Bandas estudiantiles, una alternativa social y educativa

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Con un presupuesto aproximado de 2.300 millones de pesos, repartidos en actividades, compra de instrumentos y salarios anuales para directores, se ven beneficiados alrededor de 2.800 niños y jóvenes que hacen parte de las 69 bandas estudiantiles que existen actualmente en el departamento de Caldas.

Este proyecto inició en 1980 con 14 agrupaciones musicales; en 1983 pasaron a ser 20 y, paulatinamente, esta cantidad fue creciendo hasta que en el año 2003 incrementó a 44 bandas, divididas en diferentes categorías como la básica, semi-sinfónica y sinfónica. Desde entonces, se convirtió en el primer programa departamental del país con más bandas estudiantiles que municipios.

El objetivo es optimizar la utilización del tiempo de los alumnos, ofreciéndoles un espacio en el cual pueden aprender y desarrollar su apreciación del arte y la estética, mientras van desarrollando una disciplina y adquiriendo el sentido de pertenencia por estas instituciones.

Un gran porcentaje de los egresados de las bandas de Caldas se encuentran ejerciendo profesionalmente en el exterior, como Federico Montes, imagen de Yamaha Brass para Colombia, o Juan Fernando Avendaño, ganador del segundo premio del concurso internacional de trompeta en el Brass Week de Lieksa, Finlandia en 2012. También ha logrado el primer premio de los concursos nacionales de trompeta: Eric Aubier, 2001 y Ciudad de Bogotá, 2005.

Otros ejercen como maestros en diferentes universidades o conservatorios de música alrededor del mundo; algunos pasan a ser la nueva generación de directores del mismo programa o de otras bandas del país. Ejemplo de ello son César Augusto Londoño García y Juan Sebastián Salazar Ramírez, exalumnos de la Banda Sinfónica de Villamaría.

Por último, muchos de ellos forman parte de orquestas como Grupo Niche y Matecaña, o grupos de música popular. Algunos ejemplos son Sergio Alejandro Alarcón, actual trompetista de la banda sonora de Jhon Alex Castaño, o Guillermo y Sebastián Ospina Cubides, vocalista y acordeonero, respectivamente, del conjunto Memo Ospina, el Rey del Despechonato.

 

Concursos

Cada año, el programa realiza un festival de bandas por cada categoría de las agrupaciones. Para este concurso se eligen tres integrantes del jurado con una ardua experiencia, personas que ejercen en áreas de la música y con la capacidad de evaluar los ítems que se califican: ajuste rítmico, afinación, interpretación y la calidad de sonido en timbre y color.

Aunque parece simple, no lo es; los integrantes ensayan de 10 a 15 horas en la semana (exceptuando los días vacacionales del calendario escolar). Todas las bandas están adscritas a la institución educativa a la que pertenecen sus instrumentistas. Este tiempo corresponde a un promedio de dos o tres horas diarias, pero se extiende hasta cinco o seis. En algunos colegios, permiten a sus integrantes faltar a clases convencionales un par de semanas para asistir a ensayos.

Esta dinámica genera más nivel para el concurso, dividido en tres rondas: una privada y dos en tarima al aire libre. Casi siempre se realiza en el parque principal del municipio donde se celebre. Como resultado, las tres primeras bandas ganan su cupo para participar en uno de los concursos nacionales que se celebran en el país. Su participación y viáticos son pagos por la Gobernación de Caldas.

Como explica el coordinador del programa, Carlos Eduardo Acevedo Ramírez, desde el 2016, las bandas que ganan en el concurso departamental no concursan al siguiente año en el mismo; con esta implementación se les da más oportunidad a las demás.

También señala la importancia que tiene la Ruta Infantil, una estrategia que él implementó en el programa para visitar las bandas del departamento, seleccionar las cinco mejores y darles la oportunidad de participar en el concurso nacional infantil. Antes, solo una banda del departamento asistía, ahora lo hacen cinco.

Debe resaltarse que la Gobernación de Caldas apoya y financia el programa, lo cual se evidencia en el pago de honorarios a directores y maestros, gastos necesarios en festivales, concursos departamentales o nacionales y salidas del país. A pesar de esto, no es suficiente, el mantenimiento las agrupaciones sin ánimo de lucro es costoso, por lo que las alcaldías de los municipios deben hacer sus aportes.

De otro lado, también es importante el papel de los padres de familia, quienes recurren a otros medios de financiación para ayudar con los materiales necesarios de los músicos, con ayuda del director respectivo, haciendo diferentes actividades lúdicas, rifas, entre otras.

El programa incluye aquellas bandas que pertenecen a colegios públicos; dos de ellos, la Institución Educativa Gerardo Arias Ramírez, de Villamaría, y el Instituto Neira, tienen incluido en sus títulos de grado, el énfasis en música, ya que en su malla curricular, música es una materia como cualquier otra, que reemplaza áreas como artística, informática e investigación. Allí los músicos se gradúan como bachilleres con énfasis en música.

Es preciso decir que los instrumentos con los que los jóvenes se forman como músicos no son de la mejor calidad ni están en el mejor estado; sin embargo, hay quienes aseguran que esto no impide que sean músicos de alto nivel; por el contrario, es uno de los motivos por los cuales se inspiran a luchar, porque “las dificultades solo ayudan a formar personas con más carácter y más echadas pa’ lante”, como lo afirma Coral Dayana Pérez, clarinetista de la Banda Sinfónica de Villamaría.

 

Este es un recuento de lo que ha sido esta banda a través de los años:

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