, “como a la gente ya no le gusta trabajar esto, acaban las enramadas por sembrar pasto o irse a aguantar hambre a Manizales”, son algunos de los pensamientos de los campesinos paneleros, quienes inconformes con su labor, aún encuentran razones para arraigarse a esta, como don Jesús, quien sostiene que no deja de trabajar la caña porque allí tiene trabajito diario, o como Alejandro, quien entre risas responde que se queda en el trapiche porque puede tomar aguapanela a la hora que le dé la gana.

Hace 15 años, la paca de panela se vendía en 18 mil pesos; hoy se vende en 55 mil o incluso 60 mil, cuando el comprador es generoso. Actualmente, el trapiche de doña María vende la panela en el Kilómetro 41, corregimiento de Manizales, donde la compra Omar Rivera para revenderla en el corregimiento de Arauca, ubicado en el municipio de Palestina (Caldas).

El dilema de la mina

“En el campo es difícil que los muchachos estudien, ahora prefieren irse para la mina, aunque los maten”, con esto se refiere Rubialba, otra de las hijas de doña María, a la alta oferta laboral que brindan las minas en Neira, en las que a diario decenas de personas, especialmente jóvenes, arriesgan sus vidas por 50 mil pesos, cuando es el día de suerte.

En la mina extraen la tierra y la echan a la orilla del río para lavarla y sacarle el oro, si lo hay.

Para el descenso a la profundidad del suelo, se usa una cuerda llamada “pluma”, la cual es su único seguro, la fuerza del que se queda en la superficie y la sujeta con el minero amarrado que baja verticalmente cerca de 30 metros, para después cavar horizontalmente hasta 300 metros, como mínimo, debajo del río Cauca.

Juan Pablo Serna Castaño, geólogo especialista en explotación minera, confirma que los métodos de descenso hacia los niveles donde el oro se encuentra no son seguros, ya que no cuentan ni con una infraestructura de ingreso (como sostenimiento de paredes del inclinado), ni con métodos para bajar, mecanizados con líneas de vida; incluso, autorrescatadores, que funcionan como pipas de oxígeno. Tampoco tienen arnés, cascos, botas y gafas especiales.

Geológicamente, un río a los 30 metros no tiene en su lecho algo seguro. Esto genera filtraciones que arriesgan la vida de los mineros por inundaciones o derrumbes.

“Para hacer minería subterránea la prioridad es la vida humana, porque la producción y la extracción dependen de la mano de obra”, asevera el especialista.

Los animales y el descuido

“Un año que otro vienen de la Alcaldía de Neira a vacunar a los perros y gatos, pero de resto, nos tienen olvidados”, afirman los campesinos de Shangai.

Zorro, uno de los perros finqueros de la zona, que posterior a una pelea con otro canino resultó gravemente herido en su pata derecha e infectado en su ojo izquierdo, fue intervenido por sus dueños con baños de ramas; esto para e caso de la herida, y para la infección, “el santo remedio”: limón y azúcar. Porque como en la vereda difícilmente se asoma un veterinario, deben recurrir a la medicina tradicional.

Otros problemas 

El pantano que se genera en el trayecto ‘entrochado’ cuando llueve, la crisis del abastecimiento de agua, las insuficientes ganancias que dejan los criaderos de pollos y cerdos, además de que según los campesinos, necesitan “bastante animal pa’ que les dé”, y los trapiches, que tampoco dan abasto con las necesidades básicas de los pobladores, son impedimentos para el crecimiento económico en esta vereda escondida.

Y si de educación se trata, la única escuela tiene tres estudiantes, a pesar de su capacidad para 50. Ellos son Julio, Alberto y Jeidy, nietos de don Rubén Darío Galvis, alias “Rodrigo”, agricultor y panelero de 57 años, quien tampoco estudió, pero con su trabajo sostiene a una familia de ocho personas.  

 

Vea aquí el reportaje gráfico del proceso de la panela y el video sobre la vereda.

La dulzura del campo

 

 

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