Galería: La nena de Munch tuvo un bebé

Fotografía UMCentral

Fotos: Ronald Álvarez

 

Pubertad (1895)-Edvard Munch

 

En 1913, en un estudio de París Marcel Duchamp puso una rueda sobre un butaco de cocina. Meses después, fue a parar en un museo. La obra: La Rueda, un ready-made. Con este, Duchamp sembraría, en el centro de la actividad artística mundial, una duda: ¿Qué es el arte?

Pregunta que antes había respondido con el problema técnico: el artista es un genio iluminado por Dios o las musas que tienen habilidades para recrear el mundo o “embellecerlo”. Así el arte, como manifestaba Immanuel Kant en su “cuarto juicio”, estaba abordado por la estética como una filosofía de la belleza o el estudio de esta.

Duchamp le dio un golpe al paradigma artístico haciéndole retirar el aura de divinidad que rodeaba a algunos artistas.

La pregunta no muere. Duchamp solo dinamitó las bases de lo que se pensaba artístico. Y como esta pregunta no ha sido respondida aún, más signos de interrogación entorno a ello fueron clavados el 7 de abril en el museo Óscar Naranjo del Centro Cultural y de Convenciones Teatro los Fundadores, en el marco de la versión 17 del Festival Internacional de la Imagen.

En este museo hay una muestra de seis artistas, todos italianos, que se titula “Lo Sguardo Italiano (La mirada italiana) 1968-2018, se cuestionan sobre el qué hacer artístico.

Al entrar a la sala, lo primero con lo que uno se topa es con la obra La ruota di Duchamp del artista Mario Sasso. Hace parte de la muestra de videoarte. Esta pieza, según explica Marco María Gazzano, curador de la exposición, “hace parte de las piezas fundamentales que reflejan la historia artística de nuestro país, así no sea la más popular”. Una historia donde convive el arte intermedial y el arte romano clásico, junto a las piezas fundacionales del renacimiento quatrccento y el cinquecento.

Y sí que contiene historia esta pieza de Sasso: es un juego constante de tensiones, dualidades que se comparten y repelen pero que también se exploran: muerte-vida, finitud-eternidad, juego-solemnidad.

Vemos pasar con la mayor soltura referencias a DaVinci, Cezanne, Bacon, Hockner, Van Gogh, entre otros. Es un video que gira. Un video que está compuesto de fragmentos de tiempo y de dilataciones del mismo. Vemos a una mujer que camina o se desliza sobre la rueda de Duchamp, el ready-made que habla sobre lo fútil (la rueda y la silla) en disputa con lo eterno (el giro eterno). Esta mujer, la polémica niña de Edvar Munch, desnuda y embarazada, ingresa y sale por la historia del arte. Se vuelve piezas de arte. Así, Sasso nos expone ante un arte discursivo, que versa sobre al arte al tiempo que es arte por sí mismo, que cuestiona y reta al espectador y sirve de bienvenida a los demás artistas.

En estos términos, quedamos expuestos ante el arte intermedia que propone Bartolomé Ferrando Colom, como una conjunción de artes y lenguajes que si bien  dos todos diferentes, actúan como una sola pieza. En Sasso tenemos pintura, intervención digital, música, poesía todo amalgamado en un video.

Allí, en ese mismo lugar, se congregan tres piezas sobre la velocidad de Antonio Poce, una sobre la intolerancia/tolerancia, de Federica Marangoni, otra sobre la sublimación de sentimientos y la idea sobre “los femenino” de Adriana Amodei; un par sobre lo aparentemente inconexo del arte fluxus (que nace de dadaísmo y congracia con lo absurdo), de la Fundación Bonotto y, al final del recorrido por 50 años de historia, tres piezas de Donato Piccolo que se cuestionan sobre el ser biológico y su integración en los ámbitos tecnológico.

Sí, la nena de Munch tuvo un hijo y usted lo puede ver en Manizales.

 

Mire la siguiente galería.

Lo Sguardo Italiano

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