Porque mi palabra también vale

Unidiario
Productora Ejecutiva de K4 FILMS

Me he sentido agredida varias veces por algún hombre en especial cuando tienen cierta posición de poder, creo que a la gran mayoría de mujeres nos ha sucedido. Cuando hablo de agresión no me refiero solo a la violencia sexual, sino también a la agresión emocional que a su vez es verbal y psicológica; aunque en algunas relaciones anteriores me sucedió y también he escuchado a otras mujeres pasar por la misma situación, no me había sentido tan afectada como esta última vez.

Es probable que con los años me valore más y no permita que otros me hagan daño, entonces me pregunto ¿Por qué está bien que un hombre insulte mi conocimiento y mi integridad?, afirmando aseveraciones como: “estás loca”, “no sabes diferenciar entre una cosa y la otra”, “tú distorsionas la realidad” o simplemente “si no me acuerdo, no sucedió”. ¿Acaso por ser mujer tiene menos valor mi palabra?

Estoy segura de que más de una vez hemos sido agredidas de esta manera, es tal la manipulación que consiguen hacerles creer que en realidad están “locas”. ¡No! No están “locas” y no está bien que nos degraden e insulten. Tenemos derecho a comunicar lo que nos duele, lo que no nos gusta, no debemos callar y mantenernos en un estado de sumisión por “el bien de la relación”.

Nos educaron con la frase “El hombre propone y la mujer dispone”. ¡Me repugna completamente! ¿Dónde quedo yo como mujer?, ¿Soy un objeto para ser elegible?, y si dispongo me pone en una posición de subordinación donde el sujeto que me propone puede hacer conmigo lo que le plazca, a tal punto que “le permito” agredirme porque cree que soy de su propiedad.

Es paradójico que seamos nosotras mismas partícipes del proceso de desacreditar a otra, cuando le dicen a una víctima de agresión sexual que ella lo permitió, que es su responsabilidad por vestirse o actuar de cierta manera, que lo provocó o simplemente que es un invento de ella. Porque para variar, tiene más valor la palabra de un hombre “íntegro” que la de una mujer. La educación sexual no debería ser únicamente para prevenir embarazos a temprana edad o enfermedades de transmisión sexual, sino para enseñarles a los hombres que un NO es un NO.

Dentro del conjunto de agresiones sexuales hay unos de menor gravedad que, en muchos casos, no se denuncian porque no parecen ser un delito o porque son cometidos por nuestra pareja, cualquier tipo de agresión, en el nivel que la califiquen, es una agresión y puede ocasionar daños irreversibles en el bienestar de la persona.

Es importante que las mujeres tengamos en cuenta nuestro derecho a decir NO, así estemos desnudas y en completo estado de embriaguez. Tampoco estamos en todos los sentidos para una relación consensuada, pero en muchos casos, los hombres nos hacen sentir que estábamos de acuerdo porque, evidentemente, no nos opusimos.

Es agresión también cuando tocan nuestras partes íntimas sin que lo hayamos permitido o si nuestra pareja intenta penetrarnos sin previa autorización, no necesariamente debe haber violencia física para que se incurra en una agresión. Así como los hombres a veces no tienen ganas, nosotras no siempre estamos “dispuestas”.

Entendamos el hecho de que ser su pareja no significa que tienen la posesión y el derecho sobre el cuerpo de una mujer para usarlo a su beneficio. Al final, solo nosotras sabemos cómo nos sentimos porque la vergüenza no nos permite ni siquiera reclamarle a nuestra pareja.

Con esto quiero hacer un llamado tanto a hombres como a mujeres para dejar de lastimarnos y de agredirnos, que dejen de usar mujeres como un objeto de masturbación. Si quieren sexo, díganlo, sean claros. Si les dicen que NO es NO, no necesitan comprar a una mujer con regalos, no tienen que adularla y mentirle para que abra las piernas.

Comunicación, claridad, honestidad y transparencia es lo que necesitamos para evitar más víctimas de una sociedad machista e indiferente ante el daño que causa.

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